Alarmadas por el aumento de la violencia machista, que se ha cobrado la vida de doce mujeres en lo que va de año, las autoridades chilenas endurecerán las penas por el llamado "
crimen pasional" y también las agresiones en el noviazgo.
El gobierno de la socialista
Michelle Bachelet pretende ampliar la cobertura de la Ley de Violencia Intrafamiliar, que actualmente no protege a las víctimas que no conviven con los agresores y rebaja las penas por actuar en un "
arrebato de locura".
Esa ley, aprobada durante la presidencia de
Ricardo Lagos, es la segunda norma orientada a proteger a las víctimas de malos tratos en Chile, donde en 2007 hubo 62 asesinatos de mujeres.
Fue con la llegada de la democracia en 1990 cuando los golpes y las agresiones en el hogar "
se convirtieron en un tema público", explicó a Efe
Eliana Pérez, asistente social del Servicio Nacional de la Mujer (Sernam), creado en 1993 con el presidente
Patricio Aylwin.
Un grupo de mujeres, que ya bajo el régimen de silencio impuesto por el dictador
Augusto Pinochet alzaban su voz contra los puños, comenzaron a pedir "
democracia en el país y en la casa", una reivindicación que el Sernam hizo suya con una incipiente política de protección a las víctimas.
A partir de 2000, las autoridades implementaron redes locales con apoyo de carabineros, consultorios, fiscalías y tribunales de familia, y bajo el amparo de la ley de 1994 comenzó la capacitación policial y se aplicaron las primeras multas a los agresores.
Pero esa norma se reveló insuficiente y en 2005 se aprobó la actual Ley de Violencia Intrafamiliar, que por primera vez consideró delito los daños físicos y psicológicos dentro del hogar y eliminó los actos reparatorios que, por ejemplo, permitían al agresor suplir el castigo con una cena romántica, según explica Pérez.
El gobierno de Michelle Bachelet, que accedió al cargo en marzo de 2006, pretende ahora ampliar las competencias de la ley con un proyecto que el Congreso debatirá a partir de marzo y que busca intensificar la acción pública contra la violencia machista.
La ley actual tipifica la violencia psicológica como delito y contempla medidas preventivas, como la obligación de que el agresor abandone el hogar que comparte con la víctima o la prohibición de acercarse a ella.
Sin embargo, sólo establece la vía penal para las agresiones que causen lesiones y sean "
habituales", por lo que "
no toda la violencia doméstica es constitutiva de delito", declaró a Efe la psicóloga
Pamela Cáceres, quien trabaja en un centro publico de atención a víctimas.
Uno de los cambios que estudia el gobierno es incluir en la ley la violencia dentro del noviazgo o de las relaciones informales, ya que actualmente sólo protege a las víctimas casadas o que conviven con el agresor.
Eliana Pérez cree que esta modificación es necesaria, ya que la mitad de los asesinatos se producen durante el noviazgo, y apunta además la conveniencia de simplificar el trámite judicial, hasta ahora dividido entre los tribunales de familia y la fiscalía.
Sergio Laurenti, director de Amnistía Internacional en Chile, que forma parte de la Red Chilena contra la Violencia Doméstica y Sexual, declaró a Efe que la actual ley "
es un buen avance, pero resulta insuficiente, porque no provee adecuada protección y recursos para las personas en riesgo".
Con el fin de incrementar las condenas, el ejecutivo quiere tipificar también como parricidio el asesinato de una ex cónyuge o ex conviviente.
Además, el proyecto faculta a los jueces para obligar a los agresores a presentarse regularmente ante la policía e impide rebajar las penas por actuar bajo un arrebato o momento de locura, con el fin de desterrar el concepto de "
crimen pasional".
Varios diputados han pedido que los jueces estén obligados a dictar una orden de protección cuando haya riesgo inminente y que la fiscalía pueda investigar de oficio las denuncias por maltrato habitual.
Asimismo, el Gobierno prepara un programa de atención integral a víctimas de violencia y otro de terapia para hombres agresores.
Como todas las leyes relacionadas con el ámbito privado de las emociones, este plan refleja los cambios en la sociedad chilena, con relaciones más abiertas e igualitarias dentro y fuera del hogar.