
La convención del partido demócrata estadounidense, llevada a cabo la semana pasada, estuvo divertidísima. Obviamente no lo digo por haberse tratado de un maratónico show televisivo de cuatro días, ni porque lo que se dijo allí no haya sido importante, sino por las asombrosas similitudes de forma y de fondo con nuestra criolla y subdesarrollada política local. Comprendo que lo que estoy diciendo puede sonar completamente surrealista, pero, guardando las distancias en cuanto a la calidad del espectáculo, el evento parecía una alucinante mezcla entre una convención del MNR en épocas de Sánchez de Lozada, y una convención del MAS.
No es broma. La sucesión de estribillos y eslóganes coreados y enarbolados en miles de coquetas pancartas rezaban el familiar ´¡sí se puede!´, y el autóctono ´¡unidad!´, típicamente característico de pugnas partidarias internas en donde los caudillos se sacan la mostaza por el liderazgo, y un par de días después, deben jurar a los cuatro vientos que son uña y mugre, unidos en aras de intereses mayores. También igualito que acá, se escuchaba el rugido del ´¡cambio!´, y el abucheo de ´¡más de lo mismo!´ cuando se aludía al rival republicano, lemas archiconocidos por nosotros en diferentes campañas.
Estas semejanzas podrían explicarse de dos maneras. La primera: probablemente los especialistas en la realización de encuestas preelectorales y asesoramiento en estrategia, sean más o menos los mismos que trabajaron para Goni y para muchos otros candidatos de la región, y se saben bien la formulita para cuando la gente ya está, digámoslo claro, emputada. La segunda: estas formulitas multiuso funcionan universalmente, y son características de partidos ´populistas´ y ´demagogos´, dispuestos a decir cualquier cosa para ganar una elección.
Pero lo extraordinario estuvo en el discurso de aceptación del nominado a la presidencia. Barack Obama insistió, al menos en cinco oportunidades, en la necesidad de acabar con el poder de ´los privilegiados´ de su país; anunció que no vacilaría en cortarle la uñas a las grandes empresas petroleras; propuso profundas reformas para que el Estado vuelva a cumplir con el pueblo inerme y desprotegido en temas de educación, salud y seguridad social; aclaró que lo importante no era su figura, sino la legitimidad de un proceso que nacía desde abajo, desde la gente, hacia arriba; dijo que estaba consciente de no reunir el tradicional perfil, ni tener el pedigrí (textual) de los poderosos de Washington; denunció la escandalosa exclusión y discriminación racial y de género imperante, y prometió que restituiría las promesas originales de sus antepasados. Increíble. Sólo le faltaba el dedito índice levantado para ser la calca de Evo Morales. ¡Parecía que en cualquier momento iba a proponer bajarse el sueldo de presidente a la mitad!
Los fantásticos parecidos entre el discurso de Obama y Evo Morales no pueden ser pasados por alto. Si al menos la mitad de los norteamericanos piensan así, esto nos está mostrando los límites del capitalismo desde su núcleo más duro. Resultaría entonces que, desde el confín del mundo, no estaríamos tan equivocados en el cuestionamiento de un modelo que hace aguas, inclusive en casa. Y sería un balde de agua fría para quienes piensan que imitando a los dueños (o ex dueños) del mundo, nuestro éxito está garantizado, y que oponerse al sistema político y económico globalizado es una locura anacrónica.
No importa si Barack Obama pierde o gana las elecciones, o si desde la presidencia puede hacer posible el cambio que propone. Lo importante es que parece que la mecha también allá se ha encendido.
*Ilya Fortún
es comunicador social.
OPINIONES 







OTRAS NOTICIAS Grupo Ociocrítico.com © Copyright 2006 - Todos los derechos reservados | Correo electrónico | Quienes somos | Aviso legal | Política de privacidad ![]()
Powered by Tecnilógica