
El domingo habremos de aprobar o no el proyecto de Constitución elaborado en Montecristi, y saldremos de la duda de hacia dónde nos encaminamos como país. Entramos en el final de la campaña publicitaria, y pronto cesará, aunque sólo sea por muy corto tiempo, el bombardeo ideológico al que nos ha sometido, principalmente, el régimen aliancista y el presidente Correa, como eje fundamental.
A los ecuatorianos nos han tratado como a niños a los que, para que duerman, hay que amenazar con los brujas y con espectros. Indecorosamente, desde el lado oficial nos aseguran que si gana el No, concluirán de inmediato todos los supuestos beneficios y ventajas sociales y económicas que en veinte meses de gobierno nos han dado el correísmo.
Los opositores al Sí ven en la aprobación del proyecto una puerta a abierta a la instauración de un régimen totalitario.
Los que no están con ninguna de estas tendencias, apesadumbrados consideran que habrá que volver a comenzar, un proceso político y social abarcador e integral que nos dé la oportunidad de lograr cambios realistas y de largo aliento.
Nunca se ha visto una campaña publicitaria tan abrumadora como la que armó y echó a andar el gobierno y sus aliados. Una campaña que, las más de las veces, ha carecido del nivel mínimo de decoro para que la dignidad ciudadana no sufriera menoscabo. Nunca se han manejado, a veces groseramente, tantas medias verdades y mentiras.
Es la recta final, y será difícil alcanzar la lucidez, seguridad y conocimiento responsable de lo que se quiere, para que el 28 de septiembre no cometamos la peor insensatez de nuestra historia.
OPINIONES 







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