
Miles lograron ingresar una manifestación a la plaza Murillo, donde están los palacios legislativo y ejecutivo, más la Prefectura paceña; cosa poco usual, ya que la policía no lo permite nunca. Esta vez dejaron pasar a la multitud alteña que llegaba para cercar al Senado Nacional y exigir la aprobación de una, dos y otras leyes más. Así se trabaja hoy, cercados los constituyentes en Sucre, cercados los senadores en La Paz. Y siguen llegando las marchas que vienen esta vez del campo a la ciudad, a exigir que los de la derecha voten a la izquierda, o que la izquierda vote a la derecha. Estamos todos locos.
Justificaba un taxista, en medio del lento tráfico de la ciudad bloqueada por las manifestaciones, que los senadores no querían aprobar el Bono Dignidad; esa era razón suficiente para ponerle un corralito al Senado y obligar a los senadores a votar, aprobar y cumplir con el designio de las multitudes, que a la sazón deben tener la razón porque suelen ser multitudinarias. Entonces yo, constituyente del MAS o senador de PODEMOS, que estoy en desacuerdo con esa decisión, el tal bono, la otra ley, o con un contrato internacional cualquiera, pongamos que con Irán, tengo que votar en contra de lo que creo justo y correcto y bueno para mi país, porque así le da la gana a la multitudinaria marabunta, que quiere lincharme si no les doy, no la razón (que no puedo), sino el voto.
Clasificación de marabuntas, siempre multitudinarias, siempre listas para actuar: La marabunta neoliberal. La marabunta comunitaria. La marabunta aristocrática. La marabunta campesina. La cocalera. La oligarquica. La marabunta a secas. Así vamos a comernos la cosecha, la poca industria que queda, los abarrotes en los mercados. Como dice el viejo dicho, tantas veces repetido: cinco mil millones de moscas no pueden equivocarse, ¡comamos mierda! Hacia allí vamos voraces, con tanta voluntad y tesón que podríamos ser un ejemplo.
En tanto que humano individual, corresponde hablar con uno mismo y aclarar por donde se puede ceder o negociar los principios personales, en aras de la paz y la convivencia; al mismo tiempo que vale la pena tener más claro aún aquello que no se puede ceder, ni claudicar, ni negociar, pase lo que pase o venga lo que venga.
En tanto que ciudadano, corresponde explicar aquello que uno entiende que está sucediendo, así sea contra el viento y la marea, porque no hay tormenta que dure, ni noche que no aclare. Y lo digo para ambos lados, en contra de las marabuntas destructoras, vengan estas de oriente u occidente, hablen en el lenguaje que hablen, sean indios o blancos, me da exactamente igual.
Yo lo critico al Evo (bolivianismo de por medio) no por indio, sino por populista, inepto y mentiroso, y no gusto de Maricovic no por su origen eslavo, sino porque parece un restaurador de la derecha más troglodita y racista del planeta. Y si cualquiera de ellos me acusa (a mí o a otros como yo) de racista, solo por criticarlo, es por el puro complejo y resentimiento que cargan encima, junto a varios que también dirigen instituciones, movimientos y sindicatos. Y que terrible (los bolivianos lo sabemos bien, desde hace muchos años, como parte de la vida cotidiana) es tener a la cabeza, al mando del proyecto en el que uno está empeñado, a un acomplejado.
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