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El encanto de la oscuridad

14-11-2007 - Gema Lendoiro
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El encanto de la oscuridad

Todo el mundo sabe que las brujas y las hadas se llevan mal y que a las brujas no les gustan nada los niños.

Si después de leer esto ha sonreído, enhorabuena, conserva alma de niño. Si además alguna vez ha contado historias de este tipo a algún hijo, sobrino o hijo de amigo, tiene más papeletas para ser feliz. El próximo  20 de noviembre es el día de la infancia, en la que se conmemora la declaración de los derechos fundamentales de los niños. En tal carta, elaborada por la ONU, nada se dice del derecho de los niños a que se les cuenten cuentos. Y me parece fundamental que esto sea también un derecho.

Elisabetta Gnone (Génova, 1965) no es tan famosa como la Rowling pero escribe cuentos más fantásticos que la inglesa. Acaba de presentar en Madrid la segunda parte de Fairy Oak, las gemelas que viven en un mundo lleno de hadas y brujas. Lo bueno de esta escritora es que reclama una literatura infantil dónde se enseñe a los niños desde su más tierna infancia a distinguir el bien del mal, algo tan necesario para vivir en el mundo de adultos. Su mundo es imaginario, pero a la vez tiene personajes muy reales. Tiene más fans chicas que chicos, por aquello de que las mujeres leen más que los hombres…desde el principio. Pero no se desespera. Propugna una literatura donde se explican muchas cosas pero a su tiempo. Porque, y estoy de acuerdo con ella, “los niños tienen derecho a vivir su infancia por etapas”.

Un niño imaginativo es a veces rechazado por el entorno que le rodea y no debería ser así. Un niño que asegura ver hadas, aparte de ser un cachondo, es imaginativo y la imaginación, especialmente a esas edades, es sinónimo de felicidad y probablemente muy inteligente. Mi ahijado (seis años) cree verdaderamente que yo soy su hada madrina y eso le hace más feliz que miles de cromos de pokémon. Me alegra encontrar una autora fantástica y fantasiosa que entiende y defiende la imaginación de los niños. El secreto de las gemelas (más de 100.000 ejemplares vendidos) es una delicia para ser leída a un niño/a que pone la más absoluta de las atenciones. Porque, no me digan que no, nada comparable al placer de contarle una historia a un público más distinguido y entregado que un niño con ingenuidad. Si hace tiempo que no lo hace, se lo recomiendo, porque, además, las hadas sí existen y hablar de ellas con expertos como los niños, puede mejorar mucho la salud de uno.

El encanto de la oscuridad, Elisabetta Gnone, ed. Marenostrum.