
El último informe anual del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) sobre la situación de las remesas en América Latina concluye que ha terminado la etapa de acelerado crecimiento de este flujo de recursos y prevé su progresiva reducción.
No solo la recesión en la economía estadounidense, sino las campañas contra los inmigrantes determinan el repliegue de sus envíos de dinero desde los Estados Unidos a los países de América Latina.
Aunque el monto global alcanzó los 900 millones en 2007, con un crecimiento del 7% en relación con el año precedente, se trata de un crecimiento más bajo en relación con el aumento del número de inmigrantes. Esa expansión de las remesas es la menor desde el año 2000.
El 75% de las remesas que llegan a América Latina provine de los Estados Unidos.
En el caso del Ecuador, no se ha sentido todavía el impacto por el flujo de dinero que proviene de España de Italia, y gracias a cierta ventaja por la posición favorable del euro frente a un dólar que se ha devaluado: las remesas alcanzaron un total de 085 millones, que representan alrededor del 7% del PIB.
Uno de los sustentos de la dolarización es el ingreso de ese flujo monetario a la economía del país. No obstante, la contracción del empleo, sobre todo en áreas en las que ya se siente el impacto de la crisis, como la de la construcción, influirá sin duda en la reducción de las remesas. Una razón más, pues, para preservar fondos de ahorro petrolero a fin de afrontar aquella eventualidad.
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