El domingo pasado que hacía tan buen día decidí irme con unos amigos a Pedraza (una conoce Berlín y no ha pisado lo cercano), y qué descubrimiento. Y no lo digo sólo por el pueblo, sino por el sitio donde recalamos para comer. No teníamos ni idea de dónde sentarnos a reponer fuerzas después del paseo (corto pero intenso por el pueblo y si no que se lo pregunten a mi tarjeta VISA que se quedó temblando después de tanta tienda de decoración). Tuvo que ser una amiga mía, Amalia, mexicana!!!! la que nos sugirió un lugar: La Taberna de Antioquía. Y fue todo un acierto. Y como yo soy así de generosa se lo cuento a ustedes para que la próxima vez que vayan a Pedraza tengan un lugar de referencia para disfrutar.
A mí la idea de comer cochinillo, lechal y esas cosas pues no me va mucho, la verdad, tengo un estómago delicadillo, así que al ver la carta colgada en la fachada ya empecé a disfrutar. Antes de contarles la comida les quiero dar detalles de la decoración porque es de premio. El restaurante es una casa antigua de Pedraza totalmente reformada. Con forma diáfana y un techo de aproximadamente veinte metros, todos y cada uno de los detalles están hechos con el mayor de los mimos. Los dueños, el matrimonio formado por Chus Cabezas, atendiendo amablemente el comedor, y Miguel Ángel Fernández en los fogones, descubrieron un buen día la casa y se enamoraron. La reformaron y el seis de enero de 2005 los Reyes Magos cumplieron su deseo y abrieron sus puertas al público con el nombre de la Taberna de Antioquía.
Los amplios ventanales dejan ver la espléndida vista de los montes que rodean Pedraza. Una música relajante apenas perceptible ejerce de bálsamo sobre los comensales y los incita a hablar de manera pausada y bajita, algo muy de agradecer cuando vas a comer fuera y te topas con los inevitables domingueros. Comer ahí es un remanso de paz.
Pero vamos al lío. Para empezar, algo tan saludable como pan con aceite y sal mientras decides qué comer y beber. Y te plantan en la mesa varios tipos de aceite y varios tipos de sal!!!, una de ellas de fabricación propia. Nosotros nos pedimos para compartir una ensalada de lechugas de temporada con jamón de pato, frutos secos y vinagreta de remolacha, croquetitas de salmón ahumado y un foi-gras natural hecho en casa con mini-ensalada y reducción de moscatel. Todo estupendo.
Tienen una variada carta de pescados, los lomitos de rape salteados con navajas en vinagreta de cítricos y verduritas con sushi de pimientos dulces y las vieiras a la plancha sobre arroz en verde, lascas de trufa negra y mantequilla de eneldo, absolutamente recomendables. Pero la carne también está deliciosa, yo me tomé el lomo de buey en dados de cebón a la plancha salteados ligero de boletus y pimientos verdes y rojos. Pero aunque ya no podía más, todavía me atreví con el postre: Dulce de alba, que es un biscuit de almendras entre galletas de amapolas y gelatina de café y amaretto y una foundant de chocolate amargo con coulís de arándanos y maracuyá. Todo, deliciosoDesde luego una buena comida tiene que ir acompañada de una buena bodega. Hasta 150 vinos diferentes, para todos los gustos y bolsillos. Y por si fuera poco, carta de aguas y de infusiones para limpiar el organismo.
Pero, eso sí, lo mejor de todo la atención personalizada de los dueños y el trato exquisito de sus camareros. Inmejorable. Ah, y se puede fumar pero no venden (no pueden) vender tabaco, así que el que fume que vaya provisto de cajetillas.