Opinion - Luis Alberto Mansilla
Redescubrimiento de Raquel Weitzman
22-11-2008
Asistimos al lanzamiento de un libro que redescubrió como poeta a Raquel Weitzman. Transcurrió en el patio principal de “La Chascona”, la casa que Pablo Neruda construyó para Matilde Urrutia al pie del Cerro San Cristóbal, y que descubrió ante todos un amor que hasta entonces había sido clandestino.
El libro de Raquel Weitzman fue encontrado milagrosamente por su amiga, la abogada Graciela Álvarez, estaba entre los papeles de un editor artesanal a quien la autora le encargó la edición que nunca fue retirada. Raquel murió después de una larga y penosa enfermedad y nadie se acordó de sus escritos poéticos, aunque existía un libro de ella que fue celebrado como una muestra de gran poesía erótica.
Raquel fue una abogada laboral, estuvo casada con el escritor Volodia Teitelboim y fue madre de Claudio Bunster, el conocido físico que dirige en Valdivia un centro de investigaciones realizador de importantes trabajos. Los sindicalistas conocen a Raquel Weitzman como una de sus más tenaces y valientes abogados. Donde quiera que hubiera alguna causa de los trabajadores y sus conflictos con las empresas allí estaba ella decidida a imponer los derechos y las leyes que los favorecían.
El libro presentado en “La Chascona” era desconocido hasta por sus más íntimos amigos. Raquel Weitzman ocultaba sus inclinaciones poéticas porque las consideraba muy ajenas a las actividades en que era conocida. Escribía casi en secreto, era una mujer bella y de poderosa personalidad. Se caracterizaba por ser desprejuiciada y enemiga de las falsas convenciones moralistas. Su primer libro celebró las relaciones físicas como un signo del amor total. No creía en las “relaciones del alma sola”, como dice Violeta Parra. Celebraba la plenitud sexual como el acto físico supremo del amor entre dos seres decididos a crear vida y reproducir otros seres.
Se suponía que en su segundo libro recién descubierto insistiría en los temas eróticos y ya se hablaba de Raquel Weitzman como autora de una poesía pagana. Pero no es así. El libro de ahora se llama “brut natura” y es un canto a la alegría de vivir, al milagro de gozar de los dones de la existencia y de la belleza de todo lo que nos rodea: “llegó la primavera / y yo todavía vivo / la vida ciegamente / con este milagro / que es mi cuerpo / sin sorprenderme / como algo natural”.
Al parecer los poemas fueron escritos cuando Raquel tenía claro que era víctima de una enfermedad que terminaría con sus días y por lo tanto escribió un canto conmovedor a cuanto amaba, a los seres humanos en primer lugar.
El acto al que asistimos nos pareció emocionante. Raquel Weitzman surgió en los recuerdos de sus amigos José Miguel Varas, Poli Délano y Virginia Vidal. La lectura del libro nos ha devuelto el alma, la lucidez y el encanto de una mujer extraordinaria que fue valiente, batalladora y solidaria. Como poeta es de un vuelo vital, apasionada y llena de amor al tránsito humano, que en su caso fue un gran acto de compromiso con todo lo que fue parte de su valiosa vida.
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Luis Alberto Mansilla
Periodista