Zapatero demuestra ocasionalmente, cuando no le vence ese ‘espíritu de estudiante de mayo del 68’, que a veces le aqueja, como dicen con gracia algunos de sus colaboradores, buenas dotes diplomáticas. Su sonrisa, sus buenas palabras, surten de cuando en cuando buen efecto. La crisis con el venezolano Chávez, que era indeseable, parece haber quedo en una tormenta en vaso de agua. Lo mismo que el roce diplomático suscitado por unas declaraciones de Fernández de la Vega, tras el Consejo de Ministros del viernes, sobre el trato que el gobierno italiano de Silvio Berlusconi pretende dar a los inmigrantes.
Fue imprudente la vicepresidenta y presidenta en funiones, provocando una protesta del embajador de Italia en España. Aunque no deja de tener razón en sus calificativos a la “racista” política inmigratoria que trata de poner en marcha el peculiar –vamos a llamarlo, piadosamente, así—Berlusconi. En todo caso, puede que no sea el gobierno español, en solitario, el llamado a poner coto a los desmanes que se pretenden, en varios países de Europa, liderados por Sarkozy y Berlusconi, contra unos inmigrantes hasta ayer necesarios, hoy, merced a la crisis, precindibles.
Y, volviendo a lo inicial, hay que reconocerle a Zapatero sus cualidades para apaciguar tormentas. Internas –aunque algunas las suscite él mismo—y, ya se ve, externas. Que haya acabado el ‘mal entendido’ con el impresentable Hugo Chávez es positivo. Hay que olvidar aquel ‘¿Por qué no te callas?’. Y hay que procurar mantener unas relaciones excelentes con los ‘colegas’ europeos, comenzando por un Berlusconi que no siempre va a ser fácil de tratar, ya lo verán.
Nos gusta el Zapatero de esta ‘cumbre’ de Lima. Y el ZP que mantiene su encuentro del próximo martes con Ibarretxe, pese al apoyo que el tripartito vasco, y el propio lehendakari, han dado a la moción en la que se acusa al Ejecutivo español de amparar las torturas a los detenidos de ETA. Dialogar, copmo dijo el Rey, provocando el escándalo de los sectores más reaccionarios, siempre es bueno. Nos gusta el ZP que habla de pactos y de acuerdos, y no el taimado retorcido que actúa en solitario, sin encomendarse ni a Dios ni al diablo.