Opinion - Iñaki Anasagasti

El impactante discurso de la amnistía

14-09-2007 - Iñaki Anasagasti
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El impactante discurso de la amnistía

Todos los martes solemos coincidir en el aeropuerto con un santanderino alto y barbudo, que fue diputado, así como presidente de Cantabria tras la renuncia de Hormaechea y es en la actualidad senador y presidente de la Comisión de Defensa. Se llama Jaime Blanco y prefiere venir de Santander a Bilbao para coger el avión y llegar a Madrid a vivir su semana parlamentaria.

    Este último martes, sabiendo que una de las portadas de DEIA de hace treinta años hablaba de él, le pregunté en que había quedado aquella investigación que se abrió a instancia del Congreso tras los golpes que le dieron en una manifestación y que lo hicieron famoso en aquel año de tantos acontecimientos.

    “En nada” me contestó. “Toda la estructura policial del franquismo estaba intacta y solo sirvió aquel eco mediático que tuvo el hecho para que no se repitiera. Pero en nada más”.

    Y es que las elecciones del 15 de junio de ese año habían limpiado de franquistas las Cortes, pero no habían tocado la arquitectura del régimen, y por eso estaba costando tanto lograr la Amnistía. Aquella vez con el apoyo de todos los partidos.

    El 14 de setiembre de 1977, en el Congreso se vieron todas las mociones que se le habían dedicado al caso Blanco y una del PNV, especialmente importante. Fue aquella en la que se solicitaba la AMNISTIA TOTAL.

    Le tocó defenderla al portavoz del Grupo Vasco, Xabier Arzalluz y su intervención fue seguida con un sepulcral silencio. La pieza, tras su exposición, fue considerada la mejor intervención parlamentaria de aquella legislatura constituyente. Eran otros tiempos, pero la apuesta institucional que se había hecho para ir a las elecciones tenía que lograr cumplir esa primera promesa hecha a la ciudadanía, y, aquello se logró. Las cárceles se vaciaron.

    Entre otras cosas, Arzalluz, dijo lo siguiente: “No hemos hecho más que transmitir reiteradamente aquí esta preocupación de nuestras gentes, y si en la lucha por la amnistía el Pueblo Vasco ha tenido una prioridad, un protagonismo claro, debemos olvidar este protagonismo porque la reconciliación no debe admitir ningún protagonismo. Para nosotros la amnistía no es un acto que atañe a la justicia o a la equidad, atañe a la política, atañe a la solución de una situación difícil en la que de alguna manera hay que cortar un nudo gordiano; es simplemente un olvido como decía el preámbulo de nuestro Proyecto de Ley, una amnistía de todos y para todos, un olvido de todos y para todos, aunque hay que recordar, aunque sea, y, así lo desearía por última vez, que aquí nos hemos reunido personas que hemos militado en campos diferentes y hasta nos hemos odiado y hemos luchado unos contra otros. Esto que pasa en este hemiciclo donde se sientan gentes que han padecido largos años de cárcel y de exilio junto a otros que han detentado responsabilidad de Gobierno y de Gobiernos que causaron esos exiliados o esas cárceles, es la imagen de la realidad de nuestra sociedad.

    Señores, la amnistía no es sólo sacar presos de las cárceles o que los exiliados puedan volver con tranquilidad, sin medios y sin miedo a represalias a sus hogares sino que vayamos profundizando en esta democratización, establecer libres cauces de expresión y asociación, sin que se den paradojas, repito, algo que dije en esta Cámara hace ya tiempo que haya diputados que estén aquí representando un apoyo determinado popular y sin embargo pertenezcan a organizaciones que no están legalizadas. Estos contrasentidos deben desaparecer, debe oírse a todos sea cual sea su opción, las libertades de los pueblos del Estado, uno por uno están reclamando el derecho a su vida propia, el cambiar las estructuras de la producción y la de la participación en esa producción y en sus beneficios, el que poco a poco vayan desapareciendo los ciudadanos de segunda o de tercera. Esta es una tarea larga, pero es nuestra tarea. Fundamentalmente esto es completar la amnistía, esto y otras cosas es ir creando una sociedad democrática, nuestro sentido aquí es hacernos eco de las preocupaciones y de los problemas de nuestros pueblos, de nuestra sociedad, llegar a un acuerdo con todos los intercambios y comprensiones que haga falta y en la medida en que dejemos intereses de partido a los que tan proclives son un determinado tipo de democracias iremos creando una auténtica amnistía, la auténtica convivencia”.

    En nombre del grupo de UCD, que sustentaba al gobierno de Adolfo Suárez, intervino Salvador Sanchez Terán que se comprometió, en nombre del Gobierno, a promulgar aquella Amnistía en cumplimiento de la Moción del PNV que había sido aprobada. Hoy treinta años después, se vuelve a solicitar la Amnistía, pero hay que recordar que tras aquella Amnistía, estaba toda la sociedad vasca y casi toda la sociedad española y que se logró vía institucional. Nada que ver con una Amnistía solicitada contraviniéndolo todo y a porrazos en la calle porque a alguien, en 1977, se le ocurrió, por si y ante si, que ETA tenía que seguir matando. Una pena.

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Comentarios de los lectores
Enviado por: Tomás Rodaja / 15-09-2007 0:37
Una vez leido su artículo se me ha ocurrido pensar en el momento actual del PNV y, ¿a que no adivina que relato de Edgar Allan Poe me ha venido a la memoria?