
1º. de mayo: un “trabajo decente”
Por: Juan José Huerta
Sábado 3 de mayo de 2008 Cuando el doctor Álvaro Castro Estrada, Subsecretario del Trabajo, Seguridad y Previsión Social, hizo una presentación del proyecto de reforma laboral que esa dependencia había venido preparando, en ocasión del Seminario “Panorama Laboral 2007-
Pues sí, tener un “trabajo decente”, aunque suene un poco naive, es la aspiración primordial de todo trabajador, y se dice rápido y fácil, pero es un objetivo muy difícil de conseguir, aunque no imposible.
Este 1º. de mayo se celebró en el país la fecha emblemática del Día del Trabajo, que debiera ser uno de los más importantes del calendario cívico nacional, pero que ni siquiera es conmemorado apropiadamente por el menguado y dividido movimiento sindical, mientras que el gobierno federal se abstiene de participar activamente en la celebración. Pareciera que el trabajo, factor fundamental de la vida, la producción y el progreso, está situado muy bajo entre las prioridades nacionales.
Los sindicalistas mexicanos, como los que marcharon en diversos puntos de la ciudad de México, se fueron por las consignas generalistas, posiblemente políticamente correctas, pero inefectivas como línea de acción sindical: “la defensa del petróleo, la energía eléctrica y la soberanía alimentaría, y el rechazo a las reformas en materia energética y laboral”. Los líderes convocantes parecieron más bien interesados en defender el statu quo que preserva sus privilegios, su reelección indefinida y amañada y el control sobre sus agremiados, que enfrentar con imaginación la nueva dinámica laboral que transforma el mundo actual, a la vez que pulveriza al factor trabajo.
Del lado oficial, hubo solamente un mensaje del secretario del Trabajo, Javier Lozano Alarcón, preocupado, a su vez, con no agitar demasiado las aguas para no abortar la iniciativa de reforma a
dables. Se ha procurado que las propuestas seleccionadas no impliquen temas altamente controvertidos que pudieran arriesgar el conjunto de las propuestas”.
El proyecto de “Ley Abascal” fue sujeto de fuertes críticas de una parte del movimiento sindical por “legalizar la fragmentación y precarización del trabajo, reafirmar el control del gobierno sobre sindicatos y contratos y reforzar el control de los dirigentes corporativos sobre los contratos” (Armando Rendón Corona, UAM Iztapalapa), pero no cabe duda de que el inmovilismo legal está siendo en fuerte detrimento de las posibilidades de defensa del factor trabajo para disfrutar de un “trabajo decente”, como puede apreciarse fácilmente en los millones de trabajadores mexicanos que sufren contrataciones irregulares y laboran precariamente y sin protección laboral ni de seguridad social, inclusive en dependencias ejecutivas, legislativas y judiciales del gobierno federal, de los estatales y del Distrito Federal (que también practican, cómo no, ahorra dinero, el outsourcing). Los abusos sindicales y las relaciones sindicales simuladas están también a la orden del día.
Así es que, como en la reforma petrolera, y como también habrá de hacerse, pues ya resulta de gran urgencia, en la reforma antimonopolios, es necesario para el movimiento laboral en su más amplio sentido, el que representa el interés de todos los trabajadores no tan sólo de los líderes sindicales, entrar ya a la discusión pública, abierta y transparente de la iniciativa del gobierno en materia laboral, la “Reforma Lozano”, sin demonizarla de antemano, pues el compromiso inicial de todos es que se debe mantener sin cambio el artículo 123 constitucional en cuanto a los derechos individuales y colectivos de los trabajadores: el derecho de huelga, la contratación colectiva y la libertad y autonomía sindical.
Pero, a la vez, otros compromisos deben ser también evidentes:
Si la legislación laboral se va a adaptar a la nueva dinámica del trabajo “flexible”, donde las empresas necesitan contratar y despedir trabajadores de acuerdo a los movimientos de la demanda, para mantener la productividad, es obvio que sería contra el principio de justicia hacerlo con cargo al trabajador. Por lo tanto, se requieren mecanismos efectivos, que la sociedad garantice legalmente, de seguro de desempleo, de recapacitación, de mantenimiento de la antigüedad del trabajador en una “hoja de servicios general”, independientemente de la empresa que lo contrate, de protección continua de seguro médico cuando esté desempleado.
Que la productividad de la producción se oriente también al mejoramiento continuo de los ingresos de los trabajadores.
Reglamentación de la tercerización o outsourcing, para que en la realidad no signifique el escamoteo de los derechos normales del trabajador.
Protección contra abusos en las contrataciones “a prueba”, para que no signifiquen, ni una trampa del empleador para negar un contrato definitivo al trabajador, ni las mañas de éste para exigir un contrato definitivo sin estar preparado para el puesto.
La transparencia de la gestión sindical y de la rendición de cuentas del manejo de cuotas, de la elección directa y secreta de los líderes sindicales y el ejercicio democrático en sus funciones; demostrar su verdadera representatividad al exigir un contrato colectivo y el registro legal.
Estos y otros factores similares son esenciales para que el trabajador pueda tener un “trabajo decente”.
OPINIONES 





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