MONTECRISTO
Concepto y características de la marca:
Montecristo es una de las marcas más conocidas de Habanos en todo el mundo. Se podría considerar que Montecristo es la referencia por la que se miden los demás Habanos. Es, también, el principal referente y punto de comparación cuando se juzga o se evalúa una nueva vitola o marca, especialmente si se suponen de gran potencia.
Montecristo es el gran clásico y, probablemente, la marca con más solera del mercado, la que menos variaciones ha sufrido en los últimos años y una de las más conocidas en todo el mundo.
Como características generales, Montecristo siempre ha sido considerada como una marca potente y recia, de gran fortaleza y con gran aroma y sabor, además de garantía de calidad y constancia.
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La gama productos de Montecristo, inicialmente compuesta únicamente por las vitolas numeradas del 1 al 5, se fue completando progresivamente para incorporar una oferta que cubre todos los gustos de los fumadores más exigentes, desde el majestuoso Montecristo “A” hasta los formatos de menor tamaño.
Calibre grueso (cepo superior a 45)
- Montecristo A: Gran Corona, 235 x 18,65 mm. Cepo 47.
- Edmundo: Edmundo, 135 x 20,64 mm. Cepo 52.
- No. 2: Pirámide, 156 x 20,64 mm. Cepo 52. Figurado.
Calibre medio (cepo entre 40 y 45, ambos inclusive)
- No. 1: Cervantes, 165 x 16,67 mm. Cepo 42.
- Tubos: Corona Grande, 155 x 16,67 mm. Cepo 42.
- No. 3: Corona, 142 x 16,67 mm. Cepo 42.
- No. 4: Mareva, 129 x 16,67 mm. Cepo 42.
- Petit Tubos: Mareva, 129 x 16,67 mm. Cepo 42.
- No. 5: Perla, 102 x 15,87 mm. Cepo 40.
- No. 4 Reserva: Mareva, 129 x 16,67 mm. Cepo 42.
Calibre fino (cepo inferior a 40)
- Especial: Laguito No. 1, 192 x 15,08 mm. Cepo 38.
- Especial No. 2: Laguito No. 2, 152 x 15,08 mm. Cepo 38.
- Joyitas: Laguito No. 3, 115 x 10,32 mm. Cepo 26.
Cata del nuevo Montecristo No 4 Reserva:
Mareva, 129 x 16,67 mm. Cepo 42. Sabor intenso a tabaco, algo amargo y con puntas picantes al principio, pero hacia el final del primer tercio se vuelve más dulzón y aparecen intensos tonos ahumados y amaderados, con fuertes recuerdos tostados y a cuero, que se mantienen hasta el final. Fortaleza medio-fuerte. Tiro muy bueno, con una magnífica construcción, muy firme. Capa de color entre carmelita natural y maduro, brillante y levemente aceitosa, fina y con venas poco marcadas. Presentado en su versión “Reserva”, es decir, elaborado con tabacos que han sido añejados un mínimo de tres años. Esto se nota sobre todo en los colores, texturas y aromas de la capa, especialmente dulzones y achocolatados, y en el sabor y aroma de la fumada, mucho más sabrosa, penetrante y aromática que la del No. 4 tradicional. Combustión muy buena, muy pareja y homogénea durante toda la fumada. Ceniza de color gris claro veteada de gris medio, compacta, lo que denota un excelente torcido. Aroma intenso a tabaco, algo seco, con recuerdos tostados y ahumados, que llegan acompañados de notas dulces y muy ligeramente pungentes. Cigarro elaborado totalmente a mano, presentado en cajón de lujo especial de 20 unidades, sin prensar, específico para las Reservas, que va lacado en negro y con una franja que representa las cenefas de los envases habilitados tradicionales.
Características generales del vitolario Montecristo:
Casi todo el vitolario de Montecristo es un homenaje al cigarro fuerte, recio, bravo y sin concesiones, el tradicional cigarro cubano. De capa carmelita natural o maduro, tendiendo más bien hacia los colores oscuros, en esta marca destacan algunas de las vitolas más fuertes del vitolario cubano (el No. 2 es la Pirámide más fuerte que existe).
La exquisita ligada de los cigarros Montecristo se elabora exclusivamente con hojas seleccionadas procedentes de Vuelta Abajo, la tierra del mejor tabaco del mundo. Su distinguido aroma sigue cautivando tanto a los más experimentados fumadores como a los que se inician en el mundo del Habano. Todas las vitolas de esta marca se elaboran totalmente a mano con tripa larga.
Breve reseña histórica de la marca:
Casi un siglo después de que la novela "El Conde de Montecristo" viera la luz, un asturiano, Alonso Menéndez, registró en 1935 una marca con el nombre de su protagonista: Montecristo. Se dice que la novela de Dumas era una de las lecturas favoritas de los torcedores de las fábricas cubanas, donde al lector de tabaquería se le requería que la leyera con mucha frecuencia. De aquí salió la idea del nombre de la marca, como homenaje a los torcedores y a Alejandro Dumas.
Alonso Menéndez se inició en el sector del tabaco en Cuba, pero adquirió su experiencia en las plantaciones de Florida. A su regreso a Cuba, en 1935, se asoció con José García, otro asturiano, y fundó la sociedad Menéndez, García y Cía., cuya principal marca comercial era Particulares. Mientras se potenciaba la marca Particulares, Montecristo esperaba su oportunidad. En 1936, Alonso Menéndez vendió Particulares a Cifuentes y Cía. Con los beneficios de la venta compró la fábrica H. Upmann, que no pasaba por un buen momento, modernizó la fábrica, estimuló a los torcedores y recuperó el antiguo esplendor de la marca. Fue entonces cuando decidió lanzarse a fondo con Montecristo que acabó superando todas las expectativas iniciales.
EL CIGARRO HABANO HOY EN DÍA
En primer lugar hay que tener muy claro qué es un Habano, es decir, definirlo bien. Para que un cigarro pueda ser considerado un Habano (Denominación de Origen Protegida), debe ser elaborado con genuino tabaco cubano, cosechado en Cuba y que reúna las especificaciones técnicas de calidad marcadas por la Industria cubana del tabaco, y además, debe estar elaborado en Cuba. Por tanto, sólo puede ser Habano un cigarro cubano.
A nivel mundial, es el cigarro por antonomasia, el referente para todos los demás puros que se producen y la obra cumbre de la industria tabaquera, fruto de una tradición de más de 200 años de antigüedad y del profundo conocimiento del tabaco que tiene el tabaquero cubano.
Puede decirse que, por calidad de la materia prima utilizada y por el artesanal sistema de elaboración empleado, más que un simple cigarro se trata de una verdadera obra de arte. No es raro, pues, que en muchos países se utilice la palabra “habano” como un superlativo, cuando alguien se quiere referir, simplemente, a un cigarro que le ha parecido extraordinario.
Las nuevas tendencias del mercado
Últimamente se ha venido observando un cambio importante en las preferencias que demuestra el fumador de cigarros hechos a mano, tanto en relación al mercado español como a los mercados internacionales.
Los consumos, que solían ser mayoritariamente por marcas, y, en casos puntuales, por vitolas (ej. Montecristo No. 4 en España) se han ido concretando y especializando por tipos de vitolas. La tendencia observada actualmente, es hacia los cigarros de tiro muy amplio (calibres gruesos), de fumada más breve (cigarros más cortos), excelente aroma y sabores intensos y cargados de matices. Tal vez sea una reacción provocada por el auge del cigarro y también por el trasvase de ex-fumadores de cigarrillos al mundo del puro, buscando mayor calidad y cierto status, pero manteniendo unas cualidades propias de tiro, combustión, aroma y sabor intensos y brevedad de la fumada.
EL LARGO VIAJE DEL TABACO CUBANO
El tabaco cubano siempre ha sido considerado el mejor tabaco del mundo. Sus características, únicas, no han podido reproducirse en ningún lugar del mundo, ya que la especial combinación de suelo y clima, junto con la experiencia, dedicación y cariño que pone el veguero en su cultivo, dan como fruto una hoja de excelente calidad, gran aroma, magnífica elasticidad y rotunda potencia: un tabaco con personalidad única.
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El cultivo
El cultivo del tabaco es una labor ardua y delicada que requiere experiencia y trabajo en condiciones muy duras. Altas temperaturas, humedad y largas jornadas no impiden que el campesino cubano se entregue al cultivo del tabaco con toda su alma y experiencia, fruto de una larga tradición familiar y de la cultura del tabaco que se vive en Cuba.
Las zonas productoras de Cuba
En Cuba existen cuatro zonas productoras de tabaco: el centro y el oriente de la isla, que se agrupan en la zona llamada Vuelta Arriba. Empezando por la parte más oriental, está la subzona de Oriente, que ocupa zonas de las provincias de Santiago, Holguín, Granma y Ciego de Ávila. Subiendo hacia el centro de la isla llegamos a la subzona de Remedios, repartida por las provincias de Santa Clara, Cienfuegos y Sancti Spíritus. Al sur de La Habana está la zona de Partido, donde se cultiva la mejor capa del mundo. En el extremo occidental de la isla está la provincia de Pinar del Río, con las dos últimas zonas tabaqueras: Semi Vuelta, que abarca las zonas orientales de la provincia, y Vuelta Abajo, la región tabaquera más renombrada del mundo. Vuelta Abajo ocupa gran parte de la zona central, occidental y meridional de la provincia. Es la principal zona productora de tabacos de
calidad de Cuba desde el siglo XIX.
Tipos de cultivo
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En Cuba se cultiva el tabaco de dos formas diferentes, en función del papel que va a desempeñar la hoja. El primer tipo de cultivo, por volumen, es el llamado de sol. Es el único tipo de tabaco representativo del genuino tabaco cubano y produce cuatro de las cinco hojas empleadas en la elaboración de un cigarro (volado, seco, ligero y capote). Se cultiva al sol.
El segundo tipo de cultivo es el llamado tapado. Las hojas de esta planta se destinan exclusivamente a capa y se cultivan en campos tapados con telas blancas que las protegen del sol. Su cultivo es más costoso que el del resto de hojas que intervienen en la elaboración de un cigarro, lo que da una idea de la importancia que tiene la capa.
El semillero
Durante julio y agosto se empiezan a preparar los semilleros, eligiendo terrenos sueltos y bien drenados. En septiembre, se procede a tirar las semillas. La semilla debe ser regada dos veces al día, tras lo cual se tapa el semillero con paja de arroz para proteger las semillas del sol, del viento y de la excesiva perdida de humedad. Tras 45 días de riego, las “posturas” tienen unos 15 ó 20 cm. de altura y están listas para ser transplantadas.
Transplante y crecimiento
El transplante de las posturas se realiza a partir de octubre. El tabaco destinado a tripa y capote se transplanta a las vegas de sol y el tabaco para capa se transplanta a las vegas de tapado. Los próximos 45 ó 50 días las plantas los dedicarán a alcanzar su pleno desarrollo y, mientras tanto, serán visitadas regularmente para realizar distintas labores.
Recolección y tipos de tabaco
Pasados unos 50 días comienza la recolección, un trabajo pesado, lento y delicado. Hay que recoger las hojas una a una, a mano, y en cada visita a una planta sólo se pueden coger dos o tres hojas. La recolección se hace por pisos foliares, ya que la planta madura de abajo hacia arriba. A medida que las hojas van siendo recolectadas, son llevadas a las Casas de Tabaco.
Aquí empieza la diferenciación de los tipos de tabaco. El tabaco de sol, destinado a tripa y capote, proporciona 4 de los 5 tipos de hoja que se utilizan en la elaboración de un cigarro. El tabaco volado es el que proviene de la parte baja o pie de la planta. Se caracteriza por tener muy buena combustibilidad, poco aroma y poca fortaleza. El tabaco seco proviene de la parte central de la planta y se caracteriza por tener más fortaleza y menos combustibilidad que el volado, y por ser el tabaco más aromático de la planta. El capote suele seleccionarse de la zona entre el tabaco seco y el volado. El tabaco ligero proviene de la parte alta de la planta, y se caracteriza por tener más fortaleza que las demás hojas de la planta y, aunque tiene aroma, tiene menos que el seco y es la hoja de menor combustibilidad. Del tabaco tapado proviene la capa.
Del campo a la fábrica
Todas las hojas de tabaco recién cosechadas deben pasar por una serie de procesos naturales antes de poder ser utilizadas. Durante estos procesos tienen lugar una serie de transformaciones químicas en la hoja que modificarán sus propiedades químicas, físicas y organolépticas. El proceso empieza en las Casas de Tabaco o secaderos. Aquí tendrá lugar el secado o curación al aire, al que seguirán primera fermentación, despalillo, clasificación, segunda fermentación, oreo, enterciado o empacado y añejamiento, antes de que las hojas de tabaco vayan a la fábrica.
Curación al aire
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El tabaco cubano se cura de forma natural. El secado es un proceso largo, que exige atención constante, para asegurar que las hojas sequen correctamente, perdiendo hasta el 80 % de su peso. Las hojas recién cortadas se llevan a las casas de tabaco donde se realiza el amarre, atado de las hojas en grupos de dos o tres, que luego se ensartan en una gran barra de madera llamada cuje. Los cujes se van colgado en la parte inferior de la casa de tabaco y se van subiendo hacia el techo a medida que avanza el proceso de secado, que dará a las hojas su color dorado-rojizo.
Primera fermentación
Una vez curadas, las hojas se sueltan y se atan en una gavilla, formada por unas 40 ó 50 hojas, y se llevan a las casas de fermentación. Aquí se colocan en unas pilas o pilones de un metro o más de alto. La humedad aún presente en las hojas desencadena la primera fermentación, que puede durar unos 30 días. Este proceso reduce la presencia de aceites en las hojas que, además, van tomando un color más uniforme antes de pasar al despalillo y clasificación. Durante la fermentación debe ser controlada muy cuidadosamente la temperatura, ya que si llega a superar los 35º C, el pilón debe deshacerse para sacudir y airear las hojas antes de volver a ser apilado.
Despalillo y clasificación
En esta parte del proceso se empieza a clasificar la hoja por clases y grados. Para facilitar su manipulación, las hojas se someten a un proceso de humectación llamado “embetunado”. Las hojas destinadas a tripa y capote se rocían con el líquido resultante de la maceración de los palillos de la hoja de tabaco en agua, el “betún”. Luego se retira la parte más gruesa del nervio, dos tercios para las hojas destinadas a tripa, ya que deben mantener cierta consistencia, y tres cuartas partes en el caso de los capotes, y se clasifican en función del color, la textura, el tipo de hoja, la clase y el grado. Las capas se rocían con agua pura y no con betún, para evitar que se manchen, pero deben ser igualmente humectadas para que permanezcan intactas tras su clasificación. Su despalillo y clasificación final tendrán lugar más tarde, en las fábricas.
Segunda fermentación
Ya clasificadas, se amontonan las hojas formando un pilón mucho mayor, para que aumenten la presión y el calor. La humedad recogida durante la moja, junto con el calor y la presión, dispara la segunda fermentación, que puede durar 90 días, según el tipo de tabaco. Este proceso se repite varias veces, cambiando la posición de las hojas en el pilote, de arriba a abajo o al centro, hasta que la temperatura ya no sube más, indicando que la fermentación ha concluido.
Oreo y enterciado
Tras los rigores de esta segunda fermentación, las hojas deben reposar en parrilleras (oreo) durante unos días. Una vez recuperadas, se envasan en pacas de yute (arpillera), si se trata de hojas para capote o tripa, y en tercios de yagua (hoja de palma) si se trata de hojas para capa.
Añejamiento de la hoja
Las pacas y los tercios se trasladan a almacenes donde reposarán de 9 meses a más de dos años, en función del tipo de tabaco que sea. Durante este tiempo se produce el envejecimiento, que sirve para que el tabaco se vaya asentando y alcance el punto óptimo para ser utilizado. Periódicamente se fumigan los almacenes para evitar la proliferación de insectos y otras plagas. En el almacén, el tabaco está identificado por su variedad, su corte, la vega de procedencia, el año de la cosecha y el tiempo de fermentación, todo lo cual es de suma importancia para garantizar la consistencia de las ligas. Este añejamiento es muy similar a lo que sería el añejamiento en barrica que se da al vino. Las hojas de tabaco ya están listas para abandonar el campo, viajar hacia las fábricas y convertirse en Habanos.
Características del tabaco cubano
El cultivo del tabaco es prácticamente igual en todos los países productores de tabaco para cigarros. Lo que más varía de un lugar a otro es el sistema de secado. En Cuba el secado siempre es al aire y natural. El secado natural mejora la calidad del tabaco resultante aunque tarda más tiempo en llevarse a cabo. El proceso de fermentación presenta variaciones en algunos países, donde se lleva a cabo añadiendo licor o azúcar, con el consiguiente perjuicio para el aroma y el sabor. También existen lugares donde se añaden aromas o sabores artificiales al tabaco. Nada de esto sucede en Cuba, donde el tabaco sigue elaborándose de manera artesanal. Esta es la primera y principal diferencia entre el tabaco cubano y los del resto del mundo. En segundo lugar están las cualidades intrínsecas del tabaco cubano: mayor contenido de azúcares (lo que le da su característico sabor dulzón), menor contenido de nicotina, una combustibilidad que va de media a baja, mayor fortaleza, aroma y sabor y, en suma, una excepcional calidad, no igualada por ningún otro tabaco. Y, en tercer lugar, esta la irrepetible combinación de suelo, clima y experiencia que se da en Cuba.
LA ELABORACIÓN DE UN HABANO
El Habano ha sido reconocido desde los comienzos de la industria tabaquera como el mejor cigarro del mundo. En el s. XVIII se consideraba que el tabaco cubano era el de mejor calidad. La Enciclopedia Británica define al Habano como “el cigarro procedente de Cuba y elaborado con el mejor tabaco del mundo” y, hasta el momento, no ha cambiado su definición. El termino “habano”, viene de la expresión “puro habano”, acuñada en el s. XIX para definir a los puros que venían de La Habana. Hoy es una Denominación de Origen protegida.
La elaboración de tabacos torcidos
La elaboración de los puros, cigarros o tabacos (como llaman al cigarro en Cuba) sigue haciéndose en Cuba como se hacía a mediados del siglo pasado. Han podido cambiar los formatos que estaban en boga, los cajones y los sistemas de conservación, pero la elaboración cubana sigue basándose en lo mismo: el torcedor, la tabla de rolar, la chaveta, la guillotina y el molde. Y decimos “elaboración cubana” porque es la única que sigue haciéndose de forma totalmente artesanal, como hace 150 años.
Preparación de la tripa, el capote y la capa
En la fábrica, el primer paso es la recepción y acondicionamiento de las hojas de tabaco. Se abren las pacas y los tercios y se zafan las hojas, ya que llevan tiempo prensadas. En el caso de las capas, el trato es muy cuidado. La delicadeza de estas hojas requiere cuidados extremos para poder restaurar su flexibilidad antes de someterlas al despalillo, escogida y clasificación, por lo que son sometidas a una moja durante las primeras horas de la mañana. Tras la moja, el sacudidor sacude las gavillas para eliminar el agua sobrante. Luego se llevan a la sala de oreo, donde se cuelgan para que la humedad se distribuya uniformemente. De aquí pasan a la sala de reposo de capa durante un día, para que adquieran la elasticidad necesaria. Tras este reposo van a las despalilladoras, que retiran la vena central o “palillo”, dividiendo la hoja en dos mitades. Luego van a la sala de rezagado.
La fumigación
El tabaco es fumigado con una sustancia totalmente inocua para evitar el desarrollo de hongos e insectos. Esta operación se lleva a cabo cuando llega el tabaco desde las vegas y se repite para todo el tabaco que permanece más de 45 días en la fábrica.
El rezagado
En la sala de rezagado empieza el proceso de selección y control de calidad de la capa, por tamaño, tipo, textura, por color y por aspecto.
La liga o ligada
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El maestro tabaquero es una de las personas más importante a la hora de hacer una ligada. Su misión es elaborar las ligas cada año para mantener una continuidad en cuanto al aroma, sabor y fortaleza de cada vitola. Debe combinar las hojas para que las características de la vitola se mantengan iguales de un año a otro.
Una vez el tabaco se ha clasificado, pasa a la sala de pesaje, donde se miden con total exactitud las cantidades de cada tipo de tabaco que conformarán la liga para cada vitola. Las ligas se forman usando uno o más de los tres tipos de tabaco con que se hace la tripa, combinándolos para que cada vitola tenga sus cualidades. Las cantidades y tipos de tabaco que compongan la liga determinarán las características del Habano, ya que el tabaco volado se utiliza para dar combustibilidad, el seco para dar aroma y el ligero, para dar fortaleza.
El capote, que sirve para mantener la tripa unida, y la capa, que sirve para dar esa presencia y ese acabao perfecto que necesita el cigarro, casi no afectan el sabor y el aroma del puro.
Las cantidades de cada tipo de tabaco necesario para la manufactura de una vitola específica son pesadas exactamente y entregadas a cada torcedor para que elabore una cantidad predeterminada de cigarros de esa vitola, generalmente 50 cigarros o “media rueda”.
El torcido tradicional cubano (Totalmente a mano)
La galera es el corazón de la fábrica de tabacos. Aquí, los torcedores elaboran las diferentes vitolas. Sus únicas herramientas son la tabla, la chaveta, la guillotina, goma vegetal (que no tiene sabor ni olor), la prensa, los moldes y, sobre todo, sus manos, su habilidad y su experiencia. Con las hojas en sus manos, los torcedores empiezan a torcer o enrollar los cigarros. Primero, colocan las hojas adecuadamente para conformar la tripa que se recubre con el capote y se introduce en un molde. Esta especie de cigarro compuesto por tripa y capote se llama bonche. Los moldes se cierran y se colocan en la prensa durante unos 10 minutos por cada lado. Ahora se tiene que colocar la capa perfectamente, recortando la hoja a medida con la chaveta. Entre los tabaqueros cubanos un torcedor hábil y experimentado, se conoce como “julietero”, ya que es el que hace los cigarros más difíciles.
El control de calidad
El control de calidad empieza por la comprobación del tiro en las maquinas de succión que se han instalando en todas las fábricas cubanas a lo largo del 2002. Los bonches se llevan a las máquinas, que se encargan de medir la resistencia que presenta el cigarro al paso del aire, es decir, a la succión. Luego los bonches vuelven al torcedor, que terminará el cigarro con el pase de capa. Una vez finalizado el cigarro, las medias ruedas que ha ido elaborando cada torcedor son seleccionados por el equipo de control de calidad para comprobar tiro, longitud, cepo, peso, torcido y aspecto exterior. Si los cigarros no cumplen las normas establecidas, son rechazados.
El escaparate
De las mesas de los torcedores, los cigarros se trasladan al escaparate, una gran cava, una habitación entera forrada de cedro, y mantenida a la temperatura y la humedad ideales para la conservación de los cigarros: entre 16 y 18º C de temperatura y de 65 al 70 % de humedad relativa. Aquí, los cigarros reposan hasta que pierden la humedad que han ganando durante el torcido. Cuando ya han recuperado sus condiciones ideales, se mandan a la escogida.
La escogida
Los procesos finales están destinados a lograr una presentación impecable del producto. Los tabacos que han superado todos los controles de calidad y han sido aclimatados en el escaparate, son enviados a la sala de escogida donde, en grandes mesas situadas bajo luces blancas, se procede a clasificar los cigarros por colores, tonos y matices. Pueden distinguir unas 70 tonalidades distintas. Un segundo escogedor los coloca en un cajón transitorio, de forma que las tonalidades de los cigarros aparezcan de más oscuro a más claro, de izquierda a derecha. Al mismo tiempo, selecciona la cara frontal de cada cigarro, la que se verá al abrir la caja, y esos cigarros ya no podrán ser cambiados de posición durante el resto del proceso.
Anillado y terminado
Los escogedores mandan los cajones en los que han colocado los cigarros a las anilladoras, que no pueden alterar ni el orden ni la posición de los cigarros. La anilladora vuelca la caja de cigarros y, sin que se muevan, retira de uno en uno los cigarros que tiene que anillar, coloca la anilla en la cara seleccionada, y vuelve a colocarlo en la misma posición en la que lo había dejado el escogedor.
Tras el anillado, las cajas vuelven a la sección de fileteado para proceder al terminado. Aquí se colocan las diferentes habilitaciones que faltan, teniendo en cuenta la marca y la vitola de que se trate, y se terminan las cajas con la colocación del sello de garantía y el cuarto sello.
Han transcurrido años durante todo el proceso pero, finalmente, otra caja de Habanos está lista para poder ser disfrutada.
LAS CASAS DEL HABANO
Corporación Habanos S.A., líder mundial en el mercado de puros “Premium”, comercializa los Habanos tanto en Cuba como en el resto del mundo. Para ello cuenta con una red de distribución exclusiva presente en los cinco continentes, en más de 150 países y una de franquicia “Casas del Habano”, que con un éxito total desde su creación, se consolida con un impresionante desarrollo del negocio y con más de 130 tiendas distribuidas en todo el mundo tanto en los mercados domésticos como en el Duty Free – Travel Retail. Estas lujosas tiendas de habanos se han convertido en el punto de referencia de venta al detalle de todo el mundo.
La Casa del Habano es una marca registrada internacionalmente propiedad de Corporación Habanos S.A.; su diseño y concepto sustentado en el ‘know how’, ha permitido que Habanos S.A. desarrolle una exitosa Cadena Internacional de Franquicias en un breve periodo de tiempo.
Las Casas del Habano en el mundo constituyen un modelo de negocio exitoso. Un amplio número de boutiques para el habano, instauradas con normas y parámetros de identidad establecidos por Habanos S.A., han logrado promover una imagen y un servicio de excelencia en el placer de fumar habanos y el conocimiento de su cultura por los consumidores, con la capacidad de adaptarse a las características y culturas propias de cada país donde funcionan.
En 1990 comienza a operar internacionalmente la primera Casa del Habano en Cancún, México.
A partir de esa fecha y hasta el día de hoy el concepto ha evolucionado. En sus inicios se creó como una tienda especialmente dedicada a la venta de los famosos tabacos de origen cubano bajo sus marcas comerciales mundialmente conocidas. Actualmente, este negocio no solo se dedica a la venta de habanos sino que se caracteriza por una serie de servicios y atención personalizada, distinguidas por la atención tanto a conocedores en el arte de fumar habanos, como a principiantes e interesados en conocer estos productos, su cultura y leyenda.
El éxito del modelo de Las Casas del Habano ha dependido de dos factores fundamentales: por una parte, la sólida plataforma para el desarrollo de este tipo de negocio al detalle, gracias a la actuación de Habanos S.A. como franquiciador y por otra parte, la consecuente actuación de los propios franquiciados: hombres de negocios independientes que, escogidos con impecable rigor, están unidos en la pasión por el habano y gozan de un excelente conocimiento técnico.
Habanos S.A. es una empresa mixta cubana propiedad, a partes iguales, de Cubatabaco, empresa propiedad del Estado cubano, y Altadis, empresa española, fruto de la fusión de Tabacalera y Seita, y adquirida a principios de 2008 por la compañía británica Imperial Tobacco Group. Su objeto social es la comercialización de todos los productos tabaqueros cubanos y de otros productos vinculados a éstos, tanto en Cuba como en el resto del mundo.
Tras el Acuerdo Marco de Asociación establecido con fecha 9 de diciembre de 1999 y una vez finalizados los procesos de revisión pertinentes, Altadis, S.A. formalizó en octubre de 2000 la adquisición del 50% de las acciones de Habanos, S.A. y del 50% de la participación cubana en la Red Internacional de Distribución del Habano.
Habanos, S.A. fue creada en 1994 para acometer la comercialización de tabaco en rama y de todas las marcas de cigarros puros de origen cubano en todos los mercados del mundo. Por tanto, es comercializadora en exclusiva de todas las marcas tabaqueras cubanas así como de las denominaciones de origen. Es la empresa líder mundial en la comercialización de puros Premium y está presente en los cinco continentes e implantada en más de 100 países.
Habanos, S.A. no tiene activos fijos y es propietaria de todos los activos necesarios para la comercialización de los cigarros habanos con marcas mundialmente reconocidas y a través de una red de distribución propia establecida en la mayor parte de los mercados internacionales. Cuenta también con los contratos de suministro a largo plazo en el sector agroindustrial de Cuba encargado de la producción.
Las marcas de Habanos
Cohiba, Montecristo, Hoyo de Monterrey, Quintero, Partagás, Romeo y Julieta, Punch, Bolívar, H Upmann, Fonseca, Vegas Robaina, José L. Piedra, San Cristóbal de la Habana, Trinidad, Cuaba, Vegueros, Quay D' Orsay, La Flor de Cano, Por Larrañaga, Belinda, Cabañas, Ramón Allones, Juan López, Rafael González, Rey del Mundo, Sancho Panza, La Gloria Cubana, Diplomáticos, Saint Luis Rey, Los Statos de Luxe, Gispert, Troya.
Todas ellas se producen en Cuba.
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