Opinion - Juana Trovati
Ni ovejas ni lobos, astutos humanos…
14-07-2008
En los tiempos que corren es difícil encontrar a alguien que públicamente se muestre tal cual es sin temor a ser criticado o rotulado, vaya a saber uno de que.
En medio de arengas y discursos la hilacha se escapa y entonces, la esencia oculta del orador de turno queda al descubierto: “…no olviden a quien votaron” escuchamos, cuando debíamos escuchar: “…no olviden a quienes los votaron y representan”, libertad de conciencia se llama, se dice: “…el parlamento debe resolver” , pero en voz baja dicen: “… a nuestro favor, de no ser así volveremos a las rutas y dejaremos de sembrar”, en lugar de esto, debieran decir: “ aceptaremos la resolución democráticamente, vendrá pronto una nueva oportunidad para, a través del voto, cambiar estas medidas que nos afectan.”
El que pueda oír que oiga, dicen. Basta entonces una pequeña fracción de tiempo y pocas palabras para que la verdad salga a la luz, sin que ninguna enmienda pueda cubrirla lo suficiente como para revertir lo evidente.
Podremos rotularnos de pacifistas, de defensores acérrimos de la justicia, de dueños de una verdad inapelable, de tolerantes, de demócratas, de solidarios, de inocentes víctimas del ocasional contrincante, podremos decir de nosotros lo que creemos el otro espera que seamos, pero la verdad surgirá y nada podremos hacer por ocultarla, nuestra esencia es más fuerte que nuestra apariencia.
El hombre es una criatura tan complicada de analizar como de comprender. Frente a algunas situaciones de los últimos días surgen preguntas de respuestas casi imposibles de hallar: cómo alguien que fue por años un referente social fuerte en lo que respecta a ética y cordura, que se metía en nuestra casa a través de la televisión como “uno más de la familia”, se muestra hoy ante todos con una actitud tan ambigua como para llevarlo a apoyar lo que dice rechazar, cómo alguien que dice no agredir descalifica al contrincante comparándolo con los responsables de la historia más cruel vivida en nuestro país, cómo podemos decir que hoy estamos diametralmente en desacuerdo con lo que ayer decíamos estar de acuerdo, podremos argumentar razones pero nunca negar aquello que se muestra desde un archivo reciente o desde la realidad contundente y cruda.
Ni ovejas ni lobos, astutos humanos que transitan el mundo buscando la ocasión de ejercer el poder sin que nadie se oponga a ello. Rodeados de ejércitos leales, terminan por creer que sus propias “estrategias verborragias” no sólo son buenas, también son parte de una verdad absoluta.
En medio de esta marea de contradicciones intentamos construir un país capaz de alcanzar un lugar privilegiado entre las naciones más dignas del mundo. Tarea imposible si de una vez por todas no somos capaces de afrontar desde la verdad los problemas que nos aquejan y dejamos de defender “nuestra quintita” para ocuparnos del bien común.
Ninguna solución será la correcta si partimos de un diagnóstico vacío de realidad y de verdad. Flaco favor hacemos a la democracia si en nosotros prima la intolerancia que nos lleva a ver a una enemigo al acecho en aquel que piensa distinto o nos señala los errores que la soberbia no nos permite ver o nos conduce a ocultarlos.
Reconocernos humanos nos permite ver a nuestros aciertos como un logro más y a nuestros desaciertos como un desafío a vencer.
Reconocernos humanos nos permite dejar de gastar energía en endiosarnos para utilizar la misma energía en humanizarnos.
Tal vez llegó el tiempo de vernos tal cual somos, con nuestras virtudes y defectos sin sentirnos por ello ni mejores ni peores, simplemente escribas de nuestra propia historia, una historia brillante si tenemos la voluntad de escribirla desde la dignidad del humilde que cuenta con la verdad como única arma, con la esperanza como combustible, el amor como medio y con la fe como impulso.
Dios y la Patria nos reclaman a diario que juremos con gloria vivir.