
El verano es propicio a las noticias basura. Polémicas estúpidas con sabor a canícula y tan vacías como aparentes. En los últimos días se nos ha intentado colar de rondón nada más ni nada menos que una guerra de banderas. De banderas cántabras, y no de españolas contra ikurriñas con la que los radicales vascos nos deleitaban hace años.
Pero con resultar extemporáneo un debate cogido con pinzas el premio a la chorrada veraniega se lo lleva le presidente regional del PP, Ignacio Diego, que ve en el asunto nada más y nada menos que los efectos perniciosos del zapaterismo, poniendo al mismo nivel banderas, memoria histórica, ruptura de España y algún etcétera.
Pero antes de ocuparnos de las manifestaciones del dirigente popular veamos el estado de la cuestión. ADIC, asociación de carácter privado, propulsora de la autonomía regional, origen del partida regionalista y que trabaja para activar las conciencias autonomistas, organiza una exposición sobre la historia de la bandera de Cantabria, planteando la legitimidad de la láboru por encima de la bandera roja y blanca que respalda el Estatuto de Autonomía.
No es por tanto un debate político, una confrontación de partidos, sino una reflexión historicista. En ese campo hay opiniones para todos los gustos. Bien. Pero a un medio de comunicación local le parece impresentable que ese debate sobre orígenes y legitimidades de enseñas regionales se haga con una subvención del Gobierno de Cantabria. Es una opinión, pero en absoluto puede ser coartada para atacar a ese gobierno, acusándole de ir en contra de la bandera regional.
De aceptar tal premisa, otros podrían lanzar un ataque en toda regla al Gobierno por financiar, vía subvenciones a la Universidad de Cantabria, un curso en Laredo donde sesudos antropólogos, profesores de historia y periodistas se han dedicado a darnos lecciones sobre la perversidad del Gobierno de la Nación, reo de romper España y rendirla ante los terroristas. Pero estamos, en un caso y en otro, ante actividades que reúnen opiniones que no necesariamente se tienen que compartir para financiarlas.
En cuando a mezclar churras y merinas como hace Diego, qué podemos decir que no haya sido dicho ya. El presidente regional del PP parece totalmente descolocado tanto en lo que dice como en lo que hace. Acusar al PSOE de promover, a través del PRC, un debate sobre banderas como parte de la revisión histórica de la Dictadura franquista es retorcer el argumentario de oposición popular hasta límites risibles. Claro que andar de pueblo en pueblo, de ayuntamiento en ayuntamiento, ora presionado ora prometiendo, para ganar una mancomunidad por aquí y otra por allá no parece tarea a la altura del que fue presentado en su día y aún hoy se presenta como líder de la derecha regional.