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Los ochenta años de José Miguel Varas
Opinion - Luis Alberto Mansilla

Los ochenta años de José Miguel Varas

31-03-2008
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El paso del tiempo y sus calamidades parece no tener nada que ver con el escritor José Miguel Varas. Cumplió recién ochenta años y sus amigos celebraron su condición de octogenario, con un brillante acto en la Sala América de la Biblioteca Nacional y con una cena de más de un centenar de comensales. En ambos festejos hubo buenos discursos y el propio Varas desplegó ingenio y juventud. Solo protestó contra un brindis musical que decía “que viva cien años más”. Si eso ocurriera sería un Matusalén y tal vez resultaría difícil desplegar su ingenio, sus rápidas crónicas, sus frescas pinceladas que parecen a veces continuar su libro “Cahuín”, escrito en años adolescentes.

Para muchos Varas es el mejor cuentista chileno vivo. Así lo reconoce incluso el crítico Ignacio Valente, que está en las antípodas ideológicas del autor. No es un juicio superlativo porque pocos prosistas como Varas han penetrado con tanta gracia y profundidad en el hombre chileno común. Sus personajes son antihéroes, gente de la multitud humana: vendedores ambulantes, cesantes, artesanos, campesinos, gente de la periferia social, seres a menudo inocentes y sin aspiraciones de ser grandes protagonistas. No hay nada extraordinario en sus historias: es la vida que transcurre simple, con sus pequeñas sutilezas, con sus golpes inesperados, con los descubrimientos que todos hacemos en nuestra existencia cotidiana.

Varas fue locutor y periodista profesional. De alguna manera sus relatos son autobiográficos. En medio de esos oficios escribió y vivió en sus escenarios inmediatos lo que le ocurre a sus personajes y los dibuja con cierto humor y una leve ironía sobre su destino y preocupaciones.

Demostró que podía ir más allá de los cuentos breves, tiernos o patéticos. Durante un  tiempo escribió un relato a la semana para el diario La Época. Es autor también de tres grandes libros de largo aliento: la novela “El correo de Bagdad”, el delicioso relato llamado “Los sueños del pintor” y la novela “Milico”. Tal vez Milico sea la mejor novela escrita sobre los siniestros años del pinochetismo y del aplastamiento de la democracia chilena. Su gran mérito es una visión desde dentro, desde las entrañas del autor, de una tragedia colectiva, la impotencia ante la fuerza bruta, la respuesta de una conciencia, el enfrentamiento sin retórica con la muerte, la trama del destino de un hombre simple y fiel a sus valores y definiciones. Todo hace que “Milico” sea un gran libro cuyos valores crecerán con el tiempo. Asimismo, es imposible no mencionar en la literatura de Varas sus notables crónicas sobre Pablo Neruda, “Nerudario”, “Neruda clandestino”, y “Neruda y el huevo de Damocles”, que dan cuenta de la admiración y también del conocimiento personal del gran poeta. Escribió, además, dos reportaje de enjundia humana sobre sencillos y férreos militantes revolucionarios, que son los héroes de sus libros “Chacón” y “La Novela de Galvarino y Elena”.

Durante la dictadura, el trabajo de periodista de Varas fue conocido en el mundo por el programa “Escucha Chile” de Radio Moscú, que él dirigió y fue una voz de los que no tenían voz. Señaló, además, los avances y los retrocesos de la lucha por la reconquista de le democracia y la dura batalla contra un régimen de represión y opresión.

Los amigos y lectores de Varas dijeron que “los ochenta años no se le notan”. Así es. Proyecta nuevos libros y no descansa. Es un escritor chileno indispensable a quien ni siquiera ha envejecido el Premio Nacional de Literatura que -se dice- convierte en estatua a los consagrados.

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Luis Alberto Mansilla
Periodista
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