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Cantabria
OPINIÓN/Víctor Gijón

Debates internos

20-05-2008 - Diariocrítico/Agencias
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Debates internos

Vaya por delante que me parece de perlas que los medios de comunicación den cumplida información, y también alberguen opinión propia y ajena, de los debates internos de los partidos.

En la medida en que estos son intermediarios de la voluntad popular y comparecen cada cuatro años ante los ciudadanos para pedirles el voto no pueden alegar que las discusiones internas sólo interesan a sus militantes. La decisión final, esa sí, corresponde a los de carné, pero en los prolegómenos, en la explicitación previa de proyectos y contraproyectos, la opinión debe ser totalmente libre.

Quizás, pero sólo quizás y por razones evidentes de cortesía, o de no hacr a los demás lo que no quieres que te hagan a ti, deberían abstenerse de entrar en los debates internos de un partido sus rivales. Pero es inevitable que eso ocurra. Lo que es evitable, también indeseable, es que en la pugna interna participen públicamente los que pueden hacerlo en el interior de la organización. Y eso es lo que le está pasando al PP nacional y al PSOE regional.

El debate de los populares sobre su futuro se hace en la calle, a la vista de todos, porque esa es la decisión que ha tomado un periódico, El Mundo, y una radio, la COPE. El debate de los socialistas cántabros sobre el futuro del PSC-PSOE se está haciendo en esos mismos medios de comunicación, a la vista de todos los que leen periódicos y escuchan radios de la derecha. Y es así porque es la voluntad de ciertos militantes socialistas.

Silentes dirigentes, mudos en los órganos internos, descubren de pronto lo mal que lo hacen sus compañeros de dirección y recurren para contarlo no al ámbito interno, de que forman parte en grado dirigente, sino a medios de comunicación que, casualmente, tienen en común su tendencia conservadora. Incluso candidatos electorales no tuvieron reparo en salir a toda página en un periódico pro PP para poner en cuestión la estrategia electoral del partido que les presentaba en sus listas.

Dirán que es libertad de expresión, lo cual acepto, aún cuando los que ahora reclaman ese derecho tenían la potestad para administrarlo --algunos lo hacen todavía y por la comarca del Besaya saben de que hablo-- cercenaron esa libertad de expresión a golpe de expedientes de expulsión. Que no hay pecado sin castigo, ni favor sin contraprestación, lo demuestra el hecho de que los medios que se han visto beneficiados por las exclusivas declaraciones tratan con largueza y exquisita dulzura a sus informantes, mientras que reparten estopa a miembros del mismo partido que no han pasado por su páginas para relatar intimidades orgánicas.

El linchamiento informativo de algunos, desde Gorostiaga a Agudo, pasando por Juan Guimerans o Del Olmo, contrasta con el encumbramiento de ciertos compañeros y compañeras de los primeros, que no hace falta nombrar porque están en la mente de todos.

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