Los sismos son fenómenos naturales impredecibles y nadie pudo pronosticar el que devastó Haití; lo que sí hubiera podido hacerse era reducir sus efectos y la pérdida de vidas a través de la prevención. Pero ese país carece de los recursos económicos, técnicos e institucionales mínimos para emprender estas tareas. “La destrucción causada por este terremoto —afirma la Cepal— agrava una situación desde ya extremadamente precaria en Haití, golpeado por cuatro ciclones en 2008.
Los sismos que azotaron a México en 1985 —la ciudad más poblada del mundo— fueron de una intensidad mayor que el de Haití y sus réplicas; no obstante, el número de víctimas fue muy inferior a las del país caribeño, tanto en términos absolutos como relativos. La población, en especial jóvenes, se organizó para el salvamento, las instituciones del Estado cumplieron sus funciones, se mantuvo la gobernabilidad.
México sufría entonces una severa contracción económica y un fuerte proceso inflacionario, los precios internacionales del petróleo habían caído y resentíamos los efectos de la “Década Perdida para el Desarrollo de América Latina”; sin embargo, se mantuvo la fortaleza del Estado y las instituciones y la capacidad para gobernar en los 3 niveles. La ayuda internacional fluyó y se distribuyó ordenada y oportunamente; es cierto que hubo deshonestidad y clientelismo político de no pocos vivales, pero no se perdió la cohesión de la sociedad; al contrario, la población ofreció numerosas y admirables muestras de solidaridad.
Haití es el país más pobre del continente. Según el Banco Mundial: “Más de la mitad de la población vive con menos de un dólar diario y 78% con menos de dos. Tiene una alta tasa de mortalidad infantil y la prevalencia del VIH en la población de entre 15 y 49 años es considerable”.
El terremoto convirtió en ruinas las endebles construcciones de ese país, segó una enorme cantidad de vidas, dejó a muchas más sin techo y sin sus pobres pertenencias y enlutó a esa pequeña nación y al mundo. Sin embargo, la tragedia dio una dimensión estremecedora a problemas que, a fuerza de ser repetidos, pierden significación.
El primero es la pobreza —tumor canceroso de los países subdesarrollados—, que no sólo entraña hambre, insalubridad y corrosión a lo largo de la vida de las personas, sino la extinción súbita y masiva en casos de desastre. Otro, es la precariedad del Estado y la consecuente ingobernabilidad, que condenan a las víctimas a la peor de las situaciones: hambre, miedo, desesperación, indefensión ante pandillas de maleantes por la ausencia de organización, leyes efectivas y autoridades que las hagan cumplir. Subdesarrollo e ingobernabilidad pueden ser tan letales como las guerras porque multiplican la devastación de las catástrofes naturales y rebajan la condición humana.
Haití nos ha confirmado, con su dolor, que el Estado no es una entelequia hecha para aplastar la libertad individual o adulterar las leyes de oferta y demanda; que el Estado es la sociedad organizada en instituciones, que delega su soberanía en representantes para hacer leyes, gobernantes para aplicarlas y velar por la equidad, la justicia y el desarrollo humano, y jueces para interpretarlas, arbitrar las discrepancias y dictaminar conforme a derecho. El Poder Ejecutivo, uno de los órganos del Estado, organiza, garantiza la seguridad y tutela a los estratos sociales más débiles, custodia y administra el patrimonio de la nación.
El subdesarrollo y la ingobernabilidad magnificaron las secuelas del sismo en Haití. En México, debemos revalorar el sentido humano del crecimiento económico, la generación de empleos, la equidad social, la defensa de los recursos naturales, la fortaleza del Estado democrático en los hechos y no en el discurso, la gobernabilidad.
Por ello no debemos permitir que nos avasallen los cuatro grandes problemas que enfrentamos: la falta de crecimiento económico; la inseguridad; el deterioro de la cohesión social; y la falta de una reforma política verdadera e integral. Atender estos problemas da validez moral a la lucha del Partido Revolucionario Institucional y fueron examinados a conciencia en la pasada reunión de la diputación priista en Veracruz y formarán parte de la próxima agenda legislativa.
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