Opinion - Walter Krohne
La pesadilla de Bush comienza a ser tema de historiadores y novelistas
10-11-2008
Quedan unos ochenta días para que el republicano George W. Bush se vaya de la Casa Blanca llevándose quizá el título del presidente más mal calificado en toda la historia de Estados Unidos, como dicen connotados analistas políticos y también las encuestas que le dan una aceptación de sólo 25 por ciento, tan baja como la que llegó a tener el presidente Richard Nixon en 1974, cuando se vio obligado a renunciar al cargo tras verse vinculado al escándalo de “Watergate”.
Bajo el mandato de Bush, la potencia del norte retrocedió a la era del gran “cowboy”, intentando resolver graves problemas políticos o geopolíticos a través de las guerras, primando la demostración de la fuerza militar y los engaños de la inteligencia y el espionaje barato y corrupto en todos los lugares donde los estadounidenses pusieron el pie en los últimos ocho años.
No hubo respeto por los valores esenciales del hombre y los derechos humanos fueron especialmente pisoteados, como se demostró en Irak y en la base militar de Guantánamo en Cuba, donde funciona el mayor campo de concentración de prisioneros y tortura del siglo XXI. En estos años, el estado de derecho fue casi inexistente. La Convención de Ginebra sobre tratamiento de prisioneros de guerra fue violada permanentemente. Todo esto originó una gran decepción mundial, especialmente en quienes consideraban a Estados Unidos como líder en materia de derechos humanos.
Pero no sólo la violencia marcó al gobierno de Bush, sino que perjudicó al mundo también en otros campos. Por ejemplo, se opuso o aplicó una política dilatoria a la puesta en marcha de medidas urgentes destinadas a evitar un mayor deterioro climático global.
Tampoco se percató a tiempo, como debe ser la tarea de un estadista, del desastre económico y financiero internacional cuando se conocieron los primeros síntomas del escándalo de las hipotecas “subprime” que demostró hasta dónde podía llegar la codicia y especulaciones de los banqueros. El resultado ha sido un terremoto de grados 8 a 9 para el sistema financiero mundial que afecta directamente a entre 20 y 30 grandes bancos y que pronostica un negro panorama económico en la gran mayoría de los países, especialmente los subdesarrollados y peor aún para los que se encuentran en el denominado umbral del desarrollo.
Como Mambrú (Marlborough en la canción francesa original), Bush se fue a la guerra contra Irak sin esperar una resolución de las Naciones Unidas y teniendo como opositores a la mayoría e influyentes naciones occidentales como Alemania y Francia. Sin embargo, logró formar una alianza con varios países, entre ellos España y Gran Bretaña, para destruir a Saddam Hussein, no porque este último estuviese infringiendo principios internacionales, sino porque veía posibilidades petroleras que podrían llegar a asegurarle a Estados Unidos un nuevo autoabastecimiento petrolero tras haber perdido esta condición hace algunos años.
La de Irak iba a ser una guerra de poco tiempo de duración, máximo un año, como dijo una vez Bush frotándose las manos para expresar con gestos muy propios que esta intervención sería corta, contundente y con la menor pérdida de vidas humanas. Balance actual: Cinco años de guerra y sobre 4.000 soldados estadounidenses muertos en el marco de un balance estimativo global de 700.000 víctimas fatales entre militares y civiles.
Afganistán ha sido otro fiasco: Bush dijo que en corto tiempo se eliminaría a los talibanes, se detendría a Osama bin Laden y se le daría una nueva estructura democrática a un país con pensamientos muy diferentes y lejanos a los occidentales. Todo esto impulsado por una alianza encabezada por EEUU e integrada por unas veinte otras fuerzas, incluida la OTAN, en el marco de la denominada “Operación Libertad Duradera”. Balance actual: Los talibanes siguen combatiendo, el terrorismo ha convertido no sólo a Afganistán, sino también a su vecino Pakistán, en una gran hoguera con centenares de muertos y destrucción, y Bin Laden no ha sido apresado, a pesar que curiosamente los estrategas estadounidenses dicen saber dónde se esconde. ¿Existe realmente la figura de Bin Laden?, comienzan ya a preguntarse algunos estudiosos del tema. La guerra en Afganistán deja ya un saldo de 12.000 muertos entre militares y civiles superando con creces las 3.016 vidas humanas que se perdieron en el atentado contra las Torres Gemelas en Nueva York, el 11 de septiembre de 2001.
Este desastroso balance que deja el republicano Bush en la Casa Blanca favoreció con mucha razón y sin necesidad de mayor análisis, la bandera del cambio enarbolada por el demócrata negro Barack Obama. Fue un gran triunfo, arrasador y quizá, aparte del de John F. Kennedy en 1960, el que ha causado más euforia y esperanza en los 232 años de historia estadounidense. El cambio de Obama se ha multiplicado como ícono en los cinco continentes. Contrariamente, la cuenta final de Bush fue también un costo muy alto para John McCain y los republicanos que sufrieron la peor derrota de su historia.
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Walter Krohne
walterk@vtr.net
Agencia ORLATINA