Presentado por fin en la semana última, el diseño del Fondo de Reestructuración Ordenada de Bancos (FROB), que nadie sabe bien por qué viene a suplantar en el escenario al técnicamente mucho mejor Fondo de Garantía de Depósitos (el FGDCA, en lo relativo a las Cajas), no se ha recibido precisamente con grandes entusiasmos ni en las propias entidades financieras, ni entre los analistas, ni por los empresarios, ni siquiera en los ámbitos académicos económicos. ¿Es un instrumento idóneo para sanear los balances de las entidades –realmente las Cajas, no los Bancos– con problemas reales o potenciales de solvencia? Excepto el propio Gobierno, nadie parece creerlo así.
El actual presidente de la AEB, hombre por cierto del ámbito del PSOE, no ha podido por menos que expresar su perplejidad porque, existiendo ya un mecanismo mejor para afrontar el problema, se opte por introducir otro nuevo y polémico que puede incluso agravar la confusión. ¿Podrá acaso el Banco de España forzar, en contra de los poderes políticos autonómicos, fusiones interregionales que serían conveniente en parámetros técnicos? La respuesta
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es, por muchas vueltas que le den, negativa. Y si todo se reduce a fusiones internas en las distintas Comunidades Autónomas ¿no se estarían regionalizando las pérdidas y premiando con ello la politización que está en la raíz de la mala gestión? Para decirlo con claridad, este modelo del FROB es un premio a los culpables de lo que sucede.
Y lo más curioso es que por una vez, prácticamente todos, sesudos analistas y la gente a pie de calle, todos menos el Gobierno, coinciden en el diagnóstico irrebatible de que el mal de fondo de las Cajas es la larga mano de los políticos, o por decirlo de manera más suave, la escandalosa politización de su control, dirección y gestión. Que una entidad como Caja Madrid, nada menos que la cuarta entidad financiera de España, sólo por detrás del Santander, el BBVA y La Caixa, y columna vertebral financiera de la más importante Comunidad Autónoma española, lleve meses y meses enredada en una batalla política, es un escándalo sin paliativos. Y no sin consecuencias, porque no sólo una, sino varias operaciones empresariales, objetivamente importantes para la Comunidad de Madrid, están paralizadas o han entrado en vía muerta precisamente por esa situación.
En definitiva, lo mejor que podría suceder con el FROB es que, cuanto antes, mejor este mismo mes que el próximo, volviera a los recovecos de las pesadillas y los malos pensamientos, de donde nunca debió salir. De verdad, con el corazón y la experiencia en la mano ¿suscribiría, por ejemplo, Pedro Solbes este disparate? Nunca se sabe. Lo cierto es que, en la gestión de la economía, cada vez es más innegable que este Gobierno está dispuesto a hacer real aquella inquietante prevención de que
“en política, todo lo malo que puede suceder, al final sucede”.