
A estas alturas sobran videos para demostrar, hemeroteca en mano, que el PP y Mariano Rajoy mienten como bellacos en el tema del proceso para acabar con el terrorismo etarra. Su obsceno aprovechamiento y utilización de las víctimas del terrorismo lo dice todo sobre la catadura moral de unos dirigentes políticos que supeditan todo, incluido elementos esenciales de las reglas del juego democrático, con tal de arañar un puñado de votos.
En ese marco no es de extrañar la tramposa tribuna del diputado por Cantabria José María Lasalle, que va para tres años ausente de la región si se exceptúan sus artículos periodísticos. Lasalle arremete contra el presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, por no haber acudido a la manifestación de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, celebrada este fin de semana en Madrid.
Lasalle acusa a Revilla de incoherencia y no ser solidario con las víctimas. Una mentira más que añadir a la montaña de falsedades utilizada por los populares para hacer demagogia y oportunismo electoralista. La postura del presidente del Gobierno de Cantabria sobre el terrorismo y el diálogo de paz es suficientemente conocida.
Se trata de una condena firme de todo acto terrorista y de una actitud respetuosa con la actuación el Ejecutivo --al igual que con el PP cuando negoció con la banda--, preservando en todo momento los derechos morales de las víctimas. Así lo ha expresado en todo momento Revilla, aunque su última presencia en un acto convocado por la AVT fuera aprovechada por el PP local para abuchearle. A lo mejor lo que pretende Lasalle es que Revilla se ponga de nuevo a tiro de bronca.
Ya le ocurrió a José Bono, agredido e insultado por acudir a una marcha que todavía era contra ETA. Y digo todavía, porque las ultimas manifestaciones de la asociación mayoritaria de las víctimas, abusivamente instrumentada por el PP, no son de condena del terrorismo, sino para atacar al Gobierno de Zapatero, en una clara utilización partidista del dolor. Es por eso que el PP está solo en esas marchas que no son por la paz y la defensa de las víctimas, sino un elemento más de la guerra sucia contra el Gobierno legítimo de España.