Este martes, el presidente Zapatero presentará en el Congreso la llamada ley de economía sostenible aprobada el viernes por el Consejo de Ministros y que tanto dio que hablar al haber sido previamente 'presentada' en una fiesta del PSOE. Por desafortunada que parezca la mezcla de un mitin y una ley tan importante, tiene la ventaja de que contribuye a su divulgación; máxime al partir de un nombre tan obtuso, propio de esta época en la que se crean organismos como el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), que ya hay que tener ganas de insultar al castellano. Pero como los manuales de marketing político, que es lo que está ahora de moda, señalan que la gente difícilmente asimila más de un gran tema por telediario, asistimos día a día a todo tipo de engendros, impropios, por otra parte, de un país con un idioma tan rico.
Denominaciones y presentaciones a un lado, la verdad es que esta ley tiene
mucha importancia, pensando en su contribución al cambio del modelo económico de España, algo en lo que se supone que coinciden todas las fuerzas políticas, por mucho que se demonice la ley e incluso se hable de ella con cierto tono de cachondeo. Este país no solo tiene que salir de la recesión, como tantos otros, sino que debe cambiar su modelo productivo, excesivamente anclado al turismo y la construcción. Vivimos, pues, un momento equiparable al plan del 59 o a los años de adaptación al ingreso en la CEE, en 1986, sin que se observe precisamente el ambiente político de los pactos de la Moncloa, alcanzados en la Transición.