Opinion - Enrique Szewach
Tiempos
22-08-2008
El resumen de la situación económica actual es sencillo y obvio: Estamos bien, pero vamos mal.
Estamos bien, porque si bien es cierto que la economía se está enfriando, sigue mostrando, en promedio, una tasa de crecimiento razonable, para el stock de capital y la productividad argentina.
Estamos bien, porque gracias a que los precios de los commodities se mantienen altos, y al aporte de las utilidades extraordinarias del Banco Central, el superávit fiscal “alcanza” para pagar los intereses de la deuda pública y un poquito del capital que vence.
Estamos bien, porque todavía la ausencia de “movilidad” jubilatoria, permite mantener el gasto creciendo a tasas “moderadas” del 35% anual y juntar plata en el ANSES.
Estamos bien, porque, si bien a niveles altos, la propia desaceleración de la economía está “estancando” la tasa de inflación bien medida, en torno al 28% anual o algo por arriba del 2% mensual. Con bajas en los precios que pagan los pobres –alimentos- y suba en los precios que pagan la clase media y alta –combustibles, medicina prepaga, expensas, algo de electricidad, servicios en general-.
Pero vamos mal.
Vamos mal, porque la dependencia de que los precios de los commodities se mantengan en estos niveles para “seguir bien” es cada vez mayor. Y el pronóstico de estancamiento de los precios de los commodities, o una baja de los mismos, de la mano de la recuperación del dólar se hace cada vez más probable. (No porque la economía norteamericana esté mejorando, sino porque ahora el empeoramiento llegó pleno a la zona del Euro, y entonces tenemos a un Estados Unidos “con medio camino del ajuste recorrido” y un año postelectoral -2009- frente a una Europa que, recién ahora, tiene que digerir el ajuste, con contextos político sociales más volátiles).
Vamos mal, porque el único ajuste fuerte del gasto en este año “no electoral” fueron las transferencias discrecionales a Provincias. Mientras en el 2009 todo “tira para arriba” en materia de erogaciones. Se viene la “movilidad” de las jubilaciones. (Preguntontas: ¿Si las jubilaciones subirán con los aumentos de salarios y los aumentos de la recaudación tributaria. Si un día, Dios no lo permita, la recaudación, por caídas en el nivel de actividad, y aumento del desempleo baja, se reducirán los haberes jubilatorios? . ¿El millón cuatrocientos mil de nuevos jubilados por “regalo”, también tendrán movilidad?). Las trasferencias a provincias volverán a crecer –es un año electoral-. Los vencimientos de deuda aumentan en unos 5000 millones de dólares. Y, por si esto fuera poco, nos estamos “comprando” el déficit operativo creciente de Aerolíneas Argentinas. El único “ajuste” que queda en el 2009 es el “tarifazo” para bajar subsidios al sector privado. (Otra vez, justo en un año electoral).
Vamos mal, porque con el mercado externo voluntario de capitales cerrado –por la crisis internacional y por la escasa voluntad de pago que muestra la Argentina (no arreglo con el Club de Paris. No arreglo con los que no entraron al canje. No arreglo de los juicios con el CIADI. Estafa con el CER)-. Lo que no aporte el superávit fiscal, habrá que ir a buscarlo al ANSES, a las AFJP, a los Bancos locales, a las reservas del Banco Central, quitando aire al crédito al sector privado y subiendo la tasa de interés. (¿Habrán aprendido, finalmente, los K., que es mucho más suave la condicionalidad del Fondo, que siempre es política y otorga “waivers” generosamente, que la condicionalidad del mercado que, como Sheltox con vapona, no perdona? –sorry el viejazo-).
Vamos mal, porque todo esto está demorando y postergando decisiones de inversión de las empresas o “mudando” las inversiones hacia países menos conflictivos.
Y vamos mal, fundamentalmente, porque la única señal de cambio en serio, frente a todos estos temas que ha dado el gobierno ha sido…una pseudo conferencia de prensa de la Presidenta.
¿Y entonces?
Entonces, la sensación de “oportunidad perdida” es fuerte
Sin embargo, si el precio de los commodities aguanta un rato más, estaremos a tiempo, al menos, de hacer un ajuste más o menos ordenado y converger a una tasa de crecimiento moderada y una inflación más tolerable. Entiéndase bien, Kirchner nunca será Lula. Pero puede volver a ser el Kirchner relativamente conservador de sus primeros años de mandato, mientras Cristina trabaja sobre el “estilo”. Ello significaría que el kirchnerismo se “resigna” a gobernar con un poco menos de plata y un poco más de consensos. Para eso sí serviría un “acuerdo amplio del Bicentenario”. Para conseguir “socios” del ajuste ordenado.
Por el contrario, si el gobierno cree que se puede volver a “business as usual”, simplemente cambiando “gritos” por “susurros” y desaprovecha el escaso viento a favor que todavía queda, iremos a un ajuste desordenado y convergente a un “estamos mal y vamos mal”.
Insisto, todavía estamos a tiempo de no perder el tiempo.