En una sociedad ideal estaría de más una ley de igualdad de género, es decir, mujeres y hombres tendrían las mismas oportunidades y a la hora de optar a un puesto de responsabilidad se tendría en cuenta su currículum y sus capacidades. Pero resulta que no vivimos en una sociedad ideal, de ahí que aún sean necesarias leyes que discriminen positivamente en favor de la mujer. Por eso es una buena noticia que el Tribunal Constitucional haya avalado la ley de la paridad aprobada en esta legislatura, que se cuida de que en las listas electorales sea equilibrado el número de mujeres y de hombres.
Y es que hasta que se empezaron con las cuotas, las mujeres éramos invisibles. Eran los hombres los que decían quienes iban en las listas electorales, quienes ocupaban puestos de responsabilidad en la política, en la Administracción, y, curiosamente, debían encontrar a todas las mujeres medio tontas, porque apenas encontraban mujeres que ellos creyeran que estaban a la altura de las circustancias.
En los últimos años son muchas las mujeres que, gracias a esa discriminación positiva, a las controvertidas cuotas, se han incorporado a la política, demostrando lo obvio, que no son ni más tontas ni más listas que los varones, que hay de todo. Por eso me parece un sarcasmo que haya mujeres, y desde luego multitud de hombres, que con mucho desparpajo digan que ellos están en contra de las cuotas y de la paridad, porque lo justo es que quien llega lo haga por sus propios méritos.
Efectivamente, lo justo es que cada uno llegue por sus propios méritos, pero mire usted por donde, la sociedad en la vivimos, aún no se ha quitado del todo el barniz machista, y los hombres a la hora de analizar los méritos de las mujeres no lograban encontrar ninguno, porque ya digo que hasta hace poco la presencia de las mujeres en política era casi excepcional.
Desde luego, yo deseo fervientemente que llegue un día en que no hagan falta cuotas, ni leyes, ni sentencias que tengan que apoyar la discriminación positiva, porque eso significara que la sociedad ha cambiado en profundidad, y que, efectivamente, todo el mundo llegara a donde quiera en función de sus méritos y capacidades. Pero desgraciadamente ese día aún no ha llegado, por tanto es un alivio la sentencia del Constitucional avalando la ley de paridad.