
Con una alegría incansable, Brasil aceleró sus festejos de carnaval con bailes callejeros y concursos de "escolas de samba", que compiten en costosos desfiles por el codiciado título de campeonas.
Cientos y hasta concentraciones de más de un millón de personas, muchas con coloridos disfraces, danzan día y noche en pueblos y ciudades al son de estruendosos "tríos eléctricos" - escenarios montados en camiones dotados de enormes altavoces.
Río de Janeiro, cuya fiesta se difunde por televisión a todo el mundo, contaba en la noche del domingo con el mayor concurso de escuelas de samba en el "Sambódromo" , una avenida de 700 metros flanqueada de tribunas con capacidad para 70.000 personas.
Un total de 13 escuelas, compuestas por enormes carros alegóricos, cuerpos de baile y baterías, desfilarán durante dos largas noches, en una disputa por el "título" que se extiende hasta el amanecer.
Mientras tanto, decenas de "blocos", o grupos animados por "tríos eléctricos" o bandas de a pie, reunían todo el día a miles de personas por calles y avenidas, mezclándose frenéticos jóvenes y familias con sus niños.
Sao Paulo - la mayor ciudad de América Latina, con unos 20 millones de habitantes en su región metropolitana - realizó en la noche del sábado y madrugada del domingo la primera jornada de su concurso, que quiere competir con el de Río.
"Las personas deben no sólo tener un hijo y plantar un árbol, sino también desfilar en una escuela de samba. Es lo máximo, sensacional", dijo Flávia Mangini, una funcionaria.
Los mayores festejos se extienden al noreste del país, donde destacan los de Salvador y Recife, unas ciudades en las que hasta más de un millón de personas danzan frenéticamente por calles y avenidas en recorridos de hasta 25 kilómetros.
En Salvador, se destaca la presencia del cantautor y ministro de Cultura, Gilberto Gil, que animó los festejos desde su propio escenario móvil, el "Expresso 2222".
Casi desnudos
En el esperado concurso de Río de Janeiro, las escuelas de samba lucharán por destronar a Unidos de Vila Isabel, campeona de 2006, cuando fue cofinanciada por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez.
Las escuelas, que se preparan durante casi todo el año a un coste medio de más de dos millones de dólares cada una, desfilan en el Sambódromo con enormes carros alegóricos, cuerpos de baile lujosamente ataviados, baterías y algunas cimbreantes danzarinas que lucen sus cuerpos casi desnudos.
Cada escuela interpreta un tema, expuesto en el conjunto del colorido y luminoso conjunto, así como en la letra de sus rítmicas canciones.