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‘Tom en la granja’: turbias relaciones desencadenan la tragedia
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‘Tom en la granja’: turbias relaciones desencadenan la tragedia

‘Tom en la granja’, del canadiense Michel Marc Bouchard se estrenó en Montreal en 2011. La obra ha sido traducida por primera vez al castellano por Line Connilliere y Gonzalo de Santiago y, durante estos días y bajo la excelente dirección del mexicano Enio Mejía, es estreno absoluto en España en la sala Cuarta Pared. Bajo el mismo título se hizo la película de Xavier Dolan, Premio de la Crítica FIPRESCI en el Festival de Venecia 2013. Con esta, es la quinta vez que una obra de Michel Marc Bouchard es llevada a la gran pantalla.

La pérdida de un ser querido desencadena una tragedia social en todo su entorno familiar y personal que, hasta la fecha, no ha querido, no ha sabido o no ha podido ver la realidad que se esconde detrás de la ficción de la que muy pronto saldrán. Pero no indemnes. La verdad siempre tiene un precio. El juego de ocultar y mostrar, de saber y fingir desconocer afecta a todos y cada uno de los cuatro personajes de esta tragedia rural: Tom (estupendo el atormentado, contenido y poliédrico Gonzalo de Santiago); Agatha, la madre (soberbia Yolanda Ulloa); el hermano de su novio, Francis (violento, brutal, primitivo, extraordinario Alejandro Casaseca), y una amiga y compañera del muerto, Sara, (encarnada por una contundente y convincente Alexandra Fierro).

En síntesis, la historia que se cuenta en ‘Tom en la granja’ es ésta: Tom, un joven ejecutivo de publicidad, homosexual, vive con su novio en la metrópoli. Todo va bien hasta que este muere en un inesperado accidente de moto. Tras el fallecimiento, Tom necesita acercarse al pueblo de su novio para ahuyentar algunos fantasmas. El pequeño pueblo está situado en una apartada zona rural y hasta allí viaja para asistir al funeral y, de paso, conocer a su familia política. Apenas sabe nada de ella, pero la madre y el hermano de su novio aún saben menos de Tom. Ya en la granja, descubre estupefacto el nutrido legado de silencios, engaños, medias verdades y mentiras que tras de sí ha dejado su compañero sentimental. Pero no es solo Tom quien no tiene una visión completa, de conjunto, de quién es verdaderamente su novio, el amigo, el hijo, el hermano, el hombre que acaban de enterrar. Tampoco su familia directa tiene todas las claves para entenderlo. Dadas las circunstancias, una fuerza irreprimible hace que Tom se quede en la granja mucho más tiempo del que él mismo había previsto y su estancia allí, y la aparición de unos diarios de adolescencia, serán el catalizador para que la verdad salga a flote, con la fuerza, la rudeza y el dolor que quizás todos podían intuir.

Dice Michel Marc Bouchard que “Es difícil imaginar lo dura que puede ser una vida construida alrededor de las mentiras y las consecuencias que puede tener aprender a mentir antes de aprender a amar”. Quizás por eso mismo la tragedia vivida sobre el escenario no podía adoptar otra forma de ser contada que la del thriller psicológico y sexual que va adquiriendo una tensión y una consistencia mayores a medida que avanza el montaje hasta terminar con un desenlace inesperado y brutal.

Homosexualidad y homofobia

Esta tragedia rural contemporánea enmarcada en medio de una solitaria, kilométrica, infinita pradera canadiense, envuelta en tristísimos sonidos country, tiene, no obstante, un evidente alcance y resonancia globales. Esa pradera podría estar en mi pueblo de la inmensa llanura manchega, o en el tuyo (andaluz, gallego, catalán o castellano, da lo mismo). Aquí y allí, en España y Canadá, la homosexualidad se esconde, se vive en las catacumbas, se estigmatiza, se desprecia. Más aún, si el entorno donde se da es rural. Allí solo cuenta la supervivencia, la reproducción secular vivida en medio de los ciclos de la naturaleza (cosecha, siembra, poda, recolección…). Todo tiene su lugar, todo tiene su tiempo, su ritmo inalterable, y cualquier perturbación externa es rechazada contundentemente, especialmente si se trata de la homosexualidad. Una situación que dista mucho de ser vista con normalidad, con respeto, como una diferencia más: Todos iguales, todos diferentes…

Pero la llegada de Tom despierta también en su cuñado una vieja ira contra todo lo que rodea la homosexualidad. Él es un macho y Tom una nenaza a quien él obligará a hacer siempre lo que él mande, y cuando haya dudas, no tendrá inconveniente en someterlo imponiendo su fuerza física. Francis, que es muy hombre, no desaprovechará oportunidad para mostrarle frontalmente su rechazo… O quizás no tanto. Al principio de la llegada de Tom a la granja, le dice que “los hombres solo se echan perfume cuando van de boda”. Después de unos días de estancia, es él quien utiliza el perfume de Tom aunque no vaya de boda. Una noche, Tom le pide dormir con él y acariciándole le dice “tú me dirás cuando paro”, como siempre le repite Francis cuando lo somete a vejaciones sadomasoquistas. La mayor, cuando lleva atado a Tom al foso donde depositan los cadáveres y las vacas malheridas para que los lobos acaben con ellas y juega a tirarlo a ese pudridero lleno de gusanos, con olores nauseabundos...

Al mismo tiempo y a ritmo de salsa, Tom y su cuñado llegan a bailar sensualmente, o enzarzarse a golpes (Tom recibe siempre la peor parte, claro…) ante el pronto iracundo del cuñado que quiere mostrar siempre quien manda allí, en esa relación sadomasoquista de dependencia en que convierten su coexistencia. Pero, finalmente, puede que quién mande en la relación no sea Francis.

La inspirada escenografía claustrofóbica con lejanos olores rurales a viejas maderas y toques ecológicos tan de moda, es de Alessio Meloni. En una sala-cocina, con las paredes hechas a base de pequeñas y resquebrajadas tablas, se desarrolla la acción. En ella solo hay una gran mesa con tres taburetes. A la derecha del espectador, la habitación del hijo fallecido con un camastro hecho de paja, y cuyas sábanas cambia la madre viuda, cada mes, aunque no se utilicen. En la pared, espejos. Este salón también servirá de cementerio... Un cementerio que sigue esperando la visita de unos, los vivos, que más pronto o más tarde, acabarán siendo los muertos.

‘Tom en la granja’

Autor: Michel Marc Bouchard

Traducción: Line Connilliere y Gonzalo de Santiago

Dirección: Enio Mejía

Intérpretes: Yolanda Ulloa, Alejandro Casaseca, Gonzalo de Santiago y Alexandra Fierro

Iluminación: Jesús Almendro

Vestuario: Guadalupe Valero

Maquillaje y peluquería: Jorge Hernández

Espacio sonoro: Nacho Campillo y Jacobo Aguirre

Coreografía: Soe Pérez

Ayudante de dirección y regiduría: Manu Báñez

Producción: Pasionarte y Pincheforn Producciones

Sala Cuarta Pared, Madrid

Hasta el 18 de junio de 2016

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