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'John Wick: Pacto de sangre': más cerca del videojuego que del cine
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'John Wick: Pacto de sangre': más cerca del videojuego que del cine

La gracia de la primera parte de 'John Wick', el hecho por el que fue tan bien recibida por los fanáticos del cine de acción, es que sus directores consiguieron entregar una película de acción que no se ahogaba en sus propios efectos visuales, en la que el trabajo de los especialistas hacía que cada escena estuviera coreografiada de manera excelente, haciendo que el espectador no se perdiera en una avalancha de efectos especiales y pudiera saborear bien la violencia. Lo hicieron tan bien que a nadie pareció importarle la insustancialidad de la historia. Ahora Chad Stahelski (que fue el doble de acción de Keanu Reeves en las películas de 'Matrix') ha vuelto con una segunda parte que es más de lo mismo, grandes peleas coreografiadas unidas por unas escenas en las que cada vez que abren la boca es para soltar un cliché.
La segunda parte arranca donde lo dejó la segunda, hay incluso un guiño a Buster Keaton al principio, como para dejarnos claro que tampoco se toman muy en serio a sí mismos. Se agradece pero Keaton sabía montar una historia tan bien como coreografiar la caída de un tren por un precipicio. Aquí no sucede lo mismo, si cada escena de acción vale su peso en oro, el arranque, la pelea con Common terminando en el bar o el final entre los espejos (otro guiño a una película clásica, en este caso, 'La Dama de Shanghai'), cuando nos tienen que contar la historia, por muy mínima que esta sea, todo se viene abajo.

Desde el minuto uno sabes lo que va a suceder, tiene uno de los malos más malos (valga la redundancia) de los últimos tiempos, ¿de verdad que en ese submundo de matones y supervillanos no han encontrado nada mejor que ese mafioso de tres al cuarto? Pero la acción es frenética y las peleas están muy bien coreografiadas, así que debe ser maravillosa. No lo es, hay quien la ha querido comparar con la sobresaliente última entrega de 'Mad Max' pero lo que hizo George Miller fue llevar el cine de acción a su más pura esencia y lo que ha hecho Chad Stahelski es un bonito ballet de muertes, sin principio, ni final, ni nada que lo sustente. John Wick mata bien, mata mucho y, parece, que es inmortal (también porque la gente a la que se enfrenta tiene el mismo peligro que un koala cojo), eso es todo. Puede hacer 20 películas y todas serán iguales, y es que, a pesar de toda su brillantez visual, 'John Wick' está más cerca del videojuego que del cine.
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