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Hemeroteca :: Edición del 01/01/2011 | Salir de la hemeroteca
¿Cuántos pobres hay?

¿Cuántos pobres hay?

El último cómputo de pobres en nuestro país revela que más de nueve millones de españoles hozan, bien que a su pesar, en el albañal de la miseria, pero, paradójicamente, esos compatriotas desheredados son los menos afectados por la actual crisis, recesión ya casi, económica: haya crisis o no haya, se aten los perros con longaniza o no se aten, ellos son siempre los mismos e igual de pobres, pues, en verdad, han sido excluidos del festín social de más o menos tajadas y ni uno sólo logrará acceder siquiera al estadio superior inmediato, el de los pobres que, encima, tienen que devolver durante toda su vida los préstamos de la moderna usura.

En términos militares, los pobres-pobres serían soldados rasos, bajo los cuales no hay nada, y los pobres hipotecados, cabos, aunque, según se desprende del más reciente informe sobre la pobreza, empiezan a menudear entre los cabos los casos de degradación a soldados rasos: en los albergues, al abrigo de los escaparates, a las puertas de los comedores de caridad, en los pasos subterráneos, en los parques o sobre cartones en la noche, comienzan a verse ciudadanos desprendidos del sistema o arrojados violentamente de él, esto es, padres de familia, divorciados, transeúntes a la fuerza, parados endémicos y víctimas de alguna depresión que pudo ser pasajera y que ha cursado, pues la calle, el abandono y la soledad son así, en permanente.

Al contar los pobres, pues el capitalismo salvaje no hace otra cosa con ellos que contarlos de vez en cuando, han salido éste año nueve millones y pico, pero a los contadores les ha sorprendido que una parte de ellos eran, hasta ayer mismo, ciudadanos integrados en el gran tinglado de las convenciones sociales, los impuestos, las hipotecas, la comunión de los niños con banquete en un emporio de las afueras, e, incluso, del chalet, el colegio concertado y el vagabundeo familiar de fin de semana por los centros comerciales. Al parecer, han desfallecido y de su derrota han huido sus allegados como de la peste, pero si un día a los de la caridad les diera por contar los pobres de espíritu, a los indiferentes ante la injusticia pues no hay riqueza niguna en su corazón, saldrían no nueve, ni dez, sino, acaso, veinte o treinta millones.
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