
Cuerpos que resisten la punta de lanzas y el filo de dagas, golpes letales, acrobacias imposibles..., la verdadera esencia del Kung Fu ha hechizado al público mexicano con un espectáculo representado por los herederos del milenario saber de los monjes guerreros Shaolin, creadores de este arte marcial chino.
Tras las sesiones del viernes y el sábado, la exhibición de fuerza, flexibilidad y poder mental podrá verse por última vez este domingo en el Teatro de la Ciudad de la capital mexicana, como parte de los actos de conmemoración del 35 aniversario del restablecimiento de los lazos diplomáticos entre México y China.
El Kung Fu es un arte marcial que en el pasado estuvo limitada al templo de Shaolin en la provincia de Henam, en el norte de China, pero que últimamente se difunde por el mundo como uno de los principales bienes culturales del gigante asiático.
En una entrevista, el director del espectáculo "Kung Fu de Shaolin", Lu Fuyue, definió esta disciplina, que tiene como base el budismo zen, como una forma de ejercicio a través de movimientos corporales que fortalecen la salud, el espíritu y la moral.
"No importa si es hombre o mujer, cualquier persona puede practicarlo", afirmó Lu, al explicar que los 28 jóvenes chinos que ofrecen el espectáculo en México no son monjes Shaolin aunque asisten al templo a practicar Kung Ku, por lo que se les considera "los discípulos y herederos de esta tradición".
Según el director del espectáculo, que también se presentará en el Zócalo, la principal plaza de la capital de México, en el templo de Shaolin conviven tres tipos de personas: los monjes, la población que acude por su fe religiosa y los jóvenes discípulos que practican el arte marcial.
Estos últimos, apuntó, tienen libertad de decidir si quieren integrarse de forma permanente a la comunidad Shaolín, para lo cual existe un aprendizaje especial.
"En el caso de querer serlo tienen que buscar a un monje que sea su maestro los adopte y los guíe", indicó Lu.
El Kung Fu de Shaolin tiene 702 habilidades o hazañas en las que los ejecutantes aprenden a manejar con maestría la espada, la lanza, el escudo, el sable, la hacha y el látigo.
En sus luchas cuerpo a cuerpo imitan los movimientos de animales como el jaguar, el mono y el águila.
El espectáculo de estos días en el Teatro de la Ciudad corre a cargo de jóvenes de entre 12 y 22 años que se han dedicado durante al menos cinco años a la práctica de las artes marciales.
El Kung Fu duro, también conocido como "Qigong duro", permite que los discípulos de los monjes Shaolin realicen ejecuciones espectaculares como aguantar el dolor de dos puntas de lanza clavadas en el cuello, mientras en su espalda le rompen con un mazo una losa de piedra.
En las funciones también se mostró la pericia con la que jóvenes manejan las lanzas, las espadas, el látigo y los palos para defenderse en enfrentamientos colectivos.
Wen Shujie, uno de los tres maestros del grupo, señaló a Efe que el Kung Fu duro, aquel en el que también se rompen barras metálicas con la cabeza, es sólo para los más grandes, quienes ya han practicado durante más de diez años.
El grupo presente en México, anotó Wen, fue seleccionado directamente de la escuela de Shaolin, que actualmente tiene 6.500 alumnos, 500 de ellos mujeres.
"Realizamos muchos exámenes y elegimos a los mejores", agregó.
Sostuvo que los jóvenes van a un colegio normal y sacan tiempo para practicar cuatro horas de Kung Fu diario, dos por la mañana y dos por la tarde, y no tienen vacaciones de verano.