
Wilson Tapia Villalobos
La culpa original
Entre el volcán Chaitén y la astrónoma Dra. María Teresa Ruiz González, me hicieron pensar en la culpa original. Una relación en que emoción y razón parecen equilibrarse. La astrofísica y una erupción volcánica son capaces de llevarnos a lo que somos. De hacernos retroceder en el tiempo y recordar el legado de los antepasados. Y asumir que en algún momento el genio humano tomó la decisión de dejar todo a la razón y allí ganamos… y perdimos.
El poder de la naturaleza tiene la majestad de llevarnos a nuestra justa dimensión: entes mínimos, ubicados en el confín de una de las millones de galaxias que pueblan el universo. Y la ciencia ayuda a asumir que recién empezamos a deshojar los sutiles pétalos de una rosa plagada de misterios.
La monstruosidad energética de la erupción volcánica de Chaitén o del terremoto de Sichuan, volvieron a plantearnos una inquietud que se ha transformado en esencial. ¿Está agotado el planeta y nos lo hace saber con esa iracundia, que para nosotros siempre es drama? Muchos se apresuraron a ver en estas manifestaciones el resultado de lo que ha hecho
Casi automáticamente, como una expresión cultural más, miramos hacia la culpa original. El ser humano es el responsable de lo que ocurre. Y tenemos que pagar todos por ello. Es el legado de la civilización judeocristiana a la que pertenecemos. Para los católicos, sólo María estuvo preservada de toda mancha. Un tema no menor, que desveló a los teólogos hasta 1854 cuando, con la bula Ineffabilis, el Papa Pío IX proclamó el dogma de
Y porque la cultura es así, un tema religioso, propio de los seguidores de determinada fe y sus dogmas, se coló bajo la epidermis civilizatoria. Hoy, el argumento del daño al planeta es una de las ideologías que se oponen al sistema neoliberal y su economía de mercado. Lo hace desde la culpa original. Porque al final de cuentas, somos todos culpables hasta por haber superpoblado el planeta.
En los días de la erupción del Chaitén asistí a una conferencia de
Esta sensación de culpa pareciera enclaustrarnos en una mirada estrecha. Empezando por quienes la propalan directamente. Frente a la miseria, plantean la solidaridad, la responsabilidad social. Pero, a la vez, impulsan como referente omnímodo el emprendimiento personal, el individualismo. ¿Cómo se puede ser solidario, si la sociedad tiene como objetivo la estructuración del individualismo más feroz?
El verdadero problema no parece estar en la destrucción del mundo. La vida de éste se encuentra regida por leyes que aún no develamos y que, posiblemente, nunca lleguemos a comprender en su infinita complejidad. Nuestra responsabilidad está en asegurar la felicidad humana.
Hoy, la respuesta frente a los desbordes del individualismo se remite sólo a represión. Si el sistema empuja a la competencia sin tregua para mantener un consumismo creciente ¿puede extrañar que los que se sienten desplazados delincan para insertarse o crear su propio ghetto?
Son diversas las voces que se levantan para decirnos que no es posible mantener por más de cuatro o cinco décadas un sistema que, como el actual, consume tal cantidad de energía. Wallerstein lo dijo en la década de los ´90. Y así, las alertas se repiten por todo el mundo.
Las manifestaciones de la naturaleza parecen advertirnos que nuestras acciones tendrán siempre un significado marginal para el transcurrir de
La culpa original no debiera obnubilarnos. La disyuntiva que hoy enfrentamos viene larvándose hace a lo menos ocho mil años. Pareciera estar en nuestras manos crear un futuro. Pero para eso el ser humano tendrá que enfrentarse a su tremenda capacidad con su infinita insignificancia.
OPINIONES 







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