
Más que un torero, un héroe. 'Frascuelo', con casi 60 años, sigue dando lecciones de torería y clasicismo a los jóvenes.
Un héroe y olé. Ése es Carlos Escolar 'Frascuelo', uno de los adalides del toreo clásico con ribetes de artista... con casi 60 años. Porque no es habitual ejercer la dificilísima profesión de matador de toros a tan provecta edad. Sólo Curro Romero, que se retiró con 62, se atrevió. Pero ‘El Faraón’ era máxima figura y lo hacía sólo por satisfacer una necesidad interior.
La misma que siente Frascuelo, aunque económicamente ande más ajustado y esta otra necesidad también le empuje a jugarse la vida, porque como él señala está “enamoradísimo” de su vocación. Pero, además, admite que no sabe hacer otra cosa para ganarse el pan. Y es que en su historia siempre le acompañó la mala suerte.
El madrileño, tras ser novillero destacado, tomó la alternativa en 1974 con gran proyección. Con su enorme calidad, que no sólo no ha perdido, sino que ahora la adorna de efluvios de aquellos coletudos que sólo podemos disfrutar en las imágenes sepia de las fotografías, iba para gran figura. Pero un corralón en los pulmones, el año 1977 en Bilbao, que lo tuvo a la muerte y del que tardó más de dos años en recuperarse, lo quitó de en medio y cuando reapareció ya le dieron menos sitio en los carteles.
Frascuelo, desmoralizado, se marchó a América donde estuvo varias temporadas y volvió a España ya con 42 años. Desde entonces, sólo Las Ventas le ha ofrecido la ocasión para convertirlo en ídolo local. Pero él no ceja en su empeño de ser figura, A pesar de su edad, porque dice que “el toro no la pregunta” y porque añade que “física y mentalmente” está hecho un chaval.
Ídolo para la afición de Las Ventas
De modo que ante su actuaci´pn de este próximo domingo en la Monumental madrileña, los aficionados dabuten cascabeleen de alegría. Ahí es nada, poder disfrutar una vez más de uno de sus toreros favoritos en Madrid desde hace lustros, Frascuelo’, que a su edad guarda en su ser todas las esencias de la torería antigua.
El veterano coletudo cumple así su obligada cita venteña de cada temporada. Aunque, eso sí, como es habitual, la oportunidad le llega en verano y con una corrida –en este caso la de Murteira- de las que rechazan los mandamases del escalafón por atravesar actualmente un mal momento. Como ha ocurrido en los dos anteriores festejos con las de Hernández Pla y la de Millares.
No obstante, al igual que sus compañeros de tarde, un triunfo, además de ganarle algún contrato en otras plazas, le metería directamente en los carteles de la Feria de Otoño. Y con semejante afán vuelve también a la Monumental madrileña el cordobés José Luis Moreno, quien también es practicante del toreo clásico y que quiere refrendar de una vez los buenos apuntes que ha dejado en anteriores paseíllos aunque le falta el aldabonazo que sería abrir la Puerta Grande.
Completa la terna José María Bejarano, de una larga saga sevillana de coletudos, también oficiante de la ortodoxia, y que por fin logra confirmar la alternativa que tomó hace ya siete largos años.