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Flor y Felisa, ejemplos de la lucha contra el olvido de los crímenes del franquismo

La búsqueda de justicia une las historias de dos incansables y valientes mujeres: Flor Díaz y Felisa Echegoyen, víctimas de crímenes cometidos durante la dictadura franquista. En 1974, con 26 años, Felisa fue detenida y torturada por Juan Antonio González Pacheco, alias 'Billy el Niño'; mientras que Flor lleva más de una década intentando averiguar qué pasó con su hermano, un bebé robado que nació en 1967. Aunque sus historias son diferentes, comparten la impunidad de los autores de esos crímenes y el silencio de una justicia, que además de obviar sus voces, se dedica a poner trabas a la jueza María Servini, que ha abierto en Argentina la única causa que investiga los crímenes del franquismo, causa en la que ambas son querellantes.

Flor y Felisa, ejemplos de la lucha contra el olvido de los crímenes del franquismo
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Más de 40 años después de la muerte del dictador Francisco Franco, las víctimas de aquellos "crímenes de Estado" no sólo no han sido reparadas, sino que ni siquiera han visto sentarse en un banquillo judicial a los presuntos criminales que aún siguen vivos. Pese al silencio judicial, Felisa y Flor aseguran sin titubeos que su lucha por la justicia, la verdad y la reparación, continuará hasta el día de su muerte. A Flor, hermana de un bebé robado, le mueve la memoria de su madre, que murió sin saber lo que ocurrió con su hijo."Me encantaría encontrar a mi hermano, tengo derecho a saber qué paso, y el Estado tiene la obligación de investigar estos crímenes, que no son crímenes políticos sino de lesa humanidad". Felisa, que fue detenida y brutalmente torturada por ‘Billy el Niño’, se muestra firme en sus reivindicaciones. "Quiero que todos los que han sido imputados por la jueza Servini sean llevados ante los tribunales; aquí ni siquiera nos dejan hablar de ello, es como si nos hubieran enterrado vivos. Necesitamos tener acceso a los archivos militares porque tuvimos juicios militares, y hay que abrir un Centro de la Memoria para explicar lo que ocurrió en esa época y lo que realmente significó. Hay que contar las cosas como fueron para que la gente entienda la Historia y para que esto no vuelva a ocurrir".

España es el segundo país del mundo con más desaparecidos forzados, detrás de Camboya. Pese a las numerosas recomendaciones e informes de la ONU y el Consejo de Europa, que reclaman al Estado investigar y reparar, ni siquiera se conoce la cifra oficial de víctimas de la Guerra Civil y el franquismo. Cuesta entender que sean las víctimas y sus familiares quienes hayan tenido que emprender una ardua lucha, mientras tienen que escuchar aquello de que no hay que mirar al pasado sino al futuro, y hay que cerrar estas heridas. ¿Pasar página? Felisa, de 69 años, y Flor, de 54, no pueden olvidar, no se permiten olvidar, mientras no se haga justicia.

"Yo no iba a 'cantar', y sólo pensaba: prefiero morir antes de que estos me maten"

Felisa Echegoyen es una activista madrileña nacida en 1948 en el seno de una familia humilde. Recuerda que "en la escuela, la Iglesia impartía su doctrina: se nos decía que teníamos que llevar una vida ordenada y nos asustaban con historias truculentas y con la amenaza de ir al infierno, si nos desviábamos de las líneas que marcaban. Fue una etapa muy triste y en la que siempre estábamos asustados; no fue una infancia ni una adolescencia cómoda ni fácil".

"A partir de los 60, las mujeres y hombres que no habíamos vivido la Guerra Civil, empezamos a rebelarnos para marcar lo que queríamos que fuera nuestra vida. Empezamos a organizarnos en sindicatos clandestinos, y apareció un importante movimiento de jóvenes obreras y estudiantes, que nos oponíamos a esa dictadura fascista. La dictadura nos impedía pensar, leer, tenía coartado el acceso a la cultura, y nos imponía el modo de vida de la Sección Femenina" (rama femenina de la Falange, que durante el franquismo tuvo el control de la formación de las mujeres para instruirlas y convertirlas en buenas patriotas, buenas cristianas y buenas esposas). "Nosotros surgimos como movimiento comprometido en contra de todo esto y surgieron también muchos partidos al margen del sistema tradicional. Confieso que éramos muy radicales y sectarios, estábamos muy a la izquierda del PSOE y del Partido Comunista de España (PCE), incluso llamábamos traidor al PCE". Cuando habla de "nosotros", Felisa se refiere a la Liga Comunista Revolucionaria (LCR) en la que militó, al igual que hizo, posteriormente, en CCOO y en asociaciones de vecinos que creaban "movimientos más sociales, más generales".

Felisa contrajo matrimonio con su pareja "porque como éramos muy jóvenes, y teníamos un aspecto infantil, como le pasa a Errejón (bromea), siempre nos ponían pegas para alquilar piso, así que nos casamos". Su casa fue, en varias ocasiones, lugar de reunión de miembros de la Liga Comunista Revolucionaria. "Tenían mi casa vigilada, aunque nosotros no lo sabíamos. Creo que el día que entraron, pensaban que habría una reunión del comité local de la LCR, y que habría más gente. Entre nosotros usábamos una coartada cuando pensábamos que podían estar vigilándonos, y yo la usé con un compañero que me llamó, se dio cuenta de que podía haber problemas y se canceló la reunión”.

Era 8 de octubre de 1974. "Mi marido salió de casa por la mañana y fue detenido, así que yo estaba sola en casa cuando llegaron por la tarde ('Billy el Niño' y 4 inspectores de la Brigada Político Social). Llamaron a la puerta, me gritaron que abriera; yo me escondí pero, al momento, tiraron la puerta abajo y entraron. Entonces empezaron a pegarme y me pusieron en la ventana; en ese momento creí que me iban a tirar. Estaba aterrorizada porque si bien 'Billy el Niño' no era un hombre de gran tamaño, imponía y daba miedo. Me llevaron a la Dirección Nacional de Seguridad donde estuve 3 días". Felisa fue detenida junto a su marido y otros 6 compañeros y compañeras. Ella fue acusada de asociación ilícita, y otros compañeros fueron acusados también de propaganda. "A mí no me acusaron de propaganda porque la había quemado y hecho desaparecer".

"Esos 3 días fueron horribles, estaba secuestrada, sin acceso a nada y a expensas de lo que quisieran hacer conmigo. Estaba en la celda el tiempo que me dejaban, aunque apenas podía dormir porque más o menos cada dos horas, de día y de noche, me llevaban a interrogar. También me acuerdo de que nos daban de comer una vez al día, y a veces nos daban algo parecido a la achicoria”.

Los interrogatorios eran tan violentos que terminaron con Felisa en ‘estado de shock’. "Los interrogatorios eran amenazas continuas, insultos, acusaciones y golpes. Me decían continuamente que todos los compañeros habían 'cantado' en mi contra. A 'Billy el Niño le gustaba humillar, y me decía que mi marido me engañaba con otras compañeras y que yo no era nadie; eso, entre porrazo y porrazo. En un momento, estaba tan angustiada que me quería morir. Yo sabía que no iba a cantar, y pensaba que prefería morirme antes de que estos me mataran. Creo que yo misma me provoqué o me surgió un 'estado de shock' que me dejó agarrotada y sin poder moverme, así que a partir de ahí, ya no volvió a interrogarme 'Billy el Niño' sino los policías que hacían de 'buenos. "Cada vez que le veía me entraba un vaivén del torso hacia delante y hacia atrás y mis piernas no dejaban de temblar, así que los propios policías hacían gestos a 'Billy el Niño' para que no entrara en mis interrogatorios, y ya no volvieron a pegarme. Ellos me preguntaban y yo seguí mintiendo. Sabían que había que había quemado la propaganda por la marca que vieron en el suelo, pero yo lo negué todo, dije que no tenía nada que ver con la Liga Comunista Revolucionaria y que esa marca era de unas cartas de mi marido que yo había quemado porque estaba enfadada”.

Felisa recuerda que en la Liga Comunista Revolucionaria se hacían “muchas reuniones para aprender a actuar y comportarnos durante los interrogatorios. Sabíamos que había habido compañeros que habían ‘cantado’, y cuando salían de prisión seguían martirizados y perseguidos, así que ‘cantar’ era un peligro para la persona y para la organización. Yo nunca reprocharé nada a los que confesaron, pero muchos no lo hicimos porque era peor”.

De la Dirección de Seguridad Nacional, Felisa fue llevada al Tribunal de Orden Público para declarar ante el juez. "En el juicio te decían de qué se te acusaba, que en mi caso era de pertenecer a la LCR, y me dijeron que habían encontrado propaganda en el tejado de mi casa. "En casa tenía, por un lado, propaganda de la LCR, que la quemé en el salón esa mañana, con lo que quedó una marca en el suelo, y, por otro lado, propaganda de otros partidos que dejé en el tejado, con la mala suerte de que me vio una vecina, que se chivó a la policía. Yo negué todas las acusaciones, pero entre el chivatazo de mi vecina y la mancha el suelo de casa, era muy evidente".

Tras el juicio, Felisa fue condenada a dos años de cárcel por asociación ilícita, aunque no llegó a entrar en prisión porque se le aplicó, como a sus compañeros, el indulto general que se decretó con motivo de la proclamación de Juan Carlos I como Rey de España. Aunque no cumplió esa condena en prisión, tuvo que pagar una fianza de 25.000 pesetas para salir en libertad provisional hasta que se celebró su juicio. "La pagué con ayuda de familiares, amigos y compañeros y nunca me devolvieron ese dinero, aunque tampoco lo reclamé. No lo hice porque en ese momento sólo quería salir de la cárcel,volver a la clandestinidad, seguir con mi vida y pasar desapercibida".

Para Felisa, la instauración de la democracia fue "una ventana abierta para hacer realidad nuestras reivindicaciones. ¡Podía seguir protestando y militando sin ocultarme!". Desde entonces, ha continuado su labor como activista, y aunque asegura creer "muy poco en la Justicia", ha encontrado un rayo de esperanza en Argentina. "Esta herida no puede cerrarse porque hay mucha gente que ha tenido secuelas físicas y psíquicas, y otros que ni siquiera pudieron rehacer su vida. La ley de Amnistía indulta a los torturadores y asesinos, que han sido amnistiados cuando ni siquiera han sido imputados ni juzgados. Estos crímenes no se pueden mantener en el olvido. No se puede ensalzar la figura de los franquistas, mientras, a nivel social o en el archivo histórico, a los que intentamos resistir de forma no violenta, no sólo no se nos ha hecho justicia, sino que se nos considera delincuentes”.

"A mí no vale un perdón del Estado por los casos de bebés robados, quiero que se investigue"

La historia de Flor Díaz es uno de los miles de casos de bebés robados en nuestro país, durante y después del franquismo. La familia de Flor residía en Donostia, su padre era camionero, y su madre estaba embarazada de su cuarto hijo cuando viajó a la Línea de la Concepción (Cádiz), y dio a luz el 5 de noviembre de 1967. Flor apenas recuerda ese momento porque sólo tenía 5 años. "Mi madre dio a luz en el Hospital Municipal de La Línea; entró sola en el quirófano, atendida por el ginecólogo Abelardo García Balaguer, la durmieron, y cuando se despertó le dijeron que el bebé había nacido muerto. Mi madre les dijo que le había oído llorar al nacer, y entonces le contaron que había muerto al poco de nacer y que ellos se ocupaban de enterrarlo. Mi madre se extrañó e insistió en ver el cadáver de su hijo, pero no se lo enseñaron. Mi abuela insistió tanto que le mostraron el cadáver de un bebé y ella se las arregló para hacerse una foto con él, pero no pudo hacer nada más porque en aquella época no existían las pruebas genéticas".

"Mi madre nunca quiso hablar de aquello, cuando le preguntábamos por el bebé, siempre cambiaba de tema. En 2006 ella falleció y quisimos enterrarla con su hijo, por lo que fuimos al cementerio de San José en La Línea, y el enterrador nos dijo que allí no estaba. Nos enseñó, a mi hermana y a mí, el libro de inhumaciones y no había rastro alguno de mi hermano, por lo que ya empezamos a sospechar y quisimos investigar. Fuimos al Hospital Municipal, donde nos dijeron que buscarían el Legajo de Aborto, pero nunca nos lo han dado, aunque lo hemos pedido 3 veces. En el archivo municipal figuran los datos del parto, la orden de ingreso del 5 de noviembre de 1967, y se dice que dio a luz a un varón, que el parto fue distócico y se necesitó ayuda de ventosa para extraer al bebé, pero no dice en ningún sitio que el bebé estuviera muerto o muriera al poco de nacer. En ese momento, nosotras ya habíamos sido madres, por lo que recordamos la foto de mi abuela. En esa foto se puede ver que el bebé que le enseñaron no era un recién nacido, y menos un recién nacido que hubiera nacido con ventosa, como le dijeron a mi madre, ya que cuando pasa eso, a los niños se les queda la cabeza 'apepinada', y ese bebé tenía la cabeza redondita. Lo que no nos imaginábamos es que aquello era una práctica habitual, me refiero al robo de bebés".

Flor recuerda que en 2010 su historia empezó a salir en los medios de comunicación, por lo que el fiscal de Algeciras abrió diligencias de oficio debido a numerosas denuncias similares. "Denunciamos, pero esa denuncia no se ha movido, ni se ha archivado, ni ha pasado nada, está en algún cajón mientras yo estoy buscando a una persona desaparecida".

La apertura de la causa en Argentina fue "una puerta abierta" para Flor, que asegura que el día que declaró por videoconferencia "fue uno de los más felices". "En España sales en los medios, pero a la hora de la justicia no hay nada más. El doctor Abelardo García Balaguer ha sido imputado, pero no va a ir a declarar, ni siquiera como testigo. Yo no digo que él haya hecho algo, pero creo que como mínimo puede aportar luz a la investigación, ya que hay más de un caso relacionado con él. Hay una impunidad absoluta mientras que las víctimas no tenemos ayuda de ningún tipo. Quiero que se haga justicia por la memoria de mi madre y me encantaría encontrar a mi hermano, porque tenemos derecho a que se investigue después del daño que se ha hecho. Mi madre sufrió en su momento, y eso no se puede cambiar, pero si no investiga y no se cuenta la verdad sobre todo lo que pasó en esa época, esto puede volver a pasar. Necesitamos que se abra la herida para que se pueda curar de verdad".

Flor insiste en que los casos de bebés robados y las torturas y crímenes cometidos durante el franquismo, "no son crímenes políticos; son crímenes de lesa humanidad". "Los responsables de esos crímenes que sigan vivos, deben pagar por lo que hicieron; y de los que hayan muerto, deben aparecer sus nombres y apellidos. A mí no me vale con un perdón del Estado por los niños robados, quiero que se investigue, porque además esto se inició durante el franquismo pero hemos visto cómo hasta los años 90 ha habido más casos, y es importante que salga todo a luz. Si no se investiga, ¿cuáles son las garantías de no repetición? El Estado no puede dejar que las familias investiguemos porque es su obligación, y lo que están haciendo es convertirnos en víctimas por partida doble. No podemos estar en 2017 y que no se haga nada. ¡Qué razón tenía Franco cuando dijo que lo había dejado todo atado y bien atado!", lamenta.

Ambas celebran la apertura de la causa en Argentina, y se muestran felices por haber podido declarar ante la jueza María Servini, algo que no han podido hacer en nuestro país. Juan Antonio González Pacheco, alias 'Billy el Niño' y el ginecólogo Abelardo García Balaguer, han sido imputados y se ha solicitado su extradición para ser interrogados. La Justicia española no sólo se ha negado a llevarlas a cabo, sino que desde la Fiscalía General del Estado se ha dado orden a los fiscales provinciales para oponerse a la investigación en Argentina. Flor y Felisa ven muy difícil que "algún juez español se atreva a investigar, y más después de lo que le pasó al juez Baltasar Garzón". "Lo que pasó aquí con el juez Garzón fue un aviso a navegantes", sostiene Flor.

Por desgracia, casos como los suyos se cuentan por miles en nuestro país, por eso es tan importante la labor de organizaciones como Amnistía Internacional, o plataformas y colectivos de Memoria Histórica y víctimas del franquismo y la Guerra Civil, e incluso partidos políticos que luchan para que puedan encontrar la justicia que merecen. Además, es necesario que la sociedad no olvide y no les olvide porque, tal y como dice Felisa, "la fuerza parlamentaria, que es la que puede cambiar las leyes, debe ir acompañada de la movilización popular; porque sin movilización y sin apoyo de otros países, conseguiremos muy poco. La única forma de conseguir algo es luchar, así que, seguiremos luchando".

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