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Opinion - Emilio Martínez

Ciclismo, dopaje e hipocresía

21-07-2008 - Emilio Martínez
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Ciclismo, dopaje e hipocresía

Después de la tempestad no vino la calma o ésta duró poco. Tras los escándalos de las dos últimas ediciones del Tour, que ganaron dos españoles, Óscar Pereiro -este domingo triste protagonista con su caída- y Alberto Contador, merced, además de a sus esfuerzos, a los problemas de dopaje de varios favoritos como Landis, Rasmussen y Vinokurov, todo apuntaba a que la actual edición iba a ser la de la normalidad, como espetaba su director Christian Prudhomme.

Pero no ha sido así, y los bombazos informativos han vuelto a ser protagonizados por algunos de sus más destacados corredores hasta ahora, como los italianos Piepoli y Ricco –del equipo español Saunier Duval-, y los españoles Dueñas y Beltrán. Todo ello con su habitual carga de hipocresía, de esconder la cabeza y apuntar sólo al ciclista, culpable, por supuesto, pero inducido, por supuesto. Al margen de lo que ocurra finalmente con sus respectivos casos, hay demasiado –y negativo- protagonismo de nuestro país y algunos de sus ciclistas y/o equipos.

Quizás porque, a diferencia de Francia e Italia, donde doparse es delito penal además de deportivo, y a pesar del endurecimiento de las leyes antidopaje que el Secretario de Estado de Deporte, Jaime Lissavetzky, ha logrado se aprueben en el Congreso, después no se ha hecho todavía un auténtico seguimiento e investigación policial del entorno de los deportistas, principal responsable junto a éstos o incluso más.

No obstante, la situación en el ciclismo ha avanzado mucho respecto a 2006 y 2007, cuando tras la ‘Operación Puerto’ que sacó a la luz la Guardia Civil también en España –ejem, ejem…-, fueron decenas y decenas los implicados y retirados, amén de las sospechas que recayeron en otro de los grandes/grandes, el actual campeón, de España, claro, Alejandro Valverde. Y escribo que la situación no sólo porque haya menos casos, sino porque su descubrimiento se debe a los avances de los análisis, que hasta ahora han hecho que, por fortuna, los positivos sean auténticas excepciones. Este asunto va a seguir dando que hablar durante esta última semana del Tour, pues parece que hay otros dos más, que se harán públicos a lo largo de la misma, y seguiremos tratándolo. Pero no queríamos concluir ahora sin apuntar, además de a los ciclistas y algunos equipos, a los organizadores de carreras y a los patrocinadores.

Los primeros, planteando las carreras con unos recorridos cada vez más exigentes y a veces inhumanos. Los segundos porque exigen triunfos para salir en la televisión y rentabilizar el desembolso económico en el equipo, que no deja de ser una inversión publicitaria. Y todos, incluyendo a veces a la propia televisión en su circense ‘más difícil todavía’, se olvidan de quien da el espectáculo: el ciclista, tantas veces inducido a doparse. Lo que no es una justificación pero sí una explicación.De modo que, lo apuntado al principio: menos hipocresía, por favor.   

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