Ningún sentido tiene ver a toda una presidenta de una comunidad autónoma mojarse tanto ante un pronunciamiento judicial que, no nos engañemos, tiene mucho de carga política. La caída del juez Garzón, que en su día llegó a ser ministro socialista, es un claro rival ideológico para la derecha y el PP en general, y en este partido ha faltado poco más que organizar una fiesta para celebrar la condena contra él.
Pero escuchar a Aguirre, una de las principales dirigentes de este país por la importancia de la región madrileña en el mapa político nacional, poco menos que mofánfose de Garzón, suena cruel y también impropio. "Es un día muy alegre", dijo Aguirre en plena sesión de la Asamblea de Madrid. Pero lo peor vino después, cuando aprovechó el contexto para reírse tanto del juez como de los socialistas, venidos a menos en las urnas: comentó que no sabe "si el juez Garzón va a encabezar la izquierda madrileña y española", teniendo en cuenta "la carencia de liderazgo" que hay en este formación.