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La nueva gran crisis no es más que la historia de “macucos” y “macacos”
Opinion - Walter Krohne

La nueva gran crisis no es más que la historia de “macucos” y “macacos”

01-10-2008
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Algunos opinólogos se hacen poco creíbles cuando comentan la actual crisis financiera mundial  pronosticando el fin del capitalismo como sistema económico y social. Más que  una opinión parece ser una especulación con escaso sustento histórico,  porque el capitalismo ha dominado el mundo al menos desde el siglo XVI, siguiendo el ritmo de la conducta humana, con debilidades, ambiciones, codicias  y demandas. Si alguna vez se modificó algo en la marcha de este sistema, fue en los 74 años en que en una parte del globo terráqueo predominó una economía planificada, al menos en teoría, y que terminó en un verdadero desastre por una mala administración general, corrupción, falta de incentivos y también por el propio capitalismo occidental.

Lo que sí es cierto es que tras este “desplome” estadounidense podría terminar la excesiva confianza y falta de control que condujo a algunos personeros al aprovechamiento indebido, arrastrados por la codicia para enriquecerse a costa de millones de ahorradores, cuando eran los mandamases de grandes consorcios financieros. En otras palabras, lo que se puede esperar es un ajuste moderado en la aplicación del modelo neoliberal o –que me perdonen los economistas- aspirar a una socialización parcial del neoliberalismo, como sería poner en marcha una verdadera economía social de mercado.

¿Quiénes deben pagar ahora las cuentas de esta tremenda farra?

Los mismos de siempre, los trabajadores, los que menos tienen, la clase media, y lo harán tarde o temprano con más impuestos. Hoy se dan una serie de explicaciones técnicas que la gente  común no comprende. Se dice, por ejemplo, que el salvavidas estatal de 700.000 millones de dólares no le sería cargado a los contribuyentes en su totalidad, porque una parte de éste se utilizaría en la adquisición de activos contaminados, causantes de la crisis, para así intentar una recuperación del dinero a largo plazo.

En el fondo no son más que argumentos para salir del paso, porque, como siempre, la clase trabajadora será  la que más sufrirá las consecuencias en el período que viene con  años de  inestabilidad hasta que el terreno se asiente  otra vez tras las réplicas del gran terremoto. Las características  serán  desempleo, más inflación, encarecimiento de la vida, créditos más caros, caída de los precios de las materias primas, descenso de las ventas, dificultades de acceso al mercado estadounidense y  para algunos, también la pérdida inevitable de parte de los bienes adquiridos con trabajo y mucho esfuerzo. Este cuadro no sólo será válido para Estados Unidos y los estadounidenses sino también para América Latina y los latinoamericanos.

Mientras tantos los “mandamases” estarán tratando de pasar lo más desapercibidos posible, escondidos en mansiones del Caribe, en islas del Pacífico o en la Costa Azul, hasta que otra vez las aguas se calmen. Es en el fondo el mismo “filme” que ya hemos visto tantas veces y que la historia nos recuerda a menudo.

El problema de este capitalismo rabioso o neoliberalismo no debe sólo limitarse a Wall Street y sus alrededores, donde se ubican los denominados bancos de inversión, los “macucos” de las especulaciones y de operaciones para obtener más ganancias y romper las limitaciones que les imponía el propio mercado, que es el regulador válido  del modelo.

Los efectos y daños de esta fórmula “mágica” creada por muchos de los “macucos”, pero cultivada y depurada por conspicuos profesores de Chicago en la mitad del siglo pasado, se aprecian hoy en casi todos los puntos del globo terráqueo. Esto porque los controladores del gran capital hacen y deshacen a sus anchas anulando completamente al poder político, cuyos representantes son para los “macucos” no más que unos “macacos”. En otras palabras, los “macucos” están pisoteando o comiéndose  a los “macacos” y manejan el mundo. Todo esto en el marco de una visión caricaturesca del escenario mundial en el que vivimos.

¿O no es así en este Chile lindo, donde los “dueños extranjeros” de las autopistas hacen lo que quieren y se ríen a toda boca de los “macacos” chilenos, o las Isapres que ajustan sus tarifas anualmente después que han cobrado sin vergüenza más dinero durante todo el año con el permanente encarecimiento de la UF, o las AFP que manejan a sus anchas el dinero previsional de los trabajadores chilenos o los negocios con la educación que ya no tienen límites o el interés anual que cobran los bancos por un crédito que llega a veces al 50 por ciento?

Y todo esto a vista y paciencia de los “macacos chilensis”, que por ser más papistas que el Papa, siguen a pie juntilla todas las regulaciones del modelo neoliberal, en el cual el Estado no puede intervenir sino sólo mirar y esperar la reacción del mercado. Son temas que no se tocan en la vida diaria y más bien se soslayan; sólo se tratan cuando hay elecciones.

Quizá esto explique en parte el arrollador triunfo del presidente ecuatoriano Rafael Correa el domingo pasado, en el referéndum constituyente, quien calificó de “una paliza para quienes se creían dueños del país”. Con el 66,4 por ciento de votos a favor, Ecuador ha dicho no a la dolarización y ha proclamado la esperada revolución ciudadana.

Cómo macacos chilensis que somos… ¿No nos queda otro camino que esperar un efecto dominó de la revolución ecuatoriana para mejorar las cosas y poder clamar  más justicia social?

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Walter Krohne
walterk@vtr.net
Agencia ORLATINA
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