Opinion - Juana Trovati
El arte de dialogar, una clave para lograr acuerdos
07-05-2008
En la búsqueda de acuerdos se establecen los diálogos, palabra repetida hasta el cansancio en estos últimos días, palabra que suena como un eco descontrolado pero vacío de sentido.
Mucho son los que pusieron en este conjunto de letras la esperanza de ser comprendidos o por lo menos, escuchados.
Muchos otros se disfrazaron de dialoguistas y utilizaron a esta palabra como un escudo para protegerse de cualquier intento por modificar su posición frente al conflicto.
Cierto es que un diálogo se establece entre dos o más personas, el discurso, es simplemente un monólogo donde muchas veces ni siquiera el que habla se escucha, ya que de ser así no diría todo lo que dice.
El discurso repite una y otra vez que vamos bien, que económicamente estamos mejor.
Este mismo discurso confronta dos ideas casi antagónicas: distribución de las riquezas de manera equitativa y endeudamiento para la construcción de un tren modernísimo para uso de unos pocos, en contraposición: nada de inversión para sus hermanos pobres que transportan como ganado a miles de trabajadores.
De obras faraónicas podemos hablar mucho aquellos que transitamos la vida por más de medio siglo, el ejemplo más reciente lo encontramos en la construcción de una pista para que aviones repletos de aceitunas partan rumbo a distintas partes del mundo, o para que cientos de pasajeros embarquen rumbo a la estratosfera, en el camino quedaron el traslado de la capital, la aeroísla que remplazaría al aeroparque, y la más grave por ser necesaria y posible de concretar: La limpieza del Riachuelo.
En ninguno de estos proyectos estuvo presente el diálogo, sólo el discurso fue el mensajero, un discurso que estratégicamente protegió de reproches fundados a sus trasnochados mentores.
En el enfrentamiento con los productores agropecuarios se buscó desde el discurso establecer una contienda entre el campo y la ciudad, de un lado y de otro, en medio de ella algunos obsecuentes vieron su posibilidad de manifestar su lealtad con el poder y ganarse un espacio en un palco de cualquier manera.
Como suele pasar en todo diferendo es imposible mantenerse al margen de él y fue entonces cuando se buscó de todas formas ganar aliados.
Amenaza de desabastecimiento, incendios provocados o no controlados, suba de los precios sin que nada se haga por detenerlos, ocuparon el lugar del diálogo y se manifestaron de manera espectacular y alarmante.
Lo espectacular no siempre es lo adecuado, es sólo una cortina de humo que al desvanecerse nos muestra tan frágiles y volátiles como las cenizas.
Un país moderno y serio busca construir bases sólidas que sustente su credibilidad frente a las naciones del mundo a partir del diálogo que construye desde el poder legislativo y se concreta a través del ejecutivo amparado por un poder judicial autónomo.
La ausencia de diálogo es peligrosa en una sociedad que tiene mucho por hacer y muy pocos constructores.
Este es un país que necesita de todos y cada uno de nosotros, un país que de una vez por todas esté poblado por personas capaces de descubrir que aquello que nos une es mucho más importante que lo que nos separa.

Comentarios de los lectores
Enviado por: graciela goi / 09-05-2008 15:36
Excelente comentario....
Felicitaciones a la Sra Juana Trovati.
Estoy de acuerdo con ella.