Número mandan. Y el Sevilla, que venía apuntando desde el inicio de la temporada, cuando humilló al Barça en la Supercopa de Europa (o, mejor, desde finales de la anterior, cuando ganó la UEFA), ya está en la cima de la clasificación liguera. Bien es verdad que con un partido jugado más que los azulgrana -por la disputa del Mundial en la que pegaron el petardo en la finalísima-, pero por el momento ya no hay quien quite a los de Juande Ramos la gloria de ser líderes con casi la mitad de la competición ya disputada, lo que les hace también de manera oficial serios aspirantes al título. De modo que, el equipo que, junto a los de Rijkaard, mejor juega a este deporte actualmente en España halla sus frutos.
Y, además, obliga al Barcelona a ganar obligatoriamente el partido aplazado ante el Betis, que no se celebrará hasta dentro de un mes, si quiere recuperar el puesto de líder. Ha sido lo más noticioso de esta decimoquinta jornada, que ya empalma con la siguiente a partir de este martes, aunque sin olvidar que el Madrid, muy a la italiana, con efectividad 'capelliana', se impuso al Espanyol y vuelve a la pomada de esa pelea por el campeonato. El resto de resultados fueron más o menos normales, sin especial noticia, salvo una.
El notición positivo que para los donostiarras significó que, al fin, ganaran un partido. Con el valor añadido que fue ante otro rival para evitar el descenso, el Nástic, al que le traspasa el farolillo rojo. No es suficiente para la Real Sociedad, aún muy lejos en puntos de la salvación, pero sí era necesario como moral. Y, antes de valorar el notición negativo de la jornada a nivel mundial -la derrota azulgrana a este nivel planetario- también insistimos en la cuestión moral: la que toma, de cara al futuro, el mejor de la clasificación: el 'Supersevilla'.
Y pasando a la tristeza, barcelonista y española -porque representaba nuestro fútbol- por perder el Mundial, es también justo y necesario que forma parte de la grandeza del deporte rey: no siempre gana el que mejor juega. Por eso las incertidumbres dan emoción a partidos en los que hay una manifiesta superioridad de uno de los dos conjuntos. Como aconteció, con Barça e Internacional de Portoalegre, en esta finalísima, ganada por los brasileños que jugaron a la contra y dejando el espectáculo par los azulgrana, pero con mucha inteligencia. Si atendemos a los méritos futboleros de cada uno de los equipos, el Barça, a pesar de su comportamiento espeso, desperdiciando algunas ocasiones claras de gol, amén de un clarísimo penalti sobre Ronaldinho, fue mejor. Pero no se trataba de eso, sino de meter la bolita en la meta contraria. Y eso lo hizo el Internacional, por lo que ganó este título que parece estar maldito para los barcelonistas, que también pegaron el petardo en Japón hace 14 años con el ‘dreamrteam’ de Cruyff.
La verdad es que para los amantes del fútbol, lo justo e incluso lo necesario era que el equipo que mejor lo juega en el mundo oficialiazara tal cualidad ganando el torneo, pero no basta con ello. Y ahí ha podido estar la clave del segundo fiasco de los azulgrana fuera de sus fronteras este año, porque es la segunda final consecutiva que pierden: el Sevilla les pasó por encima y les humilló en la Supercopa de Europa (0-3), y ahora los brasileños de Portoalegre, sin ser mejores, han acertado en lo fundamental: el gol. Pero, como ya se indicó tras la paliza sevillana, todo indica que a muchos jugadores del Barça, desde Ronaldinho a Márquez, desde Valdez a Deco, empieza a faltarles hambre de triunfos, y se limitan a afrontar los partidos al tran tran, convencidos de su superioridad técnica, pero sin dejarse toda la carne en el asador.
Porque al margen de justicias y moralejas; al margen del espectáculo a que están obligados los artistas del balón, es indudable que en el fútbol profesional es justo y necesario entregarse a tope en el terreno de juego, sudar al máximo la camiseta para que esa superioridad técnica e incluso táctica se refleje en el marcador. O sea, algo similar a lo que le pasaba al Madrid los tres últimos años, cuando con la mejor plantilla y con los más galácticos, se dejaba ganar muchos partidos a base de fuerza y bemoles de sus rivales domésticos.