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Opinion - Fernando Jáuregui

Juicio al periodismo que hacemos en España

29-05-2008 - Fernando Jáuregui
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Juicio al periodismo que hacemos en España

Encuestas hay que dicen que la de periodismo es la penúltima profesión en el aprecio de la ciudadanía; que los periodistas estamos algo –o bastante-- desprestigiados, en suma. Cuando, no hace tantos años, estábamos en el segundo lugar del ‘ranking’ de buena imagen. ¿Qué ha pasado aquí?

Lejos de mi intención ser ombliguista o corporativo, pero he decidido lanzarme a escribir este comentario azuzado por la actualidad y porque entiendo que la información, buena parte de la cual está en manos de los periodistas, es uno de los valores más importantes para la persona. Por ello creo que el juicio que estos días se sigue contra un periodista por presuntas calumnias contra el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, traspasa los límites de lo meramente profesional para adentrarse en el campo de la política, de la ética y hasta de la estética: son muchos los valores en discusión con este caso, tan llamativo, que, encima, se produce en medio de una crisis interna en el Partido Popular, desde donde se acusa a algunos medios de “injerirse” en demasía en las cuestiones internas de esta formación, procurando dividirla. Una acusación que, desde mi punto de vista, creo que es cierta.

Comprendo que mi opinión no tiene por qué ser universalmente compartida, pero pienso que los periodistas, o muchos periodistas, no están, o estamos, cumpliendo puntualmente con nuestra humilde y gran misión, que consiste en contar lo que pasa, analizarlo y, si es posible, contarlo y analizarlo mejor y antes que la competencia. No me parece misión del informador, sea de prensa escrita, de radio o de televisión, inventarse la realidad, decidir por dónde ha de salir el sol cada mañana, amenazar a los que piensan diferente que nosotros, poner y deponer gobernantes y/o jefes de la oposición, ni decidir qué deben o no deben poner en sus programas los partidos. Los periodistas, en suma, como parte del equilibrio de poderes, deberíamos hacer nuestra la máxima que alguna vez se imprimió en el frontispicio de algún gran periódico anglosajón: “noticia es todo aquello que alguien no quiere que se publique”. Otra cosa es hagiografía, propaganda, peloteo o combate al adversario y halago al amigo.



Creo que ha tenido perfecto derecho el alcalde madrileño a acudir a los tribunales –faltaría más—cuando ha considerado su honor vilipendiado. Y no vale decir, como han argumentado los que apoyan al demandado, que en un programa de radio los límites son más laxos, porque el medio exige “más viveza”, y permite mezclar información con opinión. Simplemente, no. Pienso que no solamente en el caso de Ruiz Gallardón se han sobrepasado los límites por parte de algunos sectores mediáticos: la difamación, el insulto, las bromas más soeces y las maldades más insidiosas se han vertido no pocas veces sobre personas respetables, pero que tenían la desdicha de pensar y hablar de manera diferente a como les hubiera gustado a los directores de ciertos programas radiofónicos. Y la libertad de expresión ni es libertinaje ni puede ser descalificación, ataque o amenaza a los demás.

No me extraña ni la querella presentada por el alcalde, que no ha querido someterse al reinado del terror informativo, ni que algunos testigos –políticos-- convocados por la defensa hayan dejado de dar la razón al demandado; el asunto se le está empezando a poner feo, amenazando, de paso, con salpicar a los empleadores de este profesional, que son nada menos que la cúpula nacional de la institución más venerable y respetada de España y puede que del mundo.

Los medios, los periodistas, no estamos aquí para hacer y decir cuanto nos venga en gana ni para organizar justas contra todo dragón vestido de ‘disidente’ de nuestras ideas ni para apoyar a nuestros amigos, sean amigos políticos o de otra laya. 

Los tribunales no están para impedir la libertad de expresión –a algunos ya les gustaría--, sino para hacer respetar los derechos de cada cual y, en última instancia, también para velar por un correcto mantenimiento del equilibrio de poderes y de la equidad. A ellos debemos acudir –personalmente, como periodista, también he perdido algún caso y he tenido que tragarme ese sapo—y de ellos tenemos que acatar las decisiones, aunque no sean compartidas por nosotros. Ese es el fundamento de un estado de derecho.

Lo peor ha sido que la influencia de algunos medios y de ciertos profesionales se ha desbordado en España. En muchos casos, de manera desproporcionada y hasta peligrosa. Hora es ya de acabar con algunos desmanes en el plano de lo informativo, un sector donde aún, a veces –menos mal que no demasiadas veces--, no parecen haber llegado la modernidad, la tolerancia y, en ciertos, casos, hasta la democracia.

Creo que este juicio, que tiene mucho que ver con las disidencias en el seno del PP y con tantas otras cosas que han ocurrido recientemente en la vida política española, ha de servirnos a todos para meditar: a los periodistas, porque no podemos traspasar los límites de lo que somos; a los empresarios mediáticos, porque no todo vale para engrosar las arcas; a los anunciantes, porque puede que no les convenga unir sus productos a ciertos espacios vociferantes y matonistas; a los políticos, por sus connivencias cómplices con ciertos periodistas, y por su miedo a denunciar los abusos; y a la opinión pública en general, porque debe mostrarse más exigente con la calidad de quienes les sirven la información.

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Comentarios de los lectores
Enviado por: Juan / 31-05-2008 13:12
Para progre, que listo eres como sabes que son matrimonio. Otra menos mal que alguien calla a los vociferantes
Enviado por: Tom / 30-05-2008 18:29
Totalmente de acuerdo con el señor Jauregui. Los señores Losantos y Pedro J,creen que tienen derecho a decidir sobre asuntos internos de un partido.Si les gusta la política, que funden su propio partido.Sopena y todos los periodistas del regimen, no pueden dar lecciones de nada.El verdadero periodista, informa,da su opinión objetiva, no insulta,no trata de manipular y debe comportarse con verdadero buen talante democrático.Si no, es otra ocsa, no periodista.
Enviado por: Ex-oyente de tertulias / 30-05-2008 14:48
Señor Jáuregui, enhorabuena por este artículo. Ya era de que un periodista español pusiera el dedo en la llaga. Leyendo su artículo, me vienen a la cabeza dos frases. La primera, pronunciada por una periodista de TVE: "Cuando llego todos los días a mi trabajo, dejo mi ideología en el felpudo". La segunda, pronunciada por el juez Javier Gómez Bermúdez: "desconfíen del juez que diga que no tiene ideología". Y es que he aquí el quid de la cuestión. Los españolitos somos así, para esto y para muchas otras cosas, y es que éste es un país de filias o fobias, de blancos o negros, de Madrid o Barça, de izquierda o derecha, de amores u odios. Y encima, a muerte. Falta mucha tolerancia, y dos de los sectores sociales en que más se nota esta situación desgraciada son el periodismo y la justicia, casualmente dos sectores que están lindando a diario, de forma muy peligrosa, con el politiqueo barato.
Enviado por: Navarro / 30-05-2008 4:35
Sr. Jaúregui, estiy de acuerdo con Vd en que se han sobrepasado hace ya tiempo los límites, no ya del buen periodismo sino incluso de la decencia, por el individuo que está siendo juzgado no sólo en relación con el Sr Gallardón sino también con relación a otras muchas personas e instituciones. Pero no sólo es él, parece que se ha convertido en moneda de curso legal mentir, insultar y manipular a la opinión pública desde las ondas o las páginas de la prensa escrita. Los periodistas tienen una gran responsabilidad ya que en sus manos está informar a la opinión pública y contribuir a formarla en los valores democráticos que, por razones históricas, tan desconocidos y escasos son entre la mayoría de nuestros conciudadanos. Y celebro que sea Vd. Sr. Jaúregui, a quien admiro desde hace muchos años por su capacidad de análisis y sentido de la equidad quien levante este tema que, estoy seguro, no va a ser bien acogido por una parte importante de sus colegas. Muchas gracias en nombre de los que todavía creemos que son posibles un mejor periodismo y una sociedad mejor formada e informada en nuestro país.
Enviado por: progre / 30-05-2008 1:23
Solo una objección D Fernando: Le parece que la inmensa mayoría de los medios, no afines, sino palmeros del poder, esos si tienen patente de corso. Acabo de leer, sobre este tema, al Sr Sopena dar lecciones de democracia y consejos a la Conferencia Episcopal. Le parece normal en un sujeto que acaba de ser condenado por injurias a las victimas del terrorismo. Le recomiendo un paseo por el diario digital del hermano Sopena para ver lo que es honestidad informativa en este recaudador teruliano infatigable junto con su sñora esposa la ínclita Margarita