Opinion - Wilson Tapia Villalobos
Música desafinada
15-07-2008
Los exabruptos siempre llaman a la condena. Se salen del esquema establecido. Rasguñan la norma y parecen hacer peligrar el andamiaje conocido. Es lo que produjo el agua lanzada ayer por Música Sepúlveda Cavieres, una chica de 14 años, sobre el rostro de la ministra de Educación, Mónica Jiménez. Hoy se escucha un afiatado coro de censura. La presidenta Bachelet condenó el hecho, senadores, diputados, clérigos, alcaldes, candidatos, todos se muestran alarmados. Raúl Alcaíno, alcalde de Santiago, ya pidió que la agresora sea expulsada del colegio municipalizado Darío Salas Y Música no muestra arrepentimiento.
Están todos los elementos para crear un culebrón mediático. Que, además, contaría con el beneplácito general. Hay que hacer respetar las reglas democráticas, dicen los líderes. Y, entre éstas, una principal es el diálogo, sin jarrazos de agua incluidos. Cómo no encontrarles razón. No se puede dialogar entre chapuzones. La ministra es una autoridad que estaba dispuesta al diálogo. Y la instancia se frustró, con la consiguiente baja en el crédito para la belicosa joven y sus compañeros en la protesta contra la Ley General de Educación (LGE). De paso, también habría perjudicado a los profesores, que se negaron a sumarse al orfeón condenatorio.
Algunas voces se han preguntado, con un contenido encomiable de equilibrio, ¿hasta dónde vamos a llegar? La respuesta resulta compleja. Es cierto que el diálogo es esencial en una democracia. Pero en una democracia que funcione, también es indispensable la participación. Y la ministra no ha dado muestras de amplitud. Incluso calificó -antes del agua- de irreconciliables los planteamientos del gobierno y de los estudiantes. Eso me suena a portazo.
Por otra parte parece que los líderes han olvidado que el problema de la educación lo reflotaron los pingüinos. Hasta que los jóvenes no salieron a protestar a las calles, se podía pensar que la educación chilena era mala, aunque no tanto. Que la reforma realizada en la administración de Eduardo Frei Ruiz Tagle (1994-2000) había dado frutos espurios, pero frutos al fin.
Todo parece indicar que los entendimientos logrados en aquellas instancias -con los pingüinos en la calle- fueron esparcidos por un viento sibilino. El acuerdo entre el Gobierno y la oposición para dar vida a la LGE no contó con el aval, ni la participación, de esos actores olvidados. Y fueron ellos los que se llevaron más de un chapuzón, mucho más que un lumazo y las iras paterna y social. Varios fueron expulsados de sus colegios, a ver si aprendían a no meterse más en cosas de grandes.
En resumen, la educación sigue mala. Sus fundamentos son discutidos y la estructura en que se afinca es rechazada por sectores amplios. Que hoy el obispo Goic -el mismo que habló del sueldo ético- diga que la Iglesia Católica defiende el lucro, no es suficiente. Algo está pasando en la sociedad. No es sólo que grupos extremistas le laven el cerebro a unos cuantos descarriados. ¿Cómo explicarles a los ciudadanos que a profesores y estudiantes se les impide realizar una marcha para protestar contra la aprobación de la LGE y un grupo neonazi recibe el beneplácito de la autoridad para desplazarse por el centro de Santiago? ¿Cómo explicar la violencia de la policía para reprimir a los muchachos?
Música Sepúlveda decía que le había lanzado agua limpia a la ministra. No el líquido nauseabundo ni los gases tóxicos con que ella y sus compañeros son dispersados por Carabineros.
Cierto, nada justifica la ruptura del diálogo en democracia. Pero esa es una premisa para todos. Y la gente lo está entendiendo. Es posible que si hoy se hace una encuesta, la mayoría de los chilenos condene a Música. No quieren la confrontación. Desean el entendimiento. De allí que en la última encuesta CEP, los peor evaluados hayan sido los senadores Evelyn Mathei (UDI), Jovino Novoa (UDI), Pablo Longueira (UDI), Alejandro Navarro (PS) y Jorge Schaulsohn (ex PPD). Los tres UDI y Schaulsohn seguramente recibieron el rechazo de la gente porque los percibe críticos destructivos y no propositivos. El caso de Navarro es diferente. Hablar en estos días de cambios revolucionarios resulta, en el mejor de los casos, anacrónico y, en el peor, espeluznante.
Pero eso no quiere decir que la gente esté conforme con los mecanismos de participación y la manera de hacer política. Las peores calificaciones de la ciudadanía son para los partidos, las coaliciones políticas y los políticos. Lo que nos dice que los chilenos, pese a la persistente manipulación a que los someten los medios, son resistentes. Se dan cuenta de lo que está ocurriendo. No quieren ir a la confrontación. Pero tampoco, creo, desean comulgar con ruedas de carreta.
Pareciera que es cuestión de tiempo. Los oídos sordos producen las explosiones sociales. Y allí no son gotas de agua las que mojan mejillas y vestimenta ministerial.
Estuvo mal la Música, qué duda cabe. ¿Alguien puede sostener, sin embargo, que la orquesta no está desafinando desde hace rato?
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Wilson Tapia Villalobos
Periodista