
La crisis en la frontera norte ha desnudado una realidad: la prensa ecuatoriana no estaba suficientemente preparada para informar sobre un conflicto diplomático donde pesan la influencia del gobierno de Estados Unidos, el equilibrio geopolítico continental y la guerra fría entre el neoliberalismo y el populismo socialista.
Se trata de una realidad que hace rato venía madurando y que los medios no alcanzamos a prever. ¿Teníamos idea de los graves efectos colaterales de la guerra entre fuerzas militares e irregulares del país vecino?
El Plan Colombia empezó en el 2000, con apoyo de la Casa Blanca y un presupuesto inicial de 3.000 millones de dólares. El programa, cuya segunda parte ya en ejecución se denomina Plan Patriota, es un ambicioso y controvertido proyecto concebido para disminuir la producción de drogas y resolver el conflicto armado d el país vecino.
El elemento más controvertido del plan son las fumigaciones aéreas para erradicar los cultivos de coca en extensas zonas selváticas.
Las críticas, según reportes científicos, se debe a que produce daños a los cultivos lícitos y tiene consecuencias de salud contra los campesinos expuestos a los herbicidas.
Los críticos del Plan alegan que parte de la ayuda ha llegado a fuerzas de seguridad comprometidas con grupos paramilitares que, igual que los grupos guerrilleros, atentan contra sectores civiles y movimientos sociales.
Era previsible que el Plan trajera consecuencias para el Ecuador: el más dramático es el desplazamiento de miles de colombianos, quienes han cruzado la frontera y hoy viven en nuestro país en calidad de refugiados por el miedo a las masacres, asesinatos y secuestros a civiles por parte de paramilitares y guerrilleros.
Pero los sucesivos gobiernos, incluido el actual, han pecado de negligencia y poca visión estratégica. En su momento hablaron de la urgencia de desarrollar “fronteras vivas” y aplicar un presunto Plan Ecuador, pero no lo han hecho.
¿Y la prensa? Con pocas excepciones, los medios fuimos dejando el tema “para después”, como si Colombia estuviera lejos, y dimos prioridad a la tradicional agenda doméstica donde la retórica política, la macroeconomía, la farándula y el fútbol son la noticia de hoy que mata la de ayer.
Ahí están las consecuencias. El ataque al campamento de las FARC en Ecuador nos sorprendió a todos, tanto que hay una inocultable polémica acerca de qué tipo de información hacemos frente al conflicto: eres “izquierdista” si criticas las entrevistas al presidente de Colombia donde no hay confrontación periodística, pero eres “cómplice de Uribe” si exiges investigar los supuestos vínculos entre las FARC y políticos ecuatorianos. No falta quienes ven fantasmas antipatrias o patrioteros en determinadas coberturas.
¿Un problema de visión política? Quizás. Pero también un problema de periodismo: nos falta equilibrio y cabeza fría. Confundimos pasión por el oficio con pasión por la ideología. Y así confundimos al país.
Los medios en el medio
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