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¿Qué significa el poder?
Opinion - Franco Gamboa Rocabado

¿Qué significa el poder?

24-09-2008
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Franco Gamboa Rocabado

¿Qué significa el poder?

 

22-09-2008    En la mayor parte de la literatura clásica sobre sociología política, desde Max Weber hasta Steven Lukes, el poder es la esencia de toda relación desigual. Todo poder contiene un mandato enunciado en el mismo. Ahora bien, la capacidad y posibilidad de mandar por sí sola es insuficiente. Aquel que tiene el poder quiere ejercerlo, aspira a ser obedecido y por lo tanto no hay poder sin la correspondiente obediencia a éste. Esta obediencia es otro elemento de toda relación desigual y ayuda a describir, junto con el mandato, un contexto concreto en el cual se desenvuelve el poder.

 

Cuando se habla de poder surge de inmediato el problema de la graduación del mismo; es decir, tener poder y utilizar el máximo poder posible. En el poder hay una tendencia que conduce a su constante aumento. Esto existe en las relaciones que se catalogan fácilmente como interindividuales y también en las relaciones que se establecen entre los líderes y las masas. Al interior de la sociedad, el poder se va construyendo a través de las interconexiones de diversos códigos de significaciones que dan sentido a la dominación; por lo tanto, un complemento substancial para el poder son las formas hegemónicas de éste, cuyo propósito central es establecer un equilibrio entre la dictadura-coerción y otros mecanismos de persuasión que podrían desembocar en un aparato de hegemonía, el cual busca instaurarse en la educación, en la cultura y en la vida cotidiana.

 

Cuando se posee poder existe el deseo de que crezca en intensidad y que al hacerlo abarque cada vez más aspectos, que se alimente insistentemente de un mayor número de personas sometidas a las cuales se gobierna y regula. El poder es una función social delegada por la colectividad en personas concretas o en un número variable de ellas pero siempre inferior al del colectivo. Sin embargo, se tiende a olvidar este aspecto y se acentúa, en cambio, el carácter de la desigualdad entre los poseedores del poder y aquellos que están sometidos a él.

 

El poder como función social delegada incorpora también el concepto de hegemonía, que es entendido como una cadena total capaz de abarcar muchas dimensiones de la vida colectiva; la hegemonía es otra dimensión del poder que no llega a constituirse como tal por sí misma, es decir, por la acción omnipotente de las estructuras políticas, ideológicas o económicas. La hegemonía está insuflada por las prácticas concretas de sujetos sociales concretos, estos sujetos son un conjunto de líderes específicos. La apropiación de la noción de liderazgo dentro de la hegemonía sufre una ampliación cuando ésta se extiende hacia una red de ordenadores funcionales del poder en el sistema social. No se podrá considerar, entonces, como líder al individuo aislado sino que, cuando se privilegia la función hegemónica de los líderes, se encuentran otros elementos de cohesión social como aquel bloque de fuerzas donde los medios de comunicación tienen la función de organizar la hegemonía y otras estructuras de dominación.

 

Se puede encontrar poder en cualquier faceta de la actividad humana. Siempre que nos encontremos con una relación desigual marcada por los aspectos del mandato y la obediencia estamos examinando un determinado poder. Siempre que los designios de alguien sean seguidos por un número mayoritario de personas estamos ante una situación de poder, ya sea desde la religión hasta los terrenos del arte y la literatura, desde el deporte hasta la política, desde las organizaciones burocráticas hasta los ámbitos de los medios de comunicación.

 

El poder sirve para ejecutar grandes transformaciones y para orientar grandes emprendimientos. Ordenar desde el poder las actividades de la sociedad e incluso del mundo entero representa un programa realmente ambicioso. Desde esta perspectiva, la actividad política aparece como indisoluble al poder ya que las mayores transformaciones, avances y retrocesos se producen en este campo.

 

Dirigir la sociedad desde las esferas del poder político parece el mayor objetivo posible, empero esto no es del todo cierto. No vamos a negar la evidente importancia del poder político ni tampoco que el poder más que un atributo sea el objetivo a conseguir en el campo político. Las relaciones desiguales ligadas a elementos de mandato y obediencia que afectan a grandes colectividades se pueden dar en otros campos como el económico, social y comunicacional.

 

En algunos casos, incluso un cambio importante fuera del poder estrictamente político puede conducir a transformaciones de todo tipo en otro ámbito como los escenarios gerencial, cultural, religioso y ético. El poder es una construcción social y al mismo tiempo, el origen de toda disputa destructiva, un sino que ninguna sociedad del mundo ha sabido cómo controlar ni tampoco terminar con el poder.

 

Sociólogo político, miembro de Yale World Fellows Program,

franco.gamboa@yale.edu

franco.gamboa@gmail.com

 

 

 

 

 

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