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Democracia posmo
Opinion - Wilson Tapia Villalobos

Democracia posmo

11-06-2008
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Pese a todos los esfuerzos -más virtuales que reales-, en Chile aún seguimos en transición hacia la democracia. Sin embargo, paralelamente hemos tenido la habilidad de dibujar un sistema que es novedoso. Distinto a lo conocido. Y que cuando terminemos la transición nos habrá llevado a algún lugar sorprendente. Posiblemente, espeluznante.

Esta idea me empezó a rondar luego de la frase del ex presidente Ricardo Lagos acerca de que en Chile las instituciones funcionan. Se refería a los poderes del Estado. Aquel presidente terminó su mandato con un apoyo inusitado, cercano al 70%. Cierto, eso duró hasta que se apagaron las luces. Pero en el momento en que lo dijo, los mismos chilenos que lo apoyaban calificaban al Parlamento, y a la Justicia, a nivel de bazofia. Alguien estaba equivocado.

De esta pincelada uno puede sacar dos conclusiones importantes. La primera, que en Chile la participación decididamente no existe. La opinión de la cúpula no se condice con lo que opina la base. Es más, posiblemente aquella no sabe ni le interesa lo que piensa ésta. Y la segunda conclusión es que nuestra democracia posmo está hecha a la medida de polillas que se encandilan con las luces de la TV. Y son los medios de comunicación los que dictan las pautas, los que hacen o deshacen líderes.  

Ejemplos los vemos a cada instante. Hoy, el contenido de los mensajes políticos poco importa. Los programas de gobierno son meros referentes de campaña. Y si alguien osa peguntar por el ideario de los partidos, lo menos que le puede ocurrir es que lo acusen de anacrónico. Lo relevante es que la cámara tome al declarante desde su ángulo más conveniente. Que éste conteste preguntas insulsas como si fueran importantes y lo haga en el menor tiempo posible.

Confieso que me gustaba ver a la presidenta cuando, siendo ministra de Defensa, revistaba tropas. Lo hacía con una marcialidad que mostraba respeto y compromiso. Luego, ya mandataria, me siguió entreteniendo ese aire castrense que no era a la medida de su cargo anterior, sino tal vez una manera de ser.

Y como la vida es un conjunto de retazos, vino un programa de Televisión Nacional, el canal de todos los chilenos. Se llamaba Pelotón. Allí se hacía una apología a lo militar. Era el reality que la dictadura no se atrevió a presentar. Los spot  llamando a inscribirse en La Marina, La Fuerza Aérea, el Ejército o a ingresar a Carabineros, eran un juego de niños. Competitivos, sí, pero obra de aficionados. En Pelotón el mensaje calaba hondo. Los gritos de mando, el desarrollo físico, el hacer sobre el pensar, el esfuerzo al límite para subir por subir o bajar por bajar. Como es la preparación para ser especialista en muerte. 

Con la trágica desaparición del general Bernales, el círculo se cerró. Fue la utilización macabra de una desgracia. Los juicios respecto a su bondad como ser humano, hay que dejarlos a quienes lo conocieron íntimamente. Puede haber apreciaciones oficiales relativas a su gestión. Puede decirse que fue un servidor público ejemplar. Puede hablarse de su sensibilidad y entrega a la institución que dirigía. Todas opiniones sujetas a revisión, porque también habrá otras. Pero la muerte no hace mejores a los hombres, a no ser que nos transformemos en hipócritas. Sin embargo, después de 72 horas de machacar, los medios de comunicación, con la anuencia oficial, ya habían fabricado un ícono, creado un referente, con el manido nombre de “general del pueblo”. Y me empezó a dar vergüenza.

Mucha más de la que me dio cuando el ministro de Hacienda, Andrés Velasco, dijo que la economía de mercado es progresismo. Y lo dijo en una cita internacional de partidos progresistas. O cuando el ex- presidente Patricio Aylwin sostuvo que,  guste o no, la economía social de mercado es el mecanismo más eficiente para generar riqueza. Y agregó que sin justicia social, el mercado es cruel. No sé cómo podría comprobar tal aserto.  El mercado nunca ha manifestado sensibilidad social. No había por qué extrañarse. Aylwin pasará a la historia por buscar la justicia “en la medida de lo posible”. ¿Por qué sorprenderse, entonces, de que lo dijera respecto a la economía?  Una economía que ya no habla de trabajadores, sino de “capital humano”. Como si mujeres y hombres fuéramos una abstracción y no energía, espiritualidad, racionalidad, emociones.

El capítulo más reciente de la democracia posmo en que vivimos pareció ser un reestreno. Los empresarios del transporte terrestre pararon sus camiones. La protesta era contra el precio del petróleo. De inmediato las voces de otros gremios salieron en su apoyo. Había que derogar el impuesto a los combustibles. Y el gobierno cedió. Luego ha aceptado que cometió un error al rebajar el impuesto sólo a un gremio. Fue una demostración de debilidad. Pero me temo que hay algo más.  Es la democracia posmo.  Esa en que el diálogo siempre lo ponen los débiles, porque los que manejan el poder no necesitan dialogar.

Esta democracia chilensis en continua transición hacia estadios cada vez más sorprendentes, está asentada sobre lo que Juan Pablo II -que no era precisamente un tira bombas- calificó de capitalismo salvaje. Somos ejemplo en América Latina y, posiblemente, en el mundo. Nuestra rigidez libremercadista está generando una democracia sin participación, con concentración económica vergonzosa y con  miradas unívocas, porque los ojos del mundo, que son los medios de comunicación, aquí muestran sólo lo que los ojos del gran capital quieren que veamos.

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Wilson Tapia Villalobos
Periodista
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