Opinion - Carlos E. Rodríguez

Iberdrola, más que un síntoma

08-07-2008 - Carlos E. Rodríguez
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Iberdrola, más que un síntoma

Los movimientos alcistas de las acciones de Iberdrola indican que los mercados dan por cierto que se han reactivado ya las estrategias empresariales en torno al gigante energético. La pregunta que los observadores se hacen es quién se llevará finalmente el gato al agua, el ambicioso presidente de ACS Florentino Pérez o el terco presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán. ¿Habrá finalmente un acuerdo en la cumbre, con ventaja para ambos? No es imposible, pero no es fácil porque son dos líderes empresariales especialmente “peleones”.

Si como decían los anarquistas “el destino del hombre es su carácter”, a los dos les sobra carácter que añadir a conocimientos, experiencia, relaciones políticas y contactos. Predomina en los círculos empresariales de Madrid la impresión de que Florentino Pérez, aliado con la francesa EDF y con el pleno respaldo del poder político de ambos países, tiene más cartas para llevarse el gato al agua. Pero Sánchez Galán ha blindado sus relaciones con el sector del PNV más vinculado al empresariado vasco y ha flexibilizado posiciones, al tiempo que sondea potentes sinergias con el sector energético alemán.

No está el mañana, ni el ayer, escrito. Sucederá lo que tenga que suceder, pero son ya varios los sectores, alguno tan importante como éste de la energía, en los que España es ya un interlocutor de primer nivel, y en gran parte, por la extraordinaria capacidad y ambición de unos empresarios modernos que han sabido ponerse en dimensión europea y afrontar los desafíos globales. La reciente operación de Campofrío es un buen ejemplo, pero se van a producir en los próximos meses varias más, en diferentes sectores de actividad.

Así que la crisis económica es intensa y profunda, incluso es previsible que sea larga, pero es, en gran medida, defecto de unos políticos que, a diferencia de nuestros empresarios, no están a la altura de las nuevas opciones de España en la Unión Europea y en el mundo globalizado. Por eso, la respuesta es la liberalización, dicho de otra manera, romper los viejos corsés del intervencionismo y liberar el dinamismo de las fuerzas productivas.

Tenemos una sociedad abierta, con una más que valiosa fuerza de trabajo a todos los niveles, y también excelentes financieros, magníficos industriales, potentes expertos de marketing, profesionales de calidad. España es un cañón económico, lastrado por una política que no ha sabido evolucionar y ponerse a la altura del propio país. Ésta es una reflexión que merecerá datos, detalles y ulteriores comentarios.

En los viejos tiempos del régimen anterior, un gran periodista norteamericano describió con afortunada frase lo que impedía el salto de España a la modernidad. Dijo que éramos “un país ocupado por su propio ejército”. Ahora, en los tiempos democráticos que afortunadamente vivimos, somos un país en el que la clase política sólo mira el ombligo del poder. Naturalmente, la sociedad real acabará, más temprano que tarde, por imponer sus razones y abrir camino a la expansión económica merecida.