El paquete de medidas que apruebe el Congreso para evitar la recesión de la economía de EEUU debe incluir deducciones fiscales para empresas y particulares, dijo este jueves a un grupo de legisladores el presidente George W. Bush.
El mandatario tiene previsto dar a conocer mañana públicamente su visión sobre este plan, que la economía del país necesita de manera urgente para no caer en la recesión, tal y como dijo este jueves en el Congreso el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke.
Previo a su anuncio de este viernes, Bush mantuvo el jueves una conversación telefónica con varios líderes del Congreso, a los que trasladó su opinión sobre las medidas que se han de poner en marcha para que los consumidores tengan más dinero en su bolsillo, y se pueda reactivar la economía.
Según medios estadounidenses, el jefe de la Casa Blanca se mostró partidario de que haya deducciones fiscales para las empresas y desgravaciones para particulares, así como ayudas económicas para los desempleados y más recursos en cupones para alimentos.
El gobernante no forzará una extensión del plan de recortes de impuestos que puso en marcha en el 2001 y en el 2003, porque se encontraría probablemente con la negativa del Congreso, que está en manos de los demócratas.
Aunque se desconoce la magnitud que tendrán las medidas económicas, la portavoz de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, mencionó que podría ascender a 100.000 millones de dólares.
La portavoz de la Casa Blanca, Dana Perino, dijo este jueves que existe un consenso entre los republicanos y demócratas en el Legislativo acerca de la necesidad de tomar medidas para evitar la recesión económica.
Avanzó que Bush, en su alocución del viernes, no entrará en detalles sobre el contenido del plan, pero sí dirá que debe ser un plan "efectivo, simple y temporal".
El presidente de la Reserva Federal, que este jueves intervino ante el Congreso, también dijo que el paquete de iniciativas debía ser temporal, para no disparar el gasto y agravar el déficit presupuestario.
En las ultimas semanas varias firmas de analistas han mostrado su preocupación por la situación económica en la que se encuentra el país, debido al crecimiento del desempleo, la crisis inmobiliaria, la restricción del crédito y la caída del consumo.
Pero las iniciativas de Bush y Bernanke no tendrán un efecto previsor, sino reparador. El mal ya está hecho. El desempleo se ha disparado hasta el 5%, el consumo se ha reducido y el sector de la construcción atraviesa su peor crisis en 16 años, según se supo el jueves.
Además, bancos como Citigroup y Merrill Lynch han registrado pérdidas millonarias, y los ciudadanos de estados como California, Florida o Michigan, aquejados por la crisis, sufren de manera masiva las ejecuciones de sus hipotecas por no poder pagar las mensualidades.
Según Bernanke, la crisis de las hipotecas puede haber causado un daño hasta ahora de 100.000 millones de dólares, y la cifra sigue subiendo.
De hecho, varios estados del país, entre ellos Michigan, han entrado en recesión, situación que se da, técnicamente, cuando la economía deja de crecer durante tres trimestres consecutivos.
Los economistas del banco de negocios J.P Morgan calculan que Estados Unidos solo creció un uno por ciento en el último trimestre del 2007, muy lejos del 4,9% de los tres meses anteriores.
Mucho peor, Merrill Lynch, Morgan Stanley y Nomura Securities predicen que el conjunto de la economía estadounidense entrará en recesión este año.
Todo ello pinta un panorama desolador para un año electoral que, supuestamente, debía servir al partido gobernante para destacar los logros obtenidos y mirar al futuro.
La reacción de los candidatos demócratas no se ha hecho esperar, y mucho antes de que Bush o Bernanke reaccionaran, anunciaron sus propias iniciativas.
La senadora Hillary Clinton propuso hace unos días un paquete de 70.000 millones de dólares con seguros para desempleados, ayudas para las hipotecas, y beneficios fiscales para aquellas iniciativas que persigan la conservación de energía.
El senador Barack Obama plantea un plan de 75.000 millones de dólares con recortes de impuestos para los trabajadores y un aumento de las prestaciones por desempleo, en tanto que el ex senador John Edwards ofrece un paquete más modesto, de 35.000 millones de dólares, con ayudas para la vivienda y para los desempleados.
Todos coinciden en que en estos momentos es necesarios aumentar el dinero disponible que los ciudadanos tienen en el bolsillo, pero la duda es cómo hacerlo sin disparar el déficit presupuestario y la inflación.
Además, parece claro que la Reserva Federal debe acometer un nuevo recorte en los tipos de interés. Pero, ¿cómo hacerlo sin perjudicar a la inflación, que se encuentra en el 4,1%, el mayor nivel de los últimos 17 años?
El presidente de la Fed dejó claro que, para evitar estos problemas, es necesario que el paquete de medidas fiscales que apruebe el Congreso entre en vigor de manera urgente, para ganar efectividad, pero que sea temporal y no se alargue más allá de doce meses.
Además, Bernanke dejó la puerta abierta a una posible rebaja de los tipos de interés, pero no con la inminencia que esperaban los mercados, que ya han anticipado una decisión para la reunión de la Reserva Federal del 29 y 30 de enero.
Tras escuchar el discurso de Bernanke y sus temores sobre los males que se ciernen sobre la economía, el principal indicador de Wall Street, el Dow Jones de Industriales, se desplomó casi 200 puntos.
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