Muy comentada ha sido la cena privada que ofreció el presidente del Congreso, José Bono, el pasado jueves en el comedor de invitados de la cuarta planta de la Cámara Baja a 34 comensales, entre los que se encontraban, su esposa, Ana Rodríguez; el presidente de Castilla la Mancha, José María Barreda, y su esposa, la diputada, Clementina Díez de Baldeón; el que fuera subsecretario de Defensa cuando él ocupó esta cartera , Justo Zambrana, además del presidente de Caja Castilla-La Mancha, Juan Pedro Hernández Moltó, y de un nutrido grupo de altos cargos de la Junta castellano manchegos.
La cena comenzó a las nueve y media de la noche y la velada se alargó casi hasta las dos de la madrugada, con visita turística incluida por las dependencias del Palacio de la carrera de San Jerónimo. Bono, como buen anfitrión, tuvo el detalle de enseñar a sus invitados su ‘casa’ motivo por el cual permanecieron abiertos excepcionalmente hasta altas horas de la noche varios despachos, la biblioteca y el hemiciclo, lo que conllevó ampliar el turno de varios trabajadores de la Cámara, cosa que a algunos de los afectados no les hizo demasiada gracia.
Este episodio hizo además recordar a los más veteranos los tiempos en los que el ex presidente del Congreso, el socialista Gregorio Peces-Barba, celebraba las victorias del Real Madrid con un grupo de amigos con los que compartía su alegría invitándoles a tomar algo en el Congreso, reuniones que se alargaban también hasta bien entrada la noche.