
Mañana, sábado, se celebra el Día de Castilla-la Mancha. La celebración tendrá lugar en la localidad conquense de Las Pedroñeras. Una conmemoración que adquiere un carácter más especial, si cabe, que en otras ocasiones, porque se cumplen el XXV aniversario de la constitución de las primeras Cortes regionales. Recogemos cómo se fraguó el embrión de la Autonomía, a través del trabajo de José Antonio Castellanos, profesor de Historia Contemporánea de Castilla-la Mancha en la Facultad de Letras del Campus de Ciudad Real. Castellanos reconoce que aunque queda mucho camino por recorrer, hemos avanzado mucho desde aquel 1983, cuando se aprobó el primer Estatuto de Autonomía, marcado por el consenso.
En 2008 se cumple un cuarto de siglo desde que Castilla-la Mancha tiene entidad propia. Pero ¿cómo fueron los inicios?, ¿cómo fueron esos comienzos donde se comenzó a gestar el embrión de la Comunidad Autónoma? Diariocrítico ha hablado, en exclusiva, con José Antonio Castellanos, profesor de Historia Contemporánea de Castilla-la Mancha en la Facultad de Letras del Campus universitario de Ciudad Real y ganador del premio anual de investigación a tesis doctorales del Consejo Económico y Social de Castilla-la Mancha en 2006, conun trabajo titulado "La transición democrática en Castilla-la Mancha (1976-1983). Proceso autonómico y construcción regional.
Pregunta.- ¿A qué fecha a la que hay que remontarse para hablar del embrión de Castilla-la Mancha como autonomía?
Respuesta-. En el mismo momento en el que se bislumbra el cambio de régimen, de la dictadura a la democracia, centrándonos en el año 1976, se detectan algunos síntomas que evidencian el cambio que se va a producir en la organización territorial del Estado. Esos síntomas también se detectan en Castilla-la Mancha. A nivel de movilización de algunas élites políticas que se van a reunir en Mota del Cuervo (Cuenca), en mayo de 1976, donde se va a evidenciar el interés por crear algo, no se sabe aún que va a ser, que suponga dentro de estas provincias una descentralización que están pidiendo otros territorios de España. Pero si hemos de remontarnos a un momento concreto, sin duda sería 1978. En enero de este año se reúnen por primera vez los parlamentarios, elegidos en las elecciones de 1977, las primeras democráticas, y durante todo ese año se van sucediendo una serie de encuentros entre responsables del Gobierno central que van a culminar en diciembre de ese mismo año, con la institución de la Junta de Comunidades de Castilla-la Mancha.
P.- En la Constitución de 1978 ya se recoge la cuestión regional-territorial. Y en el caso de Castilla-la Mancha, como en el de las demás, había que justificar la existencia de una autonomía.
R.- Si, pero el caso de Castilla-la Mancha es atípico, sobre todo si lo comparamos con otros territorios, donde la tradición en la reivindicación de autonomías era mayor. Pero no por eso tiene menos derechos de existir que otros territorios. De hecho, territorios como el nuestro, necesitaban aún más la descentralización que otros territorios porque habían sido las principales víctimas del centralismo, sobre todo desde el punto de vista económico. Al igual que Extremadura o Andalucía necesitaban más que Euskadi, Cataluña… y eso lo posibilita la constitución de 1978.
P.- Costó mucho llegar a la configuración definitiva de Castilla-la mancha, conformada no fue así desde el principio. Y hay que hablar de Madrid, Albacete y Guadalajara.
R.- Esos fueron los trespirncipales problemas, a la hora de dilucidar la composición final de la comunidad autonoma castellanomanchega. Castilla-la Mancha, de alguna manera, es heredera de lo que históricamente había sido Castilla-la Nueva. Recordemos que ésta incluía a Madrid y excluía a Albacete, unida a Murcia. El caso albaceteño es un caso único en toda España. Va a ser la única provincia que va a abandonar una adscripción territorial anterior como Murcia y se va a incorporar a otra. Ese caso solo ha sucedido con Albacete. Y desde luego está el caso madrileño que en 1978 dio muchos quebraderos de cabeza y el caso de Guadalajara.
P.- Hubo una consulta popular
R.-La consulta tiene lugar a nivel de toda la región. El artículo 143 de la Constitución establecía que todos los municipios se tenían que pronunciar a favor o en contra de su pertenencia a la región, debiendo cumplir los 2/3 a favor. Y Guadalajara es donde esos pronunciamientos van a ser más complicados y complejos. Fundamentalmente por el peso demográfico que va a tener la capital de la provincia, Guadalajara, que determinaba su apoyo o no, el que pudiera en su conjunto aprobar la pertenencia. Caso anecdótico fue que el ayto no incluía la UCD porque llegó tres minutos tarde a presentar su candidatura a la alcaldía de 1979.
P.- Y Guadalajara que quería, ser de Castilla-la Mancha o pertenecer a Madrid?
R.- Las posibilidades eran varias. En Guadalajara es cierto que el sentimiento castellano es superior al manchego. Pero veía con cierto temor que la autonomía que se estaba construyendo se iba dotando de un fuerte componente manchego. Claro, ellos no se sentían manchegos; y a eso se sumaban cuestiones más utilitarias, como su cercanía a Madrid, que le condicionaba en todo momento; a nivel universitario, de salud, de justicia y la inclusión en una autonomía como la que se estaba fraguando, todas esas cosas creaban ciertas perturbaciones. De hecho, Guadalajara no pertenece al distrito universitario de Castilla-la Mancha, sino al de alcalá de Henares. Ésta es una de esas consecuencias. A los responsables políticos de Guadalajara no les quedó más remedio que aceptar los consejos de Madrid y acabar finalmente perteneciendo a clm
P.- Una vez clara la configuración provincial de la Comunidad, surgía otro problema y era buscar la capitalidad; un asunto que despertó mucha tensión entre Toledo y Cuenca.
R.- Este problema se planteó en 1978. Se sabía que tarde o temprano se tendría que decidir cual era la capital, pero para evitar que ese punto entorpeciera la construcción regional, entonces naciente, se aplaza en el tiempo. Hasta 1983, donde ya está claro que ya es imposible prorrogar este tema y se plantea centrándose en estas dos ciudades. Debate bastante curiosos, con argumentos de los dos lados, en le que va a tener mucho peso el factor de capital provisional, pero los argumentos de Toledo eran bastante de peso. Y finalmente fue una decisión política. Fueron las Cortes regionales, en sus primeras decisiones, quienes decidieron cual sería la capital. Y finalmente Toledo se impuso a Cuenca, lo que generó bastante polémica porque incluso en Cuenca se alzaron voces planteando nada más y nada menos que la salida de Castilla-la Mancha, lo que por cierto y curioso, de haberse consumado, habría tenido consecuencias insospechadas, como la salida de Guadalajara, porque la Constitución dice que las provincias que forman una región tienen que tener contacto territorial entre ellas, y si Cuenca abandonaba la región, Guadalajara también debia hacerlo.
P.- Ante esta pugna entre Toledo y Cuenca se pensó en otras posibilidades.
R.- Las posibilidades fuera del binomio nunca se plantearon con seriedad. Desde el punto de vista geográfico Alcázar de San Juan, era lo más razonable. Surgieron reticencias a la posibilidad de Albacete, porque el presidente recien elegido era de esta provincia. En un momento en el que las suspicacias eran enormes, las tensiones provincialistas eran grandes, de consistencia profunda.
P.- A 25 años vista, ¿se puede decir que hoy hay conciencia de región?
R.- La comparación con 1983 nos lleva a asegurar que se ha avanzado mucho. Los niveles de conciencia en aquella época eran prácticamente inexistentes. Hay encuestas relaizadas en 1982 y 1983 donde se preguntaba la composición provincial de la región en la que vivian y los que acertaban las cinco provincias no llegaban al 40%. No solo eso, no llegaban al 50% los que sabían el nombre de la región en la que vivían. Se han sucedido factores que han ayudado a todo ellos. Cuestiones medioambientales, el agua, todos han fortalecido la conciencia regional, pero las ausencias históricas, en comparación con otros territorios, hacen que el camino por recorrer todavía sea muy largo.
P.- Definitivamente la tramitación de la reforma del Estatuto de Autonomía, actualmente en el Congreso, será después del verano. Pero ¿qué nos puede contar del primer Estatuto?
R.- Estuvo marcado por el consenso. Es verdad, que al igual que buena parte del resto, se dejan notar los pactos autonomicos entre PSOE y UCD (Unión de Centro Democrático)de julio de 1981, donde ya estaba claro, por parte de las dos grandes formaciones, cómo iban a construir lo que quedaba de Autonomías. Y aunque en los primeros instantes, hubo cierto desacuerdo porque UCD intentó imponer su borrador, lo cierto es que en los últimos tramos del Estatuto lo que se impuso fue el consenso. Y el que vió la luz fue un Estatuto de consenso.
P.- Y el nuevo Estatuto, todavía en el Congreso, y con contenidos importantes en la actualidad como la finalización del trasvase Tajo-Segura para el 2015 ¿Qué va a suponer?
R.- Es más que previsible pensar en los recursos de inconstitucionalidad de otros territorios. Pero sobre todo en el tema del agua, también es evidente y fácil de sospechar que la tramitación en ese punto en las Cortes generales no va a ser fácil. Desde luego, el Estatuto marca los nuevos horizontes y retos que tiene la sociedad castellanomanchega y desde ese punto de vista supone un instrumento legal que debe servirnos para afrontar todos esos retos con mayores garantías y poder seguir avanzando como hemos hecho durante estos últimos 25 años.