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'Salir del armario', en el Teatro Alcázar de Madrid

Un Francis Veber muy, pero que muy menor menor

13-11-2007 - Emilio Martínez
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Un Francis Veber muy, pero que muy menor menor

Muy lejos de su magnífica 'Cena de los idiotas', el autor francés presenta ahora 'Salir del armario' en un tono muy inferior para lo que podía esperarse de él. Eso sí, la obra gusta y es aplaudida tibiamente.

Nos las prometíamos muy felices al acudir a una nueva obra del magnífico Francis Veber, autor de ese 'bombazo' teatral en todo el mundo, España incluida, de su sensacional 'La cena de los idiotas'. Pero aconteció algo muy habitual en el planeta táurico, que reza así: corrida de expectación, corrida de decepción.

Porque a la salida del madrileño Teatro Alcázar la sensación era muy inferior, demasiado, a las ilusiones previas. Porque un Veber muy lejano con este 'Salir del armario' al de su ya universal 'Cena', nos había dejado decepcionados. Quizás por esas ilusiones iniciales que por la obra en sí, pero también por otras razones.

Porque, en cualquier caso, un tema como el de la homosexualidad, tan en boga, relacionado directamente con la hipocresía de la sociedad, con aparentar y no ser, debería profundizar mucho más, ser más ácido y corrosivo. No limitarse a un conjunto de escenas superficiales que en ningún momento levantan el interés de la obra, que en ningún momento, siquiera, hacen estallar la carcajada rotunda o la sonrisa irónica.

Eso sí, tampoco se cae en el chacabanismo de revista, ni en las exageraciones y tópicos. Hasta ahí podía llegar Verber. Aunque sí en el estereotipo de los personajes-caricaturas. De esa manera, todos la mayoría de los actores -discretos y correctos a secas- lo tienen difícil para sacar adelante sus respectivos trabajos porque parecen no creer demasiado en los seres que representan. Se les admite su esfuerzo,sí, pero poco más.

Con dos excepciones, José Luis Gil, que saca a escena al famosísimo señor Cuesta de 'Aquí no hay quien viva', con su inagotable vis cómica, pero sin quedarse sólo en él y añadiendo un temple dramático y semitrágico en algunos cuadros en los que se desenvuelve con gran acierto también.

Y un gran secundario -por el tipo de papeles que le asignan nunca protagonistas, no por su calidad, que es enorme- del teatro español, Fernando Albizu, que  sí conecta en cada escena con  el público, a base de un medidísimo trabajo cuando es necesario y que se convierte en histriónico -recuerda al gran Antonio Garisa- cuando lo pide el flojo argumento de la función.

Con la sabiduría de JuanJosé Arteche, que dirige la obra intentado sacarla de su electroecenfalograma plano con añadidos visuales tipo película y una buena escenografía y luces, 'Salir del armario'  se queda en una discreta obra. Que gusta, eso sí, y es aplaudida aunque sin exceso ni 'bravos' . Y con buen tirón taquillero, de lo que nos alegramos. Pero en el caso de Francis Veber se esperaba mucho más.