La incógnita se ha despejado. Y para la nueva época que se avecina en Estados Unidos, con nuevo presidente, España ya tiene claro quién será su embajador:
Jorge Dezcallar. El experto diplomático será nombrado oficialmente por el Consejo de Ministros cuando reciba el plácet de Washington.
Este veterano diplomático, nacido en Palma de Mallorca hace 63 años, tiene una amplia hoja de servicios a distintos Gobiernos españoles desde la época de la Transición. Porque ha pasado por distintas e importantes embajadas, como las de Rabat, Vaticano -a la que renunció al fallecer su mujer-; también estuvo al frente del CESID, anticipo del CNI, y de las relaciones internacionales de la firma Repsol-YPF..
La noticia, que dio en primer lugar 'el confidencial.com', está plenamente confirmada por nosotros y sólo falta el plácet de EEUU, que se espera en breves fechas, ya que el Consejo de ministros lo aprobó en su reunión de hace dos semanas. Sustituye a
Carlos Westendorp, nombrado en 2004, y que a pesar de las malas relaciones entre
Zapatero y
Bush, ha hecho una buena labor.
Este occidentalista convencido, de amplia cultura y saberes en muchas materias, es el que quiere Zapatero también para la ya citada nueva época en Washington, Abogado y diplomático, Jorge Dezcallar Mazarredo nació el 3 de noviembre de 1945 en Palma de Mallorca. Estudió Derecho en la Universidad Complutense. Su ingreso en el Ministerio de Asuntos Exteriores se produjo por oposición en agosto de 1971. Entre 1972 y 1974 estuvo destinado en Polonia, y desde septiembre de 1974 hasta abril de 1978 permaneció en el consulado general de España en Nueva York, en el que ocupó distintos cargos. En abril de 1978 se trasladó a la embajada de Uruguay como consejero de la misma.
En 1981 regresó a España al ser nombrado director de Organismos Técnicos y de Desarrollo. A partir de entonces estuvo destinado en comisión de servicios, primero como vocal asesor del Gabinete de la Presidencia del gobierno, desde abril de 1982, en la época de
Leopoldo Calvo-Sotelo, y posteriormente como vocal asesor en el Departamento de Internacional del mismo gabinete, a partir de enero de 1983, prestando servicio en el palacio de la Moncloa en el ejecutivo presidido por
Felipe González.
Entre 1985 y 1993 desempeñó el cargo de director general de Política Exterior para África y Oriente Medio del Ministerio de Exteriores. Con esta responsabilidad, y gracias a su conocimiento de la situación política en el Próximo Oriente, Dezcallar desempeñó un papel fundamental en la organización de la Conferencia de Paz de Madrid de 1991, en la que el presidente de la ANP,
Yasser Arafat, y el entonces primer ministro israelí, Isaac Rabin, se estrecharon la mano por primera vez en presencia de
George Bush y
Mijaíl Gorbachov, en un encuentro que fue clave para todo el desarrollo posterior del proceso de paz en la región.
En septiembre de 1993 fue sustituido por
Miguel Ángel Moratinos -quien después sería designado enviado especial de la Unión Europea en el Próximo Oriente- al ser nombrado director general de Asuntos Políticos. Desde este cargo fue responsable de las negociaciones con la Unión Europea y representante de España en su Comité Político. En mayo de 1996 fue nombrado embajador en misión especial para la Política Exterior y de Seguridad Común (Pesc).
Un año después (1997),
José María Aznar lo incorporó a la misión de buenos oficios de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) entre
Slobodan Milosevic y la oposición serbia para democratizar el país, al frente de la cual se encontraba el ex presidente del gobierno Felipe González.
Una vez más, su experiencia y sus conocimientos de los problemas del norte de África fueron determinantes para su nombramiento como embajador en Marruecos, el 13 de junio de 1997, en sustitución de
Gabriel Ferrán de Alfaro. En el desempeño de este cargo se encontraba cuando el consejo de ministros del 29 de junio de 2001 lo nombró director del Cesid, en sustitución del general
Javier Calderón, con el rango de secretario de Estado. Se convertía así en el primer civil responsable de los servicios secretos españoles que, en su versión más moderna, se crearon en 1977.
El hecho de haber trabajado mucho y bien con los gobiernos socialistas y populares motivó que su designación fuera recibida con satisfacción por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que destacó su perfil institucional y su talante de hombre de Estado y no de partido, e incluso por Izquierda Unida (IU), que aplaudió la «desmilitarización» de los servicios de inteligencia.