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ELECTORALISMO ARTÍSTICO

Málaga era una fiesta
22-04-2008 - Daniel Jiménez Palencia
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ELECTORALISMO ARTÍSTICO

Silvia Munt recoge su premio a mejor directora en el Festival de Málaga por su película Pre-textos y dice que el cine español está desprestigiado y arrinconado, y su película, como la mayoría de las otras 12 que se han presentado a la Sección Oficial, cuenta con subvenciones del Ministerio y con financiación de cadenas de televisión públicas y/o privadas. Ivan Ferreiro pone a la venta su disco Mentiroso, mentiroso por internet y argumenta que su música no se oye en la radio y en el último mes le hemos visto u oído al menos una vez al día en al menos uno de los medios de comunicación de mayor difusión nacional bien en su forma tradicional o en su homónimo digital. Carlos Ruiz Zafón vende más de 10 millones de libros y ahora saca otro, El juego del ángel, y habla de una tetralogía abierta a todos los públicos y a todas las lecturas y dice que no es justo que la crítica juzgue su libro porque él ha dado lo mejor de sí.


En el año 2008, en el siglo XXI, vencidas las ideologías y secuestrado el porvenir por la imperiosidad publicitaria del instante, el presente ha de ser por fuerza una carrera para vender más y mejor y más veces y más lejos. Y esa ardua tarea tan común y tan costosa no es una simple consecuencia del arte como objeto sino que está en la raíz misma de sus formas y expresiones. Los hombres del paleolítico no pintaban las paredes de las cuevas por abstracción creativa; las pintaban para atraer los animales hacia ellos y facilitar su caza. Una motivación digna y necesaria, tan respetable como la del trabajador que madruga y aguanta para poder entrar por la tarde en el supermercado y salir de allí con las bolsas llenas. Lo injustificable por deshonesto sería entrevistar esta noche a un hombre del Cromagnon y que nos asegurara que cuando él pintaba lo hacía pensando en la posteridad artística. 

En Málaga, donde hubo un festival de cine que era una fiesta, dos jóvenes sorprendieron con una película igual y diferente a todas las demás. Con sus buenos y malos momentos, con sus buenísimos y malísimos momentos, 8cho citas cuenta lo que todos sabemos sobre el amor, con tal sencillez y elegancia, con talento pero sin pretensiones, como ellos mismos no se cansan de repetir, y, sin embargo, cuando acaba la película tienes la sensación de que el amor no se acaba aunque el amor se acabe y la película se acabe y la fiesta se acabe, el amor no se acaba, a pesar de que el cine español sea una mentira y un cuarto de baño y un chaval joven e inteligente con un apellido grandilocuente que dice cosas inteligentes en medio de gente estúpida que sólo dice cosas estúpidas. Quizá sea porque está en la primera fase de su carrera, de su vida y de su amor, y no tiene nada que reprocharle a nadie, y el mundo entero es una fiesta, una llanura, una cita sin final porque él y ella dicen la verdad, una cita que acaba cuando alguno deja de decirla. Una cita, y todo lo demás es lo de menos.  

La humildad y la rebeldía de los nuevos e inexpertos siempre se enfrenta a la arrogancia y a la desmesura de los viejos y experimentados. Si tu música se compone sin necesidad de estudiar en el conservatorio, si tu película se promociona como cine exclusivamente por y para mujeres arrinconando a la otra mitad de la población que a su pesar ha contribuido a financiar tu trabajo, si tu libro es comida basura para llenar el espacio que habita tu ego, al menos ten la decencia de decirlo, o al menos no pretendas que no lo digamos los demás. No se trata de que guste o no guste, eso nos da igual. Se trata de ser sinceros con uno mismo y con los demás y no dejarse arrastrar por la insistente quejumbre patria. Ser sincero. No con el público ni con el lector ni con el espectador. Con la autenticidad de la obra y con la posteridad que te juzgará. Si una chica te dice que te quiere para siempre sabes que está mintiendo, tú mismo le has dicho muchas veces a esa y a otras chicas que las querrás siempre y aunque lo sentías de veras sabías que estabas mintiendo. Cuando tengas 80 años y sólo puedas coquetear con la muerte sabrás si tu amor fue verdadero o fue una comedia romántica pasajera, sabrás si jugaste con el arte o sólo jugaste a ser un artista.
 
Porque en el mundo del cine, del arte, nunca se sabe, unas veces estás arriba, otras abajo, muchas veces te encumbran y luego te denuestan, sales diariamente en la tele o trabajas diariamente en un bar. En el mundo del cine nada es lo que parece y luego están las fiestas y los premios y las fotos y las revistas y las adolescentes en la puerta de un hotel gritando y llorando y abrazándose cuando pasa por la alfombra roja un actor famoso, una actriz famosa o un tipo cualquiera con pinta de famoso. En el mundo del cine, como en el mundo del fútbol, todo el mundo es humilde y cada vez que abre la boca es para exclamar al resto del mundo pensamientos y expresiones que nunca nadie había escuchado antes en boca de los demás. Visto así, el cine y el mundillo del cine, como el amor o la mala literatura, no dejan de ser una repetición de una repetición de una repetición. De hecho, esta frase es una repetición.

El arte, como el amor, es una sucesión de tensiones y sufrimientos privados que estallan en público en forma de bronca monumental o de orgasmo colectivo. Al principio todo el mundo está contento, esperanzado, enamorado. Pasa el tiempo, termina la proyección de la película, bajas al bar a tomar unas cañas, y todo se convierte en un anuncio mil veces repetido, una carretera larga y recta y una chica y una cerveza y una canción de rock&roll. Nuestra vida es una lucha a muerte por alargar el tiempo del recreo y disminuir el peso de la razón. Tengo que madrugar, tengo que ir a trabajar, tengo que comer fruta y verdura, tengo que ir a casa de mis padres y comportarme como el hijo que nunca han tenido, como el hijo que no soy. O puedo salir esta noche, ligar con una chica maja, divertirnos juntos, y mañana despertarme tarde y salir con mis amigos y comportarme como me dé la gana porque ellos ya saben quién soy yo. Cualquier actitud es una farsa y cualquier actitud es digna. Quién eres tú para decirle nada a nadie. Bebe Fanta Next. Fin del anuncio.

Y todo es porque a estas alturas de la globalización y del neo post modernismo indie pop nadie puede decirnos por qué o por quién hemos de sentir respeto o admiración y todo el mundo quiere decirnos por qué y por quién hemos de sentir respeto y admiración. Un tipo respetable y admirado en el siglo pasado, Ernest Hemingway, cuenta cómo un patrón de garaje adscribió a un joven empleado que trabajaba para Ford la etiqueta de Generación Perdida por no poner demasiado empeño en reparar el vehículo de Gertrude Stein, una mujer paternalista que hizo suya la expresión y la generalizó a toda la tropa de estadounidenses que persiguieron el ideal de vida bohemio en el París de los años 20. Hemingway detestaba esa etiqueta, pero la usó como cita en su primer libro, y la maldijo el resto de su vida. Años más tarde, Bukowsky fue incluido en esa generación por los medios de comunicación cuando la generación que luchaba en los suplementos literarios por hacerse oír era la que comandaban Burroughs y Kerouac. Entonces Charles dijo: Que Hemingway se quede con sus guerras y su valor. Yo tengo otras cosas que me suceden a mí y a todos los que están a mi alrededor. Y así, sucesivamente, decenas de grupos de artistas contemporáneos luchaban contra los artistas extemporáneos y contra sus medios y contra sus miedos y contra los miedos de los medios de su tiempo para consolidarse y definirse como una nueva generación. En la literatura, en el cine o en la música. Del jazz al folk al rock al pop al punk al grunge. Etcétera. La secuencia sólo depende de quién haga la secuencia.

A finales de los años 50, un grupo de críticos con vocación de cineastas escribía en una revista francesa, Cahiers du Cinéma. Los futuros miembros de la Nouvelle Vague tenían en común ideas sobre el cine, pensaban en cine y querían filmar otro cine. Y también sabían mucho de marketing, propaganda y publicidad, pues en Cahiers sólo escribían críticas favorables de las películas que se parecían a las que ellos querían hacer hasta que pudieron hacerlas ellos y entonces sólo hablaron de sus propias películas. Ellos dejaron de hacer críticas y vinieron otros, en Cahiers y en los demás medios, a vilipendiarlos porque no hacían el cine que a ellos les gustaba y los cineastas de la Nueva Ola fueron estrangulados por el monstruo al que dieron de comer. Y sin embargo nunca olvidaremos la carrera a tres de Truffaut ni el paseo elíseo de Godard.

Para entrar en este mundo tan corporativista, tan infantil y tan elitista, y con tan pocos espacios como es el mundo artístico, hay que enterrar unos ídolos y ocupar sus altares subiéndose a los hombros de los nuevos talentos, como se suben unos a hombros de los otros en una pirámide humana. Y arriba del todo, coronado como nuevo rey, sitúas a un artista outsider, bien desconocido bien menospreciado, y afirmas continuar su ética y su estética porque él era un profesional de los pies a la cabeza y tenía un talento único y además era una gran persona. Además. Cómo no. En Málaga se han inventado el Premio Eloy de la Iglesia, un tipo que hizo películas hiperrealistas en los 80, y haciendo trucos de magia se lo han otorgado a Juan Carlos Fresnadillo, director de thrillers y películas de ciencia ficción. La torre ya está levantada, veamos cuánto tardan los demás en tirarla o en erigir una más sólida y más alta con la ayuda de esos otros genios olvidados en una lámpara vieja que esperan con impaciencia que alguien les venga a frotar. 

Un amigo de Hemingway hasta que la vanidad del arte y la vulgaridad de la amistad les separó, el primerizo de su generación, Scott Fitzgerald, escribió: Esto no pretende ser un epigrama; al fin y al cabo, desde una sola ventana se contempla mejor la vida. Y para contradecirse escribió El gran Gatsby. A los demás nos queda saber que vivimos permanentemente contradiciéndonos y luchando por vivir extraordinarios principios y resignándonos a vivir finales ordinarios hasta que nos quedemos quietos y callados y sólo contemos una versión y por eso la publicidad y el arte o el arte de la publicidad, por eso la crítica especializada y la servidumbre mediática, por eso la literatura academicista y la narrativa juvenil, por eso la aristocracia y su alta cultura y la cultura de las masas. Por eso el amor o el sexo, o el sexo y el amor. Asómate tú a tu ventana y dite qué ves.

III. Despegar y aterrizar

Álex y Marga sonríen una vez más y se acercan hasta que se rozan sus abrigos y ese roce les evoca el mar. Marga pregunta: ¿Puedes esconderte en mi mochila mientras facturo mi maleta? Álex sonríe, otra vez, no ha dejado de hacerlo desde que su mirada se ha cruzado con la de Marga, y duda si responder o no. Piensa que es una broma, una forma de hablar. Marga sonríe y ladea la cabeza como sólo sabe hacerlo una mujer que está seduciendo a un hombre. Se levanta de pronto. ¿Vienes o tienes algo mejor que hacer? Álex piensa que es la mujer de su vida y luego piensa que la mujer de su vida no existe y que es un invento de alguna película en la que ocurre lo mismo pero es el hombre el que da ese primer paso, y piensa: Sólo era cuestión de tiempo.

Sólo era cuestión de tiempo, le dice Marga a Álex mientras caminan por la estación. ¿Adónde vamos? Pregunta él. Al aeropuerto. Cojo un vuelo en dos horas. Tenemos que coger un taxi. Pago yo. Álex está siendo arrastrado por Marga y sabe que no puede hacer nada para negarse y sabe que no quiere negarse y que si lo hace sería un arrebato de orgullo pero no de deseo. Cuando toman el taxi ambos saben la edad del otro y el lugar de nacimiento del otro y las obligaciones desechadas por el otro, pero Álex no conoce el destino que esconde el billete de Marga. Sabe, o intuye, que Marga sólo tiene un billete, un billete de ida. 

Durante el trayecto en taxi apenas hablan, Marga saca una libreta y escribe en ella sin dejar que lo vea Álex. Todo esto es muy peliculero ¿no crees? Marga se ofende. ¿No te gusta el cine? Entonces Álex recuerda una escena de una película que acaban de estrenar y que va de citas. Marga también la ha visto. Es una película sencilla, fácil, quizá demasiado. No dice nada nuevo sobre el amor. Álex ironiza: ¿Acaso sabes tú algo nuevo sobre el amor que los demás no sepamos? Chica conoce a chico en un andén y los dos se enamoran y se van de viaje juntos y acaban descubriendo que el amor está en cualquier otra parte.¿Te parece original?

Cuando queda poco más de una hora para que despegue el avión de Marga el taxi llega a la T-4. Álex ayuda al taxista a sacar la maleta. Marga se ha quedado pensativa, quizá dolida, quizá decepcionada. El taxista se va con el dinero de Álex en el bolsillo. Álex y Marga se quedan solos y quietos y callados. Marga le enseña la libreta. Son nombres de chica. No más de 10. ¿Te has acostado con alguna chica que se llame así? Álex niega con la cabeza justo en el momento en que Marga se acerca a él y le besa en una mejilla, y después en la boca. Y después entran juntos en unos lavabos de mujeres dentro del aeropuerto. Y Marga olvida allí la libreta en la que había escrito su nombre no más de 10 veces.

Los dos salen del baño por separado, primero Marga, luego Álex. Por la excitación del momento y las prisas y quizá un inane sentimiento de vergüenza no han mencionado dónde quedarse para encontrarse a la salida, y Marga se ha ido a la derecha y Álex se ha ido a la izquierda y en el aeropuerto hay demasiada gente y demasiado ruido y Álex no sabe el destino de Marga y Marga tampoco sabe su destino, el otro. Los dos se sientan en el suelo y suspiran y piensan en los inicios de las relaciones y en los finales de las relaciones, y en las esperanzas y en los miedos y en los deseos y en las obligaciones, y en lo excepcionalmente corrientes que son nuestras vidas y nuestras relaciones, y en lo excepcionales que nos hacen sentir, a pesar de todo.

A. Marga mira por uno de los ventanales del aeropuerto y observa el despegue de un avión de la misma compañía que su vuelo y piensa en Álex y en su destino y en el nombre del pueblo donde dormirá esa noche . Mira la hora. Con el billete en la mano sale corriendo hacia la zona de embarque.

B. Álex mira por uno de los ventanales del aeropuerto y observa el aterrizaje de un avión y piensa en Marga y en su trabajo y en el nombre de su antigua novia, tan parecido y tan diferente al de ella. Mira la hora. Vuelve al baño, recoge la libreta y se sienta en un banco enfrente de la puerta.


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