Pesque usted en la red

Eche su anzuelo sobre un pez y descubra algo nuevo

Supermodelo

03-10-2007 - Gema Lendoiro
Enviar a amigo imprimir archivo
Supermodelo

Hay un programa en cuatro que me tiene absolutamente alucinada: Súper Modelo 2007. Es como Gran Hermano pero aquí lo que buscan es elegir una top model que, como todo el mundo sabe, es una aspiración muy difícil y de ahí que exista este casting.

Empecé a verlo hace tres semanas y he de reconocer que me enganchó. Si eso es lo que buscan (me temo que sí) felicidades. Ahora bien, en varios momentos noté cómo me sonrojaba de la vergüenza que me daba.

Lo presenta Judit Mascó. Para mí esta modelo catalana era un ejemplo de persona sensata, con los pies en la tierra y además solidaria. Hasta ahora. Además de las lindezas que suelta por la boca tipo “estas niñas están bajo la espada de Democles”, desde mi punto de vista no dice más que tonterías del tipo “todos sabemos que llegar a ser una súper modelo es un trabajo muy duro”. Bueno, Judit, y consejera-delegada del Banco Santander Central Hispano!! . Pero no me quiero detener en la bella catalana sino en el programa en cuestión. Al margen de ser una soberana estupidez, los profesores (porque esto es una academia) se toman tan en serio a sí mismos que bien pudiera parecer que están impartiendo clases de literatura en la Sorbona. La directora, una mezcla de Cruella de Vil y señorita Rottenmeier, les dice cosas así: “Fulanita, con esa actitud no vas a ser nunca una súper modelo porque no te esfuerzas, no te lo crees…bla, bla, bla” Y la tal fulanita, cual si le estuvieran contando que se ha muerto su madre, se pone a llorar como una Magdalena. Entonces la directora se amilana y le acaricia el pelo diciéndole que es por su bien. Y así todos los días, pero con distintos argumentos y, por supuesto, diferentes chicas. No tiene desperdicio. Una ya no sabe si reír o directamente descojonarse, me van ustedes a perdonar pero es que no encuentro palabra más apropiada para expresarlo. Las niñas, es decir, las modelos, que no pasan de los veintipocos (algunas ni llegan a los 18) son todas una maravilla expresándose de mal. No llegan a decir que desean que se acaben las guerras y que los niños de África no pasen hambre porque no son misses, pero se acercan bastante a ese tipo de comentario chorra.

Hay un profesor (de fotografía) que es francés, que se pasa todas las clases pegando berridos. El glamour parisino se lo debió de olvidar al pasar la Junquera y más bien me recuerda a un macho animal en una berrea. Las niñas lloran mucho con él. Deplorable. Hay otro, que es italiano, que suma idéntica gilipollez. Y también hace llorar a las niñas.

Cuando las regañan me recuerdan a mis sobrinos Javier (seis años) y Jorge (tres y medio) cuando les amenazo con no comprarles más cromos de Pokemon. Los pobres hacen pucheros y claro, me derrito. Como ellas. Sólo que ellas no me derriten, me provocan una gran risa. Y hablando de risa. ¿Cómo es posible que ninguna de ellas no se ría con la cantidad de estupideces que dicen y hacen?. Bueno, será porque están como dijo el otro día la Mascó “absorbidas, bueno, perdón absortas”. A ver Judith, en qué quedamos que a este paso van a quedar hasta absueltas, pero eso sí, con la espada de "Democles" encima.

Pero no se termina aquí la cosa, no, no. Queda el jurado. De Viky Martín Berrocal diré que continúa haciendo gala de su sensatez (falta le hace al programa), pero a su lado se sienta un ser que se llama Daniel El Kun (desconozco si se escribe así). Parece ser que es estilista. AAHHH, ¡mira tú que cosa tan importante!. Dice barbaridades de las niñas que, por supuesto, también quieren llorar, solo que como están en plató hipermaquilladas, se aguantan las ganas. Daniel va vestido como Barbie, pero en chico, de hecho es como un clon de Victoria Beckham. No habla, sienta cátedra. Él es especialista en moda, pero sabe de todo y lo mismo te explica el trasvase Tajo-Segura que las ventajas del cashmere.

Para teminar quiero contarles qué hacen estas niñas durante la semana: aprenden a desfilar, a decir buenos días, buenas tardes y de dónde eres en cuatro idiomas (ya se sabe, las modelos viajan mucho), a hacerle la reverencia a la reina (ya se sabe que la reina va mucho a desfiles), a posar para un fotógrafo y lindezas de todo tipo. Pero ojo, y aquí no me extraña que lloren porque se juegan el tipo. No les han mandado todavía subirse a las ramas de los árboles pero cualquier día. Al tiempo. Yo ya las he visto con una vaquilla, como Gran Prix, pero en lugar de ser de pueblo, son modelos.

Por supuesto, sólo una ganará. Cada semana se nomina a dos y de echa a una. La que se va llora mucho porque “yo sé que valgo pa esto” y la que se queda, llora, pero de emoción “porque me lo currao mu duro y me lo merezco y voy a demostrarlo y bla, bla, bla…bua , un rollo descomunal.

En fin que con estos programas culturales vamos bien. Somos el modelo /(ahí no nos gana nadie) de la supina estupidez. Qué país! Y nos preocupamos por las banderas.