Se veía venir desde el proceso de sucesión de Xabier Arzalluz, y ha llegado. En el seno del PNV se olía el revanchismo después que de Josu Jon Imaz ganase de forma ajustada a Joseba Egibar en el proceso interno que debía arrojar al hombre que relevase al clásico Arzalluz: las envidias se mostraban a través de foros de Internet y reuniones privadas, los reproches cada vez subían más de tono y ha bastado que se acerquen unas elecciones para que el navajeo haya alcanzado tintes verdaderamente preocupantes. El caso de Jon Jauregi, candidato a presidir la Diputación de Gipuzkoa, ha puesto a los sectores del PNV, a los afines a Imaz y Egibar, frente a frente y con ganas de revancha.
Todo comenzó el lunes 19 de febrero, cuando una radio publicó que Jauregi había ocultado dos viviendas de su propiedad a la hacienda gipuzkoana, además de haber incrementado notablemente su patrimonio personal en los últimos tres años debido a inversiones inmobiliarias. Jauregi es una persona afín a Egibar, y fue designado para sustituir a Joxe Juan González de Txabarri, discreto gestor de la línea Imaz, en una operación que sonó claramente a venganza política.
Desde entonces, elementos cercanos a Txabarri, que aún controla la Diputación y, por tanto, la hacienda foral, elaboraron un dossier sobre las ganancias y propiedades de Jauregi para desacreditarle. Ese documento obraba en buena parte de los medios de comunicación vascos, hasta que la SER decidió sacarlo de forma novelada, presentando el presunto fraude como un caso que afectaba directamente a Egibar.
En la pugna interna del PNV entre Imaz y Egibar subyace también una forma de ver la política y, por tanto, de encarar las relaciones con Madrid. Mientras Imaz ha sido fiel escudero de Zapatero en el proceso de paz y aboga por alcanzar acuerdos con los socialistas para facilitar la gestión de las instituciones vascas, Egibar y los suyos apuestan por exigir más a Madrid y buscar un esquema de suma de fuerzas políticas proclives al derecho a decidir del pueblo vasco. Son dos concepciones de la política, alejadas por resquemores personales. Imaz ganó el proceso interno por un sólo voto en las asambleas de Navarra, territorio que a la postre deshizo el empate (Álava y Gipuzkoa estuvieron con Egibar, Bizkaia, Iparralde y Navarra por un voto con Imaz), y las acusaciones de juego sucio aún se mantienen hoy.
A finales de año se reactivará el proceso por controlar el EBB, el máximo órgano de dirección del PNV, pues toca renovación y todo parece indicar que el pulso entre ambos se repetirá. Quizás por eso hay quien ha pensado dentro del PNV que azuzando esta lucha alguien saldrá debilitado. Quienes han lanzado acusaciones contra Jauregi no han logrado esclarecerlas nítidamente (lo que ha sacado la SER es tan liviano que a cualquiera se le pueden encontrar detalles así en su declaración), pero el comportamiento de Egibar esta semana también ha ido destinado a apuntar a Josu Jon Imaz y a Txabarri como culpables del presunto escándalo.
Finalmente, este fin de semana, la Asamblea del PNV respaldó por unanimidad al candidato Jon Jauregi después de que éste diera explicaciones y ofreciera toda la documentación requerida por el partido. Lo hizo tras una intensa reunión donde hubo cruce de reproches y algunas palabras subidas de tono, pero el conjunto de dirigentes del PNV hicieron un ejercicio de responsabilidad para mantener la unidad interna. Ha sido la primera crisis que el partido más importante de Euskadi ha logrado salvar, queda saber por cuánto tiempo y cuándo volverán a revelarse las luchas internas y los resquemores personales.